Los días siguientes a esa nota no fueron ni buenos ni malos, solo fueron. Luego de leerla la cabeza de Amelia estaba llena de preguntas, ¿sería cierto que Damián la extrañaba? Ella lo dudaba, pero en un lugar en lo más profundo de su ser deseaba –necesitaba– que fuera cierto, pero como un acto de magia todas esas preocupaciones se borraban de su cabeza cuando Nicolás estaba a su lado.
–Creo que me gusta Simón –le comentó Lucía sonriendo.
–¿El antipático? –preguntó recogiendo sus lápices del suelo.
–No es antipático. Además, ¿conoces otro Simón?
–Tienes razón. No es antipático. Es desdeñoso. El desdeñoso Simón.
–No es gracioso –sonrió–. Es lindo que vuelvas a hacer bromas, Amelia. Nicolás te hace bien –inevitablemente la pelirroja sonrió ante la mención de su nombre.
Habían pasado algunas semanas desde que aquel chico de ojos oscuros había invadido su vida por completo. Y eso estaba bien para ella. Le agradaba estar con él, sonreír con él, caminar con él. Le gustaba todo solo si era con él. Y eso era demasiado cursi, y también le gustaba que lo fuera. Le gustaba Nicolás.
Esa tarde Lucía compró pizza y vieron un maratón de Harry Potter en la pequeña televisión de Amelia. Su amiga adoraba jugar con su cabello y a ella no le molestaba. De hecho, le gustaba porque no muchas personas eran tan cercanas a ella como Lucía y sabía que ese tipo de amistades solo se conseguían una vez en la vida.
El reloj marcó las 17:30 y ambos celulares sonaron como si hubieran sido programados. Amelia tomó su celular y caminó hasta el balcón sentándose en la barandilla antes de contestar.
–Nicolás.
–Amelia. Te tengo una propuesta que no vas a poder rechazar.
–¿Incluye café?
–Podemos pasar a comprar café si quieres –sonrió.
–Entonces sí.
–Ni te he dicho de que se trata –rió al otro lado de la línea.
–Pero hay café de por medio así que no hay problema.
–Pasamos por ustedes en 10 minutos.
–¿Pasamos?
–Luego entenderás –colgó.
Y no necesito del luego, entendió perfectamente cuando escuchó un grito de emoción adentro del apartamento. Tendrían una cita doble.
Al entrar se encontró a Lucía dando saltos sobre la cama gritando emocionada como una niña pequeña. Si bien ella y Simón no iban al mismo ritmo que Amelia y Nicolás, habían salido unas cuantas veces y era evidente de que había un interés mutuo, aunque Simón era muy reservado. A Amelia no le caía muy bien por esa misma razón, pero Lucía le decía que no le caía bien solo porque eran muy parecidos.
Amelia ponía eso en duda.
–Simón me invitó a salir –cantaba Lucía–. Simón me invito a salir.
–Será una cita doble –hizo una mueca.
–Sí, pero es una cita –se sentó de piernas cruzadas sobre la cama.
Y como si de un cronometro se tratara, a los 10 minutos de haber llamado, ambos chicos se encontraban en su apartamento. Cuando abrió la puerta se encontró con Nicolás que traía un ramo de margaritas en su mano izquierda y un café en la derecha.
Le gustaban las margaritas.
–¿Margaritas? –preguntó sonriendo.
–Me parecen tan frágil y delicadas como tú así que me dije; ¿por qué no?
–Eso es lindo. Y cursi –arrugó la nariz tomando las flores y el café en sus manos. Le dio un sorbo.
–No arruines mis momentos de romanticismo, Amelia -ella rió dejándolos pasar al apartamento.
Buscó un jarrón vacío y lo llenó de agua. Ni siquiera Javier con toda su adoración hacia ella le había regalado margaritas. Le había dado docenas de rosas, eso sí, pero ella odiaba las rosas. Quizá si le hubiese dado margaritas las cosas hubiesen sido distintas. Quizá ella habría aprendido a quererlo.
–¿Amelia? –Lucía la sacó de sus pensamientos.
–¿Sí? –respondió naturalmente como si no hubiese pasado 30 segundos observando aquellas flores.
–¿Nos vamos? –le preguntó y ella asintió.
Llevaban casi una hora en el carro Nicolás y solo él y Simón sabían a dónde iban. Estaban a las afueras del pequeño pueblo donde vivían, a los lados de la carretera lo único que podían verse eran arboles y montañas. En la radio sonaba Come on Eileen, Amelia tarareaba la canción y seguía el ritmo golpeando sus delgados dedos contra el tablero.
–Too-ra-loo-ra too-ra-loo-rye aye. And we can sing just like our fathers –cantó Nicolás al ver que Amelia no se animaba y cuando la miro de reojo ella sonreía.
–Come on Eileen. Oh, I swear what he means. At this moment, you mean everything –continuó ella sonriendo.
Simón y Lucía intercambiaron miradas y se unieron a la canción. Todos cantaban y reían. Ahí en ese momento, Amelia estaba feliz. No tan solo estaba volviendo a sentir, Nicolás la había devuelto a la vida. Y eso era algo que ella jamás encontraría la manera de agradecerle.
Minutos más tarde, Nicolás estacionó el auto entre los arboles. Ya había oscurecido y el frío se hacia presente. Los cuatro bajaron y encendieron unas velas.
Él entrelazó sus dedos con los de Amelia y ambos sintieron un escalofrío. La guío hasta un lago y se sentaron en una banca que había delante de este. Era evidente que el lugar no era visitado hace un tiempo. El pasto estaba bastante alto y algunas plantas se habían enredado en la banca, pero eso no le restaba belleza al lugar, más bien la resaltaba.
Al rededor del lago habían muchísimas piedras grises y dientes de león, había un manzano al otro lado y en una de las ramas se encontraba colgado un columpio. En ese momento por ser de noche, el lugar estaba lleno de luciérnagas. Para ella era perfecto.
–Voy a arriesgarme a decir que te gusta –dijo él.
–Nicolás, este lugar es precioso –susurró mirando la dirección que tomaban la luciérnagas.
–Descubrí el lugar con Simón hace dos años, estaba mucho mas descuidado, hacia mucho no veníamos y queríamos volver, pero esta vez he decidido traerte –lo miró.
–Han decidido traernos –le corrigió sonriendo.
–Sigues arruinando mis momentos románticos –rió.
Ambos se miraron en silencio, Amelia noto que en la oscuridad era imposible diferenciar el iris de la pupila en los ojos de Nicolás. Sus ojos eran la completa oscuridad, te envolvían y era imposible salir de ellos. Y fue ahí cuando se dio cuenta de que su temor se estaba volviendo realidad: se estaba enamorando de Nicolás.
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In my veins
Short Story"Nothing goes as planned. Everything will break. People say goodbye. In their own special way. All that you rely on. And all that you can fake. Will leave you in the morning. But find you in the day." In my veins -Andrew Belle cover por -satan
