Escena 13: Colisión

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Palabrerías sin sentido.

Las voces a mi alrededor se acumulaban en mi cabeza. Comentarios vacíos y banales que se convertían en tediosos zumbidos en mis oídos.

Ni una sola palabra había sido de mi interés desde el momento en que me senté en esa mesa, aunque más que mi falta de motivación por escucharlos, realmente me encontraba desconectado, incapaz de seguirle el ritmo a la conversación.

Reían. Se Reían de comentarios absurdos de una vieja anécdota, pero sus risas se convertían en ahogados sonidos en mi mente; un eco interminable dentro de mi cabeza que luchaba por opacar mis propios pensamientos.

Por supuesto no fui muy participe de ese pequeño convivio. Los últimos minutos me había limitado a observarlos.

Mi familia, los Midford; un importante y destacable apellido que era conocido por cualquier persona. Sus privilegios y estatus eran gracias a su legado de caballeros que por años habían servido a la reina con lealtad.

Fortaleza, valentía y habilidad; cada uno de ellos hacían destacar esos rasgos en su personalidad, incluso mi primo Edward era bueno soportando sobre sus hombros el peso de tan importante apellido. Muy al contrario de mí, quien estaba comenzando a hundirse por arrastrar consigo el apellido de los Phantomhive.

-Y dime Ciel, ¿Cómo van las ventas de la compañía? - El padre de Lizzy se dirigió a mí en un intento por involucrarme en la conversación, mientras limpiaba de su boca las migas del postre que acababa de degustar.

Mi mirada vaciló por unos segundos hasta que finalmente me giré hacia él. Mi mente completamente en blanco, abrumada por los conflictivas y ruidosas voces de mi mente que no dejaban de atormentarme con pensamientos absurdos. Intenté hacerme reaccionar en vano, gritándome que debía responder bajo ese nombre. No funcionó. Parecía que nada sería capaz de sacarme de mi extraño adormecimiento.

"Responde. Responde." Abrí y cerré mi boca un par de veces sin lograr que mis pensamientos se expresaran fuera de mi mente.

- ¿Ciel? - Esta vez la voz de mi prometida, su llamado acompañado de un ligero toque sobre mi mano. Mi cuerpo reaccionó de forma contraria al toque "tranquilizador."

No me era de mucha ayuda el contacto físico en ese momento.

Elevé mi mirada, dando un vistazo rápido a todo el panorama; mi prometida me observaba con completa preocupación, al igual que su padre, su hermano y su dama de compañía. Sin embargo, mi tía reflejaba algo distinto en su rostro, algo que no pude descifrar.

Respiré profundo. Debía guardar la calma y estabilizarme.

Minutos atrás me había convencido de que podría hacerles frente; me había dicho que ya era demasiada vulnerabilidad por el momento. Pensarlo era más fácil que llevarlo a cabo, pero lo cierto era que en el primer instante que me senté en esa mesa no pude detener a mi mente de susurrarme cada motivo del porque no debería estar sentado frente ellos, del porqué debería temer que mi actuación fuera descubierta.

Me encontraba completamente abrumado, tratando de recordar cada mentira y método de actuación que por años me habían funcionado para hacerles creer que era uno de ellos, pero nada venía a mi mente; aún me encontraba con las evidentes secuelas de una sobrecarga de presión, tensión y estímulo de mis más grandes temores.

Solo esperaba que fuera un tropiezo temporal.

Todos me miraban atentamente, esperando que alguna palabra fuera pronunciada de mis labios. Eso no fue precisamente de mucha ayuda para tranquilizarme.

Era absurdo. No me encontraba bajo ningún peligro, pero mi cuerpo comenzó a imitar vívidamente la desesperación y el pánico que cualquiera sentiría al estar al borde de ser descubierto del peor de los crímenes. Aun así, estaba disimulándolo lo mejor que podía, exteriorizando solo una pequeña parte de lo que realmente sentía. Fue entonces cuando Elizabeth pensó que era una brillante idea profundizar el toque sobre mi mano, formando un firme agarre que ella esperaba me diera consuelo. Solo logró ponerme aún más alerta. ¿Lo peor? Fue el preciso momento en que ella volvió a pronunciar aquel nombre mientras se acercaba para poner su otra mano en mi rostro.

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