Amelia conducía hacia la escuela deseando, por cuarto día consecutivo, no encontrarse a Nicolás.
Podía sonar patético, pero había algo en él que le decía que si se daba la oportunidad de conocerlo tarde o temprano iba sufrir por él. Lastimosamente, ese no era su día de suerte.
Aún no había parqueado su pickup cuando lo vio. Nicolás estaba sentado en las escaleras de la escuela junto a el chico de ojos esmeralda, su sonrisa brillaba mientras hablada de algo o alguien. Su amigo solo estaba sentado allí aparentado que escuchaba mientras se fumaba un cigarrillo.
Amelia se quedo en la camioneta un rato esperando a que el castaño, por fin, se decidiera a entrar, pero eso no ocurrió. Lucía se subió a su lado y le sonrió como siempre lo hacía. Le entregó un café que había pasado a comprar momentos antes a su cafetería favorita. Amaba ese café, pero desde que Damián se había ido ella se rehusaba a regresar a ese lugar.
–¿No estamos ocultando?
–¿Qué cosas dices, Lucía? Claro que no –le dio un sorbo al vaso de papel que tenía en la mano. El sabor era reconfortante.
–Entonces bajemos –abrió la puerta del copiloto.
–¡No! –se estiró rapídamente sobre su amiga y cerro la puerta de golpe.
–¡Ajá! Te ocultas –dio por hecho–. Lia, ese chico no muerde.
–Lo sé –dijo mordiendo su labio inferior nerviosamente.
–¿Entonces? –la pelirroja no dijo nada y tomó un sorbo de café.
No podía ocultarse para siempre.
Abrió la puerta y saltó fuera de la camioneta colgándose la mochila en su hombro. Lucía entrelazó su brazo con el de ella y cruzaron la calle. Se rehusó a apartar la vista de sus botas, notando que ya estaban bastante usadas y que probablemente no le durarían mucho tiempo más.
Levantó la vista solo un momento y se encontró con que él la miraba con esa sonrisa que podía igualar a la luz de la luna. Su amigo también miraba en su dirección, pero sin mucho interés. Aunque juraría ver una chispa casi invisible en sus ojos cuando se posaron en Lucía. Las miradas de Nicolás y Amelia se cruzaron por menos de un segundo, pero fue suficiente para sentir que el corazón le palpitaba en la garganta.
Subió rápidamente las escaleras para luego desaparecer tras las grandes puertas de madera. No entendía qué le estaba pasando.
En las primeras horas del día no pudo concentrarse en nada, el chico de ojos oscuros abarcaba cada lugar de su mente. A veces, tan solamente a veces, sonreía al recordarlo, pero luego se le llenaba el pecho de culpa y la cara de Damián aparecía en su cabeza como una alarma.
Finalmente la ultima clase del día había llegado, Lucía estaba a su lado hablando con una chica de cabello rubio y labios rojos, parecía simpática. Recostó su cabeza sobre el pupitre y empezó a tararear un canción que había escuchado esa mañana en la radio. Seguía el ritmo golpeando levemente sus dedos contra la madera.
–Landfill –le dijo alguien sentandose a su lado, inmediatamente supo de quién se trataba. Él.
–¿Ah? –preguntó levantando la cabeza. Los ojos de él brillaban.
–La canción que tarareas se llama Landfill.
–Oh. No sabía –esquivó su mirada–. La escuche en la radio esta mañana.
Él sonrió.
–Hola, Amlia. Hasta que por fin nos vemos de nuevo. Empezaba a temer que fueras un invento de mi imaginación –bromeó sacando un cuaderno de su mochila.
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In my veins
Cerita Pendek"Nothing goes as planned. Everything will break. People say goodbye. In their own special way. All that you rely on. And all that you can fake. Will leave you in the morning. But find you in the day." In my veins -Andrew Belle cover por -satan
