La convención

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Llegó cansada a la casa. Se quitó los zapatos en la entrada, y con un movimiento de varita se cambió y ordenó la ropa. Avanzó a la cocina, necesitaba un vaso de agua. Pudo sentir un aroma a comida. Cuando entró, lo vió. Su novio estaba en pantalones y mandril, cocinando algo. Se apoyó en el marco de la puerta a admirarlo. Ser Auror sí que había hecho maravillas con su cuerpo. Pero fue descubierta, y para cuando quiso acordar él la estaba mirando, con una pícara sonrisa en su rostro.

- ¿Cómo está la señora Ministra más joven y bella de la historia? - le preguntó acercándose a ella, y tomándola por la cintura. Ella no demoró en plantarle un beso.
- Muy bien, un poco cansada solamente. ¿Cómo está el Auror más guapo de todos?
- No lo sé, pregúntale a Malfoy. - respondió él. Los dos largaron una carcajada.
- Disculpa, creo que me equivoqué de novio.
- No, no no. El hurón nunca podría ser tu novio.
-Ah ¿No? ¿Y por qué si se puede saber?
- Porque sabría que si te llegara a hacer sufrir le rompo la cara. Y no se atrevería a intentarlo- rió y luego la levantó para llevarla a la sala de estar, y recostarla en el sillón. Entre besos se contaban cómo había estado su día.

- Si, tengo una asamblea internacional. Quieren debatir algunas cosas, sobre el comercio de criaturas mágicas.
- Uhm, parece interesante- decía él mientras estaba concentrado en depositar un beso en cada centímetro de su cara. Hasta que el estómago de ella rugió.
- Creo que alguien tiene hambre. Vamos, la comida ya casi está. - mientras Hermione acomodaba los platos, preguntó- ¿Cuando dices que te vas?
- La semana entrante.
- Pero... ¡Es muy pronto! ¡Si hoy es jueves! ¿Y es muy largo el viaje?
- Bueno, tendré que estar en México ocho días.
- ¡¿Ocho días?! O sea que...
- No, mi amor. No podré estar en nuestro aniversario. Y lo siento tanto. - ella lo abrazó. - pero prometo que te lo recompensaré. Cuando vuelva, haremos todo lo que quieras. - a él se le iluminó la cara y levantó una ceja.
- ¿Todo lo que yo quiera?
- Todo, mi amor.
- ¿Hasta un hijo? - ella giró la cabeza tan rápido que le dolió. ¿Tener un hijo? ¿Desde cuándo quería uno? Salían hacía dos años. Es cierto que se dieron cuenta de lo que sentían un poco tarde, y ambos tenían la edad y estabilidad económica apropiada para pensar en ello.

- Es... ¿Es en serio?- él se asustó al ver su rostro. Tenía una mueca que conocía muy bien. Era la misma que cuando se le ocurrían planes descabellados en Hogwarts. De esos que podrían hacer que los maten, o peor, que los expulsen.
- No... Bueno... Era una broma - se rió nerviosa y exageradamente. Ella se acercó a él, lo tomó de las manos y lo sentó en la mesa.
- Broma o no, te prometo que hablaremos de esto cuando vuelva. Pero no quiero que te hagas ilusiones, siento que es muy pronto para nosotros y recién me estoy adaptando al puesto... - él negó con la cabeza.
- Sí, no, tienes razón... Fue estúpido de mi parte. No me hagas caso. Lo que en realidad quise decir es que podríamos practicar... - ella lanzó una carcajada.
- Eres un crío. - se siguió riendo un rato. Cuando ya se pudo calmar y retirar las lágrimas que escapaban por sus ojos, comieron tranquilamente.

El lunes siguiente, Hermione se dirigía en un avión hacia México. Allí, en Cancún, sería la asamblea que dirigiría este año la MACUSA. Dirigentes de todos o la gran mayoría de los países se encontraban allí. Ella fue con su grupo personal de asistentes. Harry había querido acompañarla, pero no podía dejar a los aurores a su cargo solos.
Fueron cuatro días intensos para la Ministra, y el último había una cena para que las delegaciones pudieran dialogar entre sí. "Para fortalecer las relaciones internacionales" explicaron. Era formal, por lo que Hermione se puso una túnica azul marino. Pero era una diferente, ya que no se cerraba por delante, era más bien un vestido largo del cual caía una capa, saliendo de los hombros.

Cuando llegó, saludó a todos y junto a Jane y Austin, dos de sus asistentes, se sentaron en una mesa. Empezaban a llegar los invitados, y había algunos fotógrafos de la prensa.  Estaban charlando tranquilamente hasta que Hermione lo vió. El ministro de Luxemburgo, Ross, estaba allí. Y no es que le cayera mal, para nada, era un hombre muy amable, y pasaron algún tiempo juntos esos días, pero a veces le dedicaba miradas que la hacían sentir incómoda. Para su desgracia, la vió y sonrió, para luego acercarse a ellos.

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⏰ Última actualización: Dec 31, 2020 ⏰

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