A veces no sabemos lo que queremos hasta que lo tenemos frente a nosostros.
Mia Hamilton, doctora, hermana menor y padres sanos y fuertes. Pensaba que lo tenía todo, que nada podría faltarle en su vida. Pero el amor te cambia completamente la vida...
Dicen que algunas personas están echas para ti, que el destino tiene a tu alma gemela, y que tienes que esperar para encontrarla.
Eso me pasó a mi, tuve que pasar por muchas para encontrar al amor de mi vida, Nathan para mi a marcado un antes y un después, es el mejor novio que pudiera tener, tiene todo. Es detallista, dulce y tierno, pero también tiene su lado travieso y pervertido.
También dicen que estar al borde de la muerte te marca, y tienen razón, imágenes y recuerdos pasan por tu mente, recuerdas los buenos y malos momentos de tu vida, y aprecias lo que tienes.
Estacionó la camioneta y mire el enorme edifico frente a mi.
Camine hacia la puerta, y me registre en la recepción.
Camine hacia el jardín, y en la banca, sentada dándome la espalda estaba ella.
Camine hacia ella.
Después de 6 mese sin poder verla, solo dándome detalles mis padres y Thomas de cómo estaba, dicen que estamos listas para vernos, y también ella y eso me alegra enormemente.
Me detuve frente a ella, y le sonreí.
—Hola Lia— salude.
Ella asintió. —Mia—
—¿Como estas?—
—Bien, me siento bien— dijo y asentí. —Estoy relajada, me siento tranquila. Estoy bien—
—Me alegra mucho Lia— confesé.
—Siéntate— me senté. —Mia,... yo lo siento mucho..... por todo— empezó y espere a que terminara. —Y más aún por lo de las escaleras, lo juro. No quiero lastimarte—
—Lo se— la tranquilice. —Lo se Lía, te conozco, y te perdono, eres mi hermana, claro que te perdono, no quiero y no me gusta tener resentimiento en mi, y menos hacia mi hermana—
Ella sonrió.
—Y se que tú y Thomas están empezando algo...— empecé y ella sonrió emocionada.
Y realmente esas po ocas horas con ella, valieron la pena, empezó a contarme todo, y empezó a decirme como empezó a acercarse nuevamente a Thomas y cómo están intentando algo juntos.
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Me aliste, Nathan me cito en el hospital, y se me hace realmente raro por que ya es de noche, tomé rumbo hacia el, y un mensaje me indicó que estaría en la sala de espera.
Cuando llegue estaba todo oscuro.
—Nathan— lo llame y en eso se prendieron las luces, y jadee sorprendida. En medio de la sala de espera había una mesa para dos, con dos platos, y dos copas y el vino, y en medio una rosa blanca.
Y alrededor de las sillas de espera pétalos de rosas Rojas esparcidas.
Y en un traje, en un esmoquin, mi hermoso novio. Mire sus brillantes ojos azules y casi me derrito.
—Nathan— susurre mirándolo.
—Mia, eres todo para mi— empezó a decir y se fue acercándose. —Nos conocimos de una manera peculiar, pero eso no quita que te amo, que eres lo que siempre soñé, que eres mi mujer ideal— empezó y sonreí entre lágrimas de felicidad. —Que quiero dormir y despertar a tu lado, que quiero que formemos una gran familia juntos, y que en ese accidente entendí que no puedo vivir sin ti, que haberte conocido ha mejorado mi oscura y triste vida. Tú le das sentido y luz a todo Mia—
—Nathan— susurre al ver que se arrodillaba.
Y jadee de sorpresa cuando de su pantalón del traje extrajo una pequeña cajita de color blanca.
La abrió y dentro de ella se encontraba un hermoso anillo, con un pequeño diamante en el centro. Completamente de oro.
—Mia Hamilton, eres mi mujer ideal, y en este lugar que es muy especial para nosotros— —Por que aquí nos conocimos y aquí nos volvimos a reencontrar, quiero hacerte una pregunta—
Sonreí entre lágrimas.
—Mia Hamilton— sonrió. —¿Quieres casarte con este hombre que está locamente enamorado de ti?—
Grite poniendo mis manos en mi boca y asentí frenéticamente.
Rio y extendí mi mano temblorosa, el la agarro y puso el anillo deslizándolo en mi dedo.
Lo abracé y el me cargo dando vueltas en el aire conmigo.
—Gracias, Gracias— empezó a decir.
—No amor, gracias a ti—-
Reímos y me beso tiernamente en los labios. —Prometo hacerte muy feliz—
Y se que el cumplirá su promesa, lo conozco y se que está tan enamorado de mi, como yo de él.