Conseguí salir a tumbos del metro debido a el colapso de gente dentro de este. Hoy era Jueves, y aunque no esté muy enterado de los eventos de mi ciudad sé que hoy es un día en el que la gente está alborotada y se revoluciona por llegar a los establecimientos esperando a una buena oferta antes de que el listillo que había llegado primero arrebatara el producto rebajado.
Llegué por fin a la empresa de mi tio, quien al ver mi expediente académico no dudó en enchufarme en su empresa, ya que necesitaba a trabajadores cualificados expertos en la rama de ingeniería, y yo era uno de esos.
Aunque el salario no estaba nada mal, el trabajo no era algo por lo que celebrar cada día. No me paso mucho tiempo en el trabajo, pero lo que paso, lo hago encerrado en una cabina contestando a llamadas o arreglando un enchufe que ha estallado en una habitación. La electricidad en esta empresa es muy compleja y a veces inestable, los gastos por los que se paga por ella son muy escasos, por lo que no me extraña que una luz se funda cada dos por tres.
-Mira quien está por aquí, ¡el cumpleañero!-
Sonreí y le estreche la mano a mi compañero.
-¡Felicidades colega!-
-Gracias tio, no sabes que ostentosa tarta me ha preparado mi madre, casi igual que cuando tenía trece años.-
-Jajajaja madres. -
Fuimos a nuestros respectivos puestos de trabajo, no dejaba de recibir felicitaciones de mis compañeros de trabajo, incluso de los que no hablaban conmigo.
-Jim, necesitamos que vayas a la habitación número 352 para que arregles un enchufe, ha vuelta a estallar de nuevo, pero esta vez nadie ha resultado herido. -
-Esa habitación esta poseída por el diablo eléctrico, siempre pasa algo allí. -
La mujer río a carcajadas mientras me acompañaba a la habitación 352, es la típica habitación maldita en la que todo se rompe y casi nada funciona, deberían deshabilitarla, ya que no sirve para nada tener una habitación así.
Salí del trabajo con las siete horas empleadas, y se me ocurrió dar un paseo por la ciudad, cogí un taxi y fui hacia Westminster, se me antojaba mirar el grandioso palacio que guarda las calles de esta ciudad y por supuesto, el Big Ben.
Los ligeros y abundantes copos de nieve cubrían la iluminada ciudad algente, hermosa. Pero no tanto como la chica que la miraba con ojos conmovidos y alegres. Creí nunca haber visto a esa chica por la ciudad pero una sensación más bien íntima me decía haberla visto en una vida anterior. Miraba las calles de Londres enardecida, era como una niña, su cara la delataba. Consideraba que por la medida de su cuerpo y sus rasgos tendría unos 18 años, pero esos ojos, esa curva alterada en su cara, ese aire juvenil en toda su totalidad, no podía tener esa edad.
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Blue
Romance"Los ligeros y abundantes copos de nieve cubrían la iluminada ciudad algente, hermosa. Pero no tanto como la chica que la miraba con ojos conmovidos y alegres. Creí nunca haber visto a esa chica por la ciudad pero una sensación más bien íntima me de...