5. Do you believe?

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13 de agosto.

Una sonrisa suave pintó el rostro adormilado de Kakyoin. Pese a ser tan temprano, ese era el día del año en el que no sentía pereza alguna. Buscaría los implementos, siempre reservados en una gaveta de la cocina.

-Bienvenidos.

Casi a esa misma hora, a Jotaro se le ocurrió que podría salir a trotar por la playa antes de empezar el día. Usó su ropa de gimnasio sobre su cuerpo recién despertado, decidiendo bañarse al regreso y pasando por la sala, se persignó antes de intentar salir.

Apenas abrió un resquicio la puerta antes de quedarse quieto y atento. Inclinado frente a la puerta, estaba el pelirrojo, encendiendo unas maderitas sobre algo que parecía un plato de barro. Silbaba como quien realiza un proceso casual y, al lograr prender el fuego, un olor penetrante se asomó a la puerta, de donde el americano no dejaba de espiar lo que hacía. Reconoció el olor del incienso, familiar para él por la cantidad de procesiones a las que había asistido.

Cierto, el día que fue a misa con Kakyoin, este le mencionó sobre la festividad japonesa del mes. ¿A qué estaría invocando? ¿a un demonio de la buena suerte? pensó, meneando la cabeza en desaprobatorio silencio. Igualmente, no quiso interrumpir la ceremonia ajena, pues el chico ya empezaba a murmurar en japonés en postura de reflexión. Era mejor bañarse y fingir que no vio nada.

Pero una vez bajo la regadera, entrecerró los ojos. ¿En serio Kakyoin no se había dado cuenta de que abrió la puerta y lo vio? ¿Continuó su oración sin mirarlo? Era normal que el joven dudase después de la broma de bienvenida que le hizo su mayor. Después de todo, era un hombre jocoso e irónico. Pudo haber montado su teatrito de incienso para confundirlo y hacerle creer que de veras se celebraba algo. Luego él saldría como estúpido a preguntarle a sus compañeros y se reirían de su credulidad.

-¿Será posible?-gruñó para sí, chasqueando los labios.

Al volver a la sala, ya vestido, se dio cuenta de que si Kakyoin estaba montándole una broma, estaba esforzándose en esta. El joven se levantaba sobre un banco de apariencia endeble para colgar farolillos de papel floreado en unos ganchos del techo.

-Te vas a caer de eso.

-Soporta hasta 60 kilos, no te preocupes.

-¿Qué?

-O sea alrededor de 133 libras*, creo.

De alguna forma, a Jotaro no le sorprendía que su compañero pesase esa cantidad. Su cuerpo era tan grácil que podía jurar que había visto a Kohaku levantarlo ligeramente cuando se saludaban con un abrazo.

-Pero está temblando.

-Está bien, está bien.-Kakyoin descendió, levantando los brazos al aire-Me descubriste, le estoy cargando diez libras más.

"Así que 147" pensó Jotaro, volviendo a mirarle el cuerpo "Sigue siendo pequeño".

-¿Los cuelgo?

-Si no es molestia.

-Por supuesto que no.-comentó el pelinegro soltando una risotada-No vayas a quebrarte un hueso por jugarme la broma.

-¿Sigues creyendo que te miento?

-Tengo mis dudas.

-¿Por qué no lo buscas en Google?

-Solo sale información breve en inglés. Quién sabe si lo celebran en todo Japón o solo en algún pueblo desconocido de la prefectura de Shan shen long.-se burló.

-Ninguna prefectura se llama Shan shen...

-Ese no es el punto. Además, esta es una ciudad cristiana.

Differences Are Good Bricks To Build Up A House; 「Jotakak AU」Donde viven las historias. Descúbrelo ahora