Te arrepentirás

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CAPÍTULO 4

Pov por Demetri

Después de enviar ese mensaje deje el móvil en la mesa esperando su respuesta. Rose me respondería, sé que lo haría. Ahora sé dónde encontrarla. Me apoye de la ventana del departamento en el piso quince con vistas al malecón. El caramelo de miel se deshacía en mi boca, metí la mano en mi bolsillo y saque otro que lleve a mi boca para que el sabor no se borrara tan rápido.

La pantalla del móvil se ilumino, miré por encima del hombro y vi que no era Rose la que respondía. Volví a mirar las olas chocar contras las piedras salpicando la calle. Esa noche el océano estaba furioso deseando abrirse paso y reclamar lo que es suyo.

Mastiqué el caramelo volví a meter la mano en el bolsillo y ya no quedaban más. Fue en ese momento en que vi el alcohol y busqué de su consuelo. Tomé la botella, fui hasta la oficina quedando en la entrada, temiendo entrar allí y no encontrar el camino de regreso.

'No juegues conmigo. No quiero la máscara, no quiero falsas ilusiones, no quiero que me des oportunidades que después me arrebates como las delicadas alas de una mariposa'

¿Mascara? Con esa vivo desde que nací. ¿Ilusiones? Esas que te dibujo con tal de sacarte una sonrisa. De borrar esa mirada enamorada de la muerte. ¿Quién le arrebatara las alas a la mariposa, Rose?

Se que no hay vuelta atrás. Entre a la oficina, me senté detrás del escritorio y miré la puerta abierta esperando que alguien divino se manifestara deteniéndome. Pienso en ti y a la vez, pienso en otra. En aquella que me eleva hasta las estrellas, que relaja mi cuerpo y me acompaña en esos momentos en donde no te puedo tener a mi lado.

Quisiera gritarte lo loco que estoy por ti, Rose, pero también la necesito a ella. Y es que ese beso fue como el primer encuentro con ella; acelero mi corazón, me dio la fuerza que me hacía falta y la valentía que no poseía para comerme al mundo. Entonces, ahora, aquí en medio de la oscuridad, borrando el sabor de la boca de Rose con licor, pienso ¿Qué se sentirá saborear una vez más a aquella que jure no volver a tocar?

¿Rose, se quedaría a mi lado si supiera que tiene que compartirme? ¿Se quedaría, sabiendo que no es la única en mi vida? ¿Se quedaría, al ver que elegiría a otra en lugar de ella o se transformaría en eso que necesite todo el tiempo? No, Rose no estaría dispuesta a competir por mí.

Y yo no puedo ser solo tuyo.

El licor se acabó entre esos pensamientos. Entre el debate de una y la otra; esta noche perdió Rose.

Tome la llave sobre el escritorio, abrí el cajón a mi derecha y tire la bolsa sobre la madera pulida. Ella me llamaba, me susurraba, clamaba por mí una vez más y en medio de mi debilidad, caí.

Abrí la bolsa, saqué la cuchara, el mechero y un poco de polvo blanco en la bolsita. Calenté la cuchara con el fuego del mechero, vi el polvo blanco derretirse, tomando ese color amarillento como mis caramelos de miel. Cuando estuvo lista, tome la jeringa nueva preparándome para caer en sus brazos.

Subí las mangas de mi camisa. Usé una cinta para que la vena de mi brazo se marcara y entonces, sentí el pinchazo. El calor pasaba por mis venas, podía sentir como se mezclaba conmigo, de nuevo ella estaba dentro de mí. De nuevo, ella me estaba abrazando, haciéndome sentir mejor. Nada importaba. Nada preocupaba. Nada, cuando estaba mezclado con ella.

Una dosis es igual que cincuenta orgasmos a la vez. Luego de un rato, las piernas y los brazos se vuelven pesados, y sé que es ella que quiere que me quede a su lado. Mi boca se seca y de nueva ella quiere que vuelva a beber de su néctar. Veo la cuchara, el mechero y el polvo, entonces pienso... un abrazo más.

Before AetérnumDonde viven las historias. Descúbrelo ahora