Caminé alrededor de 30 minutos y por fin había llegado al lugar en el que sucedían los asesinatos. Me resultaba extraño que era una calle con solamente casas habitadas por personas. Y fue entonces cuando me di cuenta de que cada casa tenía un número, empezando por el 47 por el lado lateral derecho y el 94 por el lado lateral izquierdo. La calle se encontraba a oscuras, solo era alumbrada por una que otra lámpara.
Los números iban disminuyendo de casa en casa, 47, 46, 45, 44, 43, 42, 41, y así sucesivamente. Las únicas opciones que podría tener eran las casas con el número 13 o 10, conforme a lo que tengo en cuenta. Seguí caminando y conforme lo hacía las casa parecían cada vez más abandonadas, hasta llegar a la número 13. Ya me encontraba en un lugar en donde no pegaba mucha luz, y la que alcanzaba a llegar no era de gran ayuda. Tomé el aire suficiente y lo solté en un gran suspiro para disponerme a avanzar hasta la puerta de la casa. Sacudí mi celular activando la linterna y así mejorando mi vista.
Tomé la chapa y la giré lentamente abriendo la puerta. La puerta provocó un rechinido al abrirse lo cual me tensó inmediatamente. Comencé a avanzar hacia el interior de la casa encontrándome con lo que debería de ser la sala, después la cocina, un pasillo y varias puertas a los lados. La primera fue una habitación. La segunda igual. Y la tercera también. Pero esta tenía algo peculiar. Algo que me sorprendió y a la vez me aterró. Al final de la habitación se encontraba Mariana atada de pies y brazos a una silla, y un trapo en la boca así evitándole hablar o emitir algún sonido. Di un paso, dos pasos, tres pasos, cuatro pasos, y me detuve al ver una figura masculina detrás de ella, la cual se le iba acercando lentamente hasta llegar y colocar un cuchillo en su cuello. Aquel objeto reflejaba un brillo debido a la poca de luz que podía traspasar por la ventana y las ya muy desgastadas y transparentes cortinas. Comenzó a ejercer presión en el cuello de Mariana. De a poco miraba como es que comenzaban a salir pequeños chorros de sangre y se desplazaban por su cuello. Gritaba. Gritaba para tratar de pedir piedad pero no le resultaba útil.
Por mi parte, me encontraba paralizada en mi lugar, no podía mover ni una sola parte de mi cuerpo. Estaba en shock. Mi mejor amiga, a la cual conocí hace poco tiempo, y a pesar de ello me apoyó en lo que podía, estaba siendo asesinada frente a mí. Poco a poco comencé a sentir que el aire me faltaba y que mi vista comenzaba a irse. Esto se debía a la cantidad de lágrimas acumuladas en mis ojos amenazando por salir. Mi garganta se hizo nudo al poco tiempo. Quería gritar que se detuviera pero no podía ni siquiera especular una sola palabra. Me dolía ver como es que mi amiga sufría y yo no hacía nada. La estaba torturando. La asesinaba de una forma lenta propinándole un dolor inmenso que se podía apreciar en sus gestos.
Si la iba a asesinar, ¿por qué no lo hacía de una vez por todas?, ¿era necesario hacerla sufrir?. Sé que mataba a personas inocentes solo por diversión... le producía cierta satisfacción. No quería seguir observando aquella escena, pero me era imposible no mirar. Sin notarlo, una lágrima rodó por mi mejilla, y al parecer lo notó. Por lo que se acercó más al reflejo de la luz producida por la luna y pude apreciar una sonrisa. No era aquella sonrisa que tanto me encantaba y me hacía sentir segura. No. Era todo lo contrario. Esta hacía que me estremeciera y me causara escalofríos, una sonrisa cínica. Se alejó de Mariana dejándome apreciar la profunda herida que había dejado en su cuello. Ella lloraba. Sabía que le dolía. El sonido de objetos metálicos hizo que me percatara de lo que estaba haciendo Jimin.
Lo vi acercarse de nuevo a Mariana, esta vez con un cúter. Tomó su cabeza y la alzó con su rostro a su disposición. Abrió uno de sus ojos y acercó el cúter a este. Traté de hablar pero me era imposible. Mi voz no salía por más que quisiera. Escuché un bufido por su parte para que esa sonrisa volviera a aparecer. Alejó el cúter, pero ahora lo acercó a su mejilla y lo clavó en esta haciendo un corte profundo por toda su longitud. Aquel trapo, el cual se encontraba en su boca era presionado por Mariana, sin embargo, ese no era impedimento para no escuchar sus gritos desgarradores salir de su boca. Los chorros de sangre salían sin tener como objetivo alguno, detenerse. Había traspasado su mejilla. Sacó el cúter lentamente y apreció el orificio que había dejado. Mientras tanto solo pude cerrar los ojos y dejar escapar una que otra lágrima. Me dolía el simple hacho de perder a Mariana, pero me dolía más, que muy dentro de mí aún había esperanza de volver a estar juntos, pero eso ya no sería posible, él ya no era el mismo de antes, no era el mismo del que me enamoré. Había cambiado.
Al momento de volver a abrir los ojos lo miré, estaba ahí parado, esperando que abriera los ojos para seguir con su acto. Volvió a elevar su rostro y acercó el cúter. Y sin pudor alguno lo encajó en su ojo izquierdo. La sangre salió sin control cubriendo gran parte de su cara. Sentí nauseas, mi estómago se revolvió, y mi mundo se vino abajo. Terminó por sacar por completo su ojo, cayendo en alguna parte de la habitación. Soltó su rostro y este automáticamente bajó, dejándome apreciar el gran y profundo agujero que había dejado. Mis ganas de vomitar llegaron al instante. Cubrí mi boca con mi mano y tragué lo que amenazaba con salir. Ella aún seguía consciente, podía observar como su pecho subía y bajaba débilmente. Colocó nuevamente el cuchillo sobre la herida que había dejado recientemente en su cuello. Ejerció presión e hizo un corte horizontal por su cuello así quitándole la vida frente a mis ojos. Y entonces habló.
Jimin: Que comience el juego Tn
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NO HAY PEOR PECADO, QUE PROVOCAR LÁGRIMAS EN UNA CARA QUE NOS HA REGALADO SUS MEJORES SONRISAS