Las autoridades y familiares de los desaparecidos ya se encontraban en la etapa de resignación, aunque no lo dijeran abiertamente, habían pasado dos meses y no tenían ni una sola pista sobre el paradero de sus parientes, parecía que se los había tragado la tierra sin dejar huella alguna.
Las búsquedas habían menguado, solo mantenían la esperanza de qué alguien sepa algo y aunque sea de manera anónima se comunicarán con ellos.
Ya resignados los parientes habían enterrado un ataúd vacío, buscando así un poco de paz y conformidad para sus corazones.
Esperaban cualquier cosa, aunque no entendían que había pasado, los cuatro casos tenían indicios de secuestro, pero nadie se había comunicado con ellos en busca de una recompensa o algo parecido.
El asunto era realmente extraño, lo que hacía más difícil la búsqueda de pistas.
Pero hubo un caso que habían dejado en el olvido más rápido que los demás. El de Maggi Evans, según el padre, ella era una adolescente rebelde, por lo que no le sorprendería que haya escapado buscando una forma de llamar la atención, y para él, aunque sonara con un hijo de puta, no le molestaba, nunca había sentido ese amor de padre hacía hija hacia ella, solo cumplía su rol de padre responsable a pesar de que nunca soñó con ser padre, lo había cumplido y lo seguía complicando a pesar de que su esposa había muerto en el parto, no la culpaba, sabía que no era su culpa, pero seguía sin encariñarse con ella. No le importa cumplir con mantenerla hasta la mayoría de edad, aunque ella no le facilitara el trabajo, pero ahora se había ido por su propia cuenta y ya no era su asunto, solo esperaba que estuviera bien y encontrará esa felicidad que sabe que a ella le faltaba y él nunca le podrá dar.
Aunque resulte difícil de creer hasta para él, de verdad se encontraba un poco preocupado, no había pensado en reportar el caso a la policía cuando vio que habían pasado dos día y no había llegado a su casa, pero sabía que sí el no lo hacia, los vecinos si lo harían, y eso lo haría ver como un mal padre, que quizás lo era, y hasta podrían haberlo culparon por su desaparición.
Y eso no lo iba a permitir, no la amaba con todo su corazón, pero tampoco, nunca se atrevería a hacerle nada.
Así que aviso a las autoridades y siguieron su caso las primeras tres semanas, luego lo habían dejado de lado y él también lo dejó pasar.
Solo le deseaba suerte.
Sonaba malvado de su parte, pero él no podía preocuparse más y aunque que lo intentará, eso no iba a cambiar.
Pero otro lado, otra familia vivía atenta al teléfono esperando una llamada, un mensaje o algo, lo que fuera, no les importaba dar el dinero que fuese necesario para que les devolvieran a su familiar sano y salvo, solo lo querían devuelta en casa.
Principalmente los padres, no creían que su hija se hubiese escapado, no les cabía en la cabeza, la conocían y aunque no fuera una persona muy social, y en algunas ocasiones hasta un poco depresiva, sabían que ella nunca habría hecho eso, además que no solo ella había desaparecido, sino, tres adolescentes más, todos casi de la misma edad, eso no era normal por más que las autoridades dijeran que era cosas de adolescentes, y esa edad se cometían muchos errores.
Habían puesto esa excusa para no admitir que ellos no podían protegerlos y resolver todos sus problemas siempre, pero si, muy pocas veces las autoridades llevan paz a los civiles en vez de malas noticias.
Y la lamentablemente ese era el caso de aquellas familias, sabían que las autoridades habían hecho todo lo que podían hacer, pero lo que les molestaba era que buscarán justificarse culpando a la víctima, teniendo ellos en conocimiento que sus familiares no eran capases de escaparse por tanto tiempo sin dar ninguna señal de vida.
Pero no podía hacer nada, sí las mismas autoridades judiciales que tenían los recursos, no habían logrado encontrarlos, qué quedaría de ellos, solo esperaban que los perdonarán por haberse rendido, y fuerzas para poder aceptar que sus hijos, nietos, sobrinos, primos y hermanos, ya no estarían con ellos.
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Estocolmo ©
Historia CortaEl síndrome de Estocolmo aún es desconocido, no se saben cuales son las circunstancia exactas que llevan a una víctima a empatizar con su secuestrador. En una clase de la universidad de Oxford, los estudiantes de psicología deben realizar un proyect...
