La psicología era su pasión, definitivamente, poder entender los trastornos y problemas mentales con el fin de comprender la mente humana se había convertido en una obsesión para él. El profesor de dicha materia se paseaba por el salón explicando el proyecto que daría finalización a ese semestres que estaban cursando.
—Quiero un trabajo bien elaborado.— habló el profesor y detuvo su andar en su escritorio, recostó su cadera levemente en el, quedando frente a toda la clase. Era un hombre mayor con lentes desacuerdo a su edad, era de esos hombres que solo con verlos pensabas que eran inteligentes.— Causas, consecuencias, etc. Todo sobre del tema que hemos estado trabajando.
De todas los temas que habían trabajado en su clase, ese era su favorito, era complejo, fascinante, y para una persona de mente abierta como el, no le parecía nada incoherente que una persona privada de libertad se enamore de su captor.
Él lo entendía, pero no sabías por qué.
Siendo sincero no quería terminar, quería saber mas y por supuesto ya su mente maquinaba como hacer el mejor proyecto de toda la clase, solía ser mezquino, así que solo compartía el titulo del mejor de la clase con su grupo.
—Hagan lo que haga falta, no hay excusa, no quiero trabajos mediocres.— volvió hablar el profesor y Ellien miró a Megan que estaba sentada al lado de Fernando. Escribía a toda velocidad sobre el papel de su cuaderno, era muy organizada y planificada, aunque eso contrastaba bastante con su actitud demandante y explosiva.
Se atrevía a decir que la castaña era incluso mas perfeccionista que él mismo.
—Tenga un buen día, pueden retirarse.—con esas palabras y tono agrio el profesor culminó la clases, la ultima del día, todos perecían estar contando los segundos para que el profesor dejara de hablar, muchos de sus compañeros lo llamaban desagradable e insufrible, aunque realmente no sabía que mas esperaban de un profesor de psicología.
En el tiempo que llevaba estudiando en Oxford había visto todo tipo de personas con dinero, incluso los que sus papis los obligaban a estudiar una carrera conveniente. Se atrevía a decir que de su carrera eran los únicos becados, no estaba seguro, no hablaba demasiado con nadie.
Su circulo era reducido, a pesar de ser un pijo más del reino unido, siempre se había mezclado mejor con las gente que era opuesta a él en cuando a lo económico, conoció a Megan y a Andrew en el primer terms de universidad, eran becados también, pero a diferencia de él, ellos realmente no tenían la posibilidad de pagar una carrera en Oxford, a él sus padres lo habían echo postular para una beca porque que según ellos "no querían que fuera un insufrible sin alma"
Termino de recoger sus cosas y se acerco a los chicos. Fernando venía detrás de él, eran amigo desde la infancia, lo más cercano a un hermano que tenía, y por supuesto también pertenecía a la clase alta de Inglaterra. Megan paso su brazo por los hombros de Ellien y él por su cintura, era alta, casi igual que él.
Megan siempre tuvo un flechazo por él, pero nunca se atrevió a declararse y con el tiempo se volvió una leve atracción física.
Ellien tampoco pasaba la belleza de Megan por alto, era hermosa, parecía mas modelo que una estudiante de Psicología, pero él tenía muy claro sus gustos y a quién podía tener de amigo y a quién podía follarse, con a ella prefería la primera.
—¿Haremos el proyecto juntos verdad? — les preguntó Andrew, y los demás lo miraron, Andrew solía ser tímido y inseguro, un rasgo que destacaba mucho en su pregunta, Ellien miro a Megan antes de que ella le diera una de sus típicas respuestas sarcásticas. Fue en vano.
—Obviamente.— le respondió de forma hostil, a veces pensaba que ella odiaba a Andrew, esperaba que no, aunque era visible que eran polos muy opuestos, Megan era fría y dominante, mientras Andrew era dócil como un cachorro.
Él no le respondió, como era de esperarse, a veces parecía que ella peleaba sola, él nunca le hacía caso, salieron al campus donde el sol brillaba en lo más alto pero el día estaba bastante frío, sintió el reflejo del sol en sus hebras rojizas, le encantaba ese clima.
—Nos vemos mañana en la cafetería .— habló Ellien, cuando llegaron al parqueo — Vamos reunirnos para debatir y cuadrar.
Propuso, pues el día siguiente era sábado y no tenían clases.
—Bien.—respondieron los tres.
—Bien.— Ellien afirmó a las respuestas de sus amigos.—Nos vemos mañana, ya debo ir a casa.
Se despidieron y cada uno se fue por su camino. Ellien no había nacido en Oxford, tubo que mudarse, al haberle comunicado que habían aceptado su solicitud de beca en Oxford, aunque siempre fue un estudiante sobresaliente, no dudaba que sus padres movieran un poco sus influencias. Ya llevaba casi tres años de carrera, y estaba por terminar.
Era el sueño de sus padres, y él no miró atrás cuando fue momento de marcharse.
No trabajaba, por lo que se había dedicado por completo a la universidad.
Vida amorosa no tenía mucha, estaba consiente de qué estaba soltero porque quería y porque no le interesaba tener algo amoroso con nadie. Aparte de qué su última relación no había terminado muy bien.
Su vida era sencilla, bastante normal.
Más rápido de lo que pensó llegó a su apartamento, estaba ubicado en un segundo piso, tal como a él le gustaba.
Cuando llegó a la puerta, sacó sus llaves y la abrió, todo estaba tal cual lo había dejado, no sabía porque siempre se fijaba en eso, era obvio que debía estar igual, vivía solo.
Era un manía.
Dejó su mochila en el pequeño sofá de la sala y fue a la cocina, del refrigerador sacó los ingredientes para preparar un sándwich y el jugo de naranja.
Le gustaba mucho.
Comió el sándwich mientras volvía a la sala y se deshacía de su zapatos, luego se dirigió a la habitación y comenzó a desnudarse para darse una ducha.
Se miró en el espejo de la habitación, solo estaba cubierto por una toalla a la altura de su cintura, pasó su mano por su cabello rojiso y por unos segundos acarició sus hebras, luego se metió al baño y posteriormente a la ducha.
Salió y se vistió, luego se sentó en su ordenador y volvió a lo que se había vuelto su pan de cada día.
(.*.*.*.)
Megan suspiró con cansancio y se estrujó el rostro con las manos, nunca se había frustrado tanto por algo, llevaba tres horas investigando y solo aparecía la misma basura que ella ya sabía.
--- Megan baja a cenar. --- le grito su tía Elisabeth desde abajo.
--- Ya te dije que no quiero.--- contestó de mala manera, se dio cuenta al instante, y suspiró admitió que no fue el tono más adecuado. --- Solo no tengo hambre, gracias.
Se retractó, solía ser impulsiva y obstinada, pero su tía era quién estaba a cargo de ella, era quién le suplía todo, le debía respeto,
Sin embargo, el tema la tenía en verdad estresada, todo lo que aparecía en las páginas web y vídeos, era lo mismo una y otra vez, y lo que él profesor ya les había dicho.
Al parecer la única manera de saber, era desempeñar unos de los dos papales principales en el tema.
Ser víctima o ser verdugo. Pensó, lo analizo por un momento, y sonrió al reconocer lo inteligente que era.
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Estocolmo ©
Short StoryEl síndrome de Estocolmo aún es desconocido, no se saben cuales son las circunstancia exactas que llevan a una víctima a empatizar con su secuestrador. En una clase de la universidad de Oxford, los estudiantes de psicología deben realizar un proyect...
