4. Can't touch this

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"Niño con esteroides" se repitió mentalmente Kakyoin, pero esta vez con un sonrojo en el rostro y encerrado en el cubículo de una de las duchas del gimnasio. 

El sonido de la música exterior se le hacía difuso al oído, pues estaba más concentrado en las gotas de agua tibia que repiqueteaban contra su cuerpo y aumentaban su calor corporal. No soportaba las duchas frías, pero no tenía otra opción si quería salir del baño antes de que las yemas de sus dedos se arrugasen. Cerró abruptamente la llave roja y antes de arrepentirse, entonces la disminución de temperatura lo hizo estremecerse y, lo más importante, bajar el bochorno que le causó semejante espectáculo.

No quería salir y toparse con la mirada de reproche por parte de Kohaku, que había presenciado su estrepitosa caída mientras hacían estiramientos de pilates sobre las bolas de goma. Tan solo por dejar su mirada donde no debía por un segundo de más, se resbaló y frente a todos los concurrentes se dio de cara contra el grass sintético.

Pudo sentir algo su fosa nasal sangrando antes de levantarse a toda prisa y, sin ver las miradas curiosas o burlonas que le seguían, atravesar el incómodo silencio en su camino al baño. Ahora estaba ahí, limpiándose la sangre de su ropa y la vergüenza de la cara.

Él no era el maestro del equilibrio, pero sabía mantenerse en sus ejercicios sin pegarse como en esa ocasión. Pero es que nunca había pasado por las mismas circunstancias que en ese entonces, porque no solía tener a un fornido americano de casi dos metros rondando por un espacio donde solía haber una mayor concurrencia de mujeres. 

Sí, ya lo había visto ejercitándose un par de veces, apreciaba la intensidad con la que tensaba los músculos que trabajaba y le había parecido un buen material para dar un par de miraditas con su compañera. Pero era la primera vez que Jotaro se presentaba con esos shorts, algo más cortos de lo habitual. Y justo en el día que le tocaba entrenar piernas, permitiendo que en cada flexión se remarque la característica que era debilidad de Kakyoin.

-Parecen burbujas, ¿no?-le susurró Kohaku en ese momento, como quien no quiere la cosa-¿Dio no las tenía así?

-Oh, cállate.

Y Kakyoin se había esforzado en hacer sus estiramientos en paz, pero no podía centrarse al ver que Jotaro tenía lo que ambos llamaban entre sí "nalgas de burbuja". Con una mancuerna en cada brazo y por misteriosas casualidades de la vida, dándole la espalda, Jotaro no se cansaba de hacer sentadillas. Bastante accesibles a los ojos del japonés, que bizqueaba en el difícil intento de mantenerse en sus asuntos. Y vaya que no lo logró, pues terminó con la cara en el suelo por mirón. 

Guardó su polera blanca manchada de sangre y se tuvo que vestir únicamente con su campera de gimnasio. Utilizaría la capucha en un intento por pasar desapercibido. Era tan humillante haber cometido semejante descuido; se sintió retroceder a su adolescencia, donde cualquier hombre con algo de atractivo lo dejaba babeando y con un asunto pendiente bajo sus sábanas en la noche. Trataría de caminar derechito a la puerta; se despediría de Kohaku por mensaje, ella lo entendería.

Bolso al hombro y con la mirada en sus pies, concentrándose en sus pisadas, se asomó por fin a la puerta del baño. Coincidentemente, fue detenido por una gran mano en el hombro.

-Kakyoin.-en lo que él salía, Jotaro estaba entrando al baño-Oye, te diste un porrazo feo. ¿Estás bien?

-Sí, sí...-el pelirrojo levantó la vista y mantuvo el gesto de indiferencia más trabajado que podía sacar. Era un poco difícil concentrarse en la cara ajena si llevaba la camiseta adherida a sus pectorales por la transpiración, pero lo logró.

-¿Ya te vas?-señaló el pelinegro, notando que ya se había cambiado.

-La verdad, me pegué un poco fuerte así que me duele la cabeza.

Differences Are Good Bricks To Build Up A House; 「Jotakak AU」Donde viven las historias. Descúbrelo ahora