¡Bueeenaas!¿Cómo están mis acuartelados en plena cuarentena? (?) Yo trabajando, PERO ESCRIBIENDO. Porque nunca soltar los geis 2D.
Me alegra mucho que haya tenido buena recepción el lemon del capítulo anterior! Visto y considerando que es un fanfic bastante tranqui en ese sentido, me deja respirar que haya quedado bien...creo.
Bueno, ahora vamos un poquito a la transición de la siguiente tormenta, porque esto no para.
¡Vamos!
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¿Era normal que para un domingo a las 10 AM aquel sector de la ciudad estuviese tan concurrido? Kageyama no lo sabía y hubiese deseado que la cuestión se mantuviera así, porque él no tenía por costumbre desayunar fuera de su departamento o de la casa de sus padres, mucho menos un domingo.
Sentado en la acera donde el bar de la esquina había organizado unas mesillas, descruzó la pierna izquierda, aguantó un máximo de cinco segundos y volvió a cruzarlas, ahora la derecha. Le dio un último sorbo al café que ya estaba un poco frío mientras escudriñaba la calle lateral, ya un poco ansioso. Él había llegado demasiado temprano, pues él iba a tener que esperar.
Odiaba esperar. No servía para esas cosas.
Y le estallaba la vejiga. Por segunda vez en lo que iba de la mañana, pues ya era el segundo café que ingería. El primero había sido en su departamento, antes de salir.
— Lamento haberte hecho esperar, ¿hace mucho que estás aquí?
Kageyama casi se cae del asiento cuando la voz a sus espaldas lo sobresaltó; la pequeña mesa tembló cuando descruzó otra vez las piernas y le atinó un golpe con la rodilla y ambos, él y el recién llegado, lograron que todo lo que se hallaba sobre ella no colapsara al suelo. Kageyama levantó la mirada y sus ojos se cruzaron con los castaños de Daichi Sawamura, quien lo observaba con la disculpa dibujada en el rostro.
— Lo siento, no quise asustarte.
— Está bien, estaba distraído.
— ¡Kageyama!¿No tienes frío? Corre una brisa bastante fresca.
Un segundo sobresalto lo pasmó en su sitio apenas pudo incorporarse para saludar a Daichi, no porque la voz lo hubiese alterado, sino porque nunca creyó que Daichi fuese acompañado por Sugawara Koushi. De pie a su lado, el antiguo armador de Karasuno estaba cubierto con chaqueta bastante gruesa con la cremallera alta hasta el mentón, sus manos en los bolsillos. En su rostro se veía la felicidad por el reencuentro, las mejillas sonrojadas y una sonrisa ancha de oreja a oreja.
Y el poco valor que Kageyama había logrado reunir para aquello se fue al suelo. Una cosa era exteriorizarle sus problemas a Daichi - cuestión que le había costado bastante decidir, casi un mes de dar vueltas, decidirse, enojarse y volver atrás - y otra muy diferente hacerlo con Sugawara, y no porque no confiase en él, sino porque intuía que el ex armador podía incluso leerle la mente, aterrándolo.
— Buenos días, Sugawara-san. No, no tengo frío.
— Siempre tan formal...
— Traje refuerzos.— otra vez, la mirada de disculpa se hizo notar en el rostro de Daichi, pero al verlo relajado y también alegre al parecer de verlo, se tranquilizó un poco.— ¿Vamos adentro? Yo también tengo un poco de frío.
— No hace frío.
— Estamos viejos ya.— terció Daichi pasándole un brazo por los hombros y obligándolo a ingresar al local.
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Chacal Negro
RomanceLos chacales podían parecer criaturas inofensivas, incluso en algunos aspectos amigables y sociables. Sin embargo, los demás no podían olvidar que aún seguían siendo depredadores y que, orillados a hacerlo, podían volverse peligrosos si veían amenaz...
