Podía verla otra vez, mi amada de cabellera atrayente, sus ojos seguían brillantes, pero no por alegría sino tristeza, se veía mal, se veía destrozada, el brillo en sus ojos no era el mismo, no entendía lo que le ocurría yo solo quería ayudarla, pero ella me daba la espalda.
¿por qué rechaza mi ayuda? Te importo, ¿no? Porque de verdad me importas, tanto que sentía como asfixiabas cada vez mi corazón, lo estrujabas y dejabas sin nada que no fuera tú, apretabas tu parte de nuestro collar, yo observando cómo te ibas, te alejabas para no volver.
- Citrezene.... your fever's gripped me again...
Recuerdo acercarme a ti y darte la vuelta, un abrazo era lo que quizás necesitaras, te abracé con fuerza esperando que al menos tu tristeza se traspasara a mi y yo poder traspasarte toda esa felicidad desbordante que me causabas.
Mis puños ensangrentados intentaban protegerme de tus golpes, cada golpe era más fuerte que el anterior, tu rostro lleno de lagrimas combinadas entre moretones y sangre era lo único que podía observar, tu me odiabas, pero yo no podía hacerlo, mucho menos hacerte daño, todo lo que decía o hacía era por amor, para amarte y que me amaras.
¡Quédate conmigo por favor!
La brisa corría, los árboles danzaban junto al viento, me recordaba a sus suaves movimientos, cuando ella danzaba, los arboles eran quienes bailaban junto a ella, su cabello le seguía el paso moviéndose mágicamente, el sol filtrándose por las hojas la hacía brillar más de lo que lo hacía normalmente, su color cobre me hacía imaginar que era la reina del fuego, y yo era aquel que ardía en esas llamas que me seducían por su forma, esa figura intensa de sonreírme me terminaba por asesinar, me enloquecía.
Ahora los árboles se veían aburridos, si se movían sería solo para acomodarse en su eterno lugar, Las hojas ya no eran verdes, se tornaban viejas y marrones, el color del cobre, su color. Las risas abundaban el parque, mi hermana revoloteaba por los alrededores, jugando con ramas de los árboles como si fueran espadas, luchaban para salvar a la princesa de su encierro, Lorena solía ser el dragón, las ramas que utilizaba simulaban sus garras, atacando.
Yo solo estaba sentado en una banca mirando a la nada, acariciando mi collar, ese era mi corazón ahora, que se llenaría con mi sangre y lágrimas, quiero dejar todo este lugar, quiero convertirme en polvo y ser restregado por todo el mundo. En pedacitos tal vez no sienta como una estaca me atraviesa el pecho.
Lorena rugía, Lorena acechaba y luego atacaba, luchaba contra el caballero que buscaba a la princesa, el caballero quien le pertenecía ese corazón, el dragón se negaba, pues era su trabajo protegerla, era su trabajo que nadie fuera a tomar ese corazón de oro con diamantes incrustados.
El dragón daba pisoteadas para ahuyentarlo, el caballero no retrocedía, avanzaba más y más, el dragón molesto por su actuar imprudente da el primer ataque, rasguñándole la cara con sus afiladas garras, el caballero cayó al suelo, pero en vez de levantarse solo lloraba.
Fue cuando caí en cuenta que el caballero solo era aquel niño con rasguños en la cara quien lloraba en el suelo, mi hermana asustada lanzó sus ramas al suelo, me levanté de la banca y corrí hacia ella arrodillándome al suelo, fue a abrazarme, escondía su rostro en mi hombro mientras empezaba a sollozar.
- ¡Perdón! ¡Yo... yo no quería hacerle eso! ¡No quiero que me lleven por matar a un niño! – hablaba entre sollozos.
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El Mal De Ojo
SpiritualUn mundo donde los miedos toman forma de sombras, los ojos la culpa, criaturas que dan a tus mentiras, te siguen, te acechan y desean atraparte. Nuestro protagonista observa, no es como si fueran cosas de otro mundo, con ayuda de su compañero, busc...