Capítulo XI•*¨*•.¸¸☆*・゚•*¨*•.¸¸☆*・゚•*¨*•.¸¸☆*
Pasó al menos una semana desde que habían llegado a Edimburgo y la salud del padre de Hinata estaba mejorando, en parte gracias a los mimos que le proporcionaba su pequeña nieta.
—Abuelito, tú el rojo, yo el verde— Le decía mientras jugaba con él a los carritos, porque la realidad era que la niña detestaba las muñecas.
—Mi pequeña Nyoko, ¿no preferirías jugar al té u otra cosa?— Cuestionó el buen hombre risueño, mientras sus ojos perlados le miraban interrogantes.
—No— Soltó impávida y continuó jugando, mientras los demás reían de sus ocurrencias.
Aquellos días habían transcurrido en completa tranquilidad, Hinata convivió más con su padre y conoció a una parte de su familia, en especial a su primo y la esposa de este, Tenten, una agradable mujer quien de inmediato se hizo amiga de ella, pero no todo era felicidad, pues Hinata temía reencontrarse con Sesshomaru, ya que suponía que él estaría viviendo en esa ciudad, por lo que resuelta regresó a su hogar.
Su madre decidió no acompañarla hasta que Hiashi estuviera completamente sano, y ella tuvo que viajar sola con su pequeña, pero antes de partir, su madre le dejó dos opciones, o revelaba la existencia de Nyoko a Sesshomaru o lo haría ella, en definitiva.
Por lo que muy a su pesar, la ojiperla tuvo que prometerle que lo pensaría.
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De Fort-de-France tuvieron que rodear prácticamente toda la isla de Martinica para llegar a su destino, pero no importaba cuan lejos estaba aquella villa, al fin y al cabo muy pronto estarían frente a frente.
El calor en ese lugar era insoportable, tanto que podía saborearse pero la vista compensaba las altas temperaturas, tenían que admitirlo. Y aunque estaban nerviosos sabían que era necesaria esa visita.
Después de casi dos horas de viaje, afortunadamente ya habían arribado a la casa de Hinata. Observaron aquel pintoresco lugar, tan pequeño y tranquilo, demasiado tranquilo. El Monte Peéle se alzaba frente a sus ojos, revestido de aquella foresta esmeralda que contrastaba con el azul del océano y el cielo.
Salieron del auto y se desplazaron por aquel camino de piedra que conducía a la entrada principal de la vivienda. El sol del atardecer se filtraba entre las hojas de los árboles, los cuales eran mecidos por la suave brisa marina.
Entonces fue que la vieron.
Traía en las manos una charola con una jarra de limonada y varios vasos. Luego de dejarla sobre la mesa de pinic que estaba en el jardín, comenzó una charla con un rubio que se estaba dedicando a preparar el asado, y con una joven pelirrosa quien constantemente reñía al muchacho porque no volteaba la carne a tiempo.
No supieron de que iba aquella platica pero no era importante averiguarlo.
El hombre de ojos negros la miró embelesado, seguía siendo la misma joven a la que tanto había amado y aún, amaba. Su cabello azulino se ondeaba con el viento y ese vestido rosa que llevaba puesto le recordaba a aquella vez en que le pidió ser su esposa.
—¡Hinata!— No se pudo contener ni un minuto más y la llamó en voz alta. Ella giró hacia donde había escuchado su nombre y al reconocer a aquellos visitantes recibió algo parecido a una descarga eléctrica, allí estaban nada más y nada menos que Sasuke y Kagome.
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Nada Personal
Fanfic"No es nada personal" Le dijo al hombre que tenía enfrente, mientras en sus labios dibujaba una mueca de satisfacción. Agradezco a Darki por tan hermosa ilustración para la portada de mi historia. ¡Gracias nena! ¡Me encanto!