Capítulo siete: Despertar.

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 ACLARACIÓN: Los alfas y betas hablaban otro idioma que los secuestrados no logran entender, por ello cada vez que hablen en el otro idioma la letra saldrá como cursiva entre el guión largo.

Ejemplo:

Otro idioma —habló el alfa.

—Idioma normal —habló el humano.


...


Omega.

Capítulo siete: Despertar.




Deidara creyó estar soñando de nuevo; todo había sido una horrible pesadilla. Se sentía como un desconocido, una persona que no encajaba con él mismo. Cuando abrió sus ojos azules tuvo miedo de estar con aquella chica de cabellos rosas, entre ella y otra persona habían sellado su pierna con ligero cilindro que parecía una pluma.

No quería recordarlo.

Cerró los ojos fuertemente mientras trataba de que las lágrimas no escaparan. Se puso de pie mirando sus manos con nerviosismo. Sentía como las orejas peludas se movían, incluso como una cola esponjada giraba de lado a lado nerviosa; no podía hacer más que especulaciones de lo que les había pasado.

Hombres lobos.

Sí, hombres lobos.

No pensó mucho más en ello, miró alrededor y una puerta se iluminó. Las paredes, muebles y puertas eran futuristas de colores grises y blancos, de un estilo minimalista; si la situación no estuviera tan desenfrenada como su corazón tal vez apreciaría el arte que se extendía en su entorno, pero el miedo y las ganas de escapar eran más grandes.

Corrió hasta la puerta; esta se deslizó en cuanto estuvo a unos pasos de ella. Dos pasillos largos se avecinaron y Deidara dejó que sus instintos le dijeran hacia donde correr. «Izquierda» susurró su cabeza, no pensó en detenerse, dejó que sus piernas hicieran el resto. Anduvo con impulso por el largo pasillo mirando como varias puertas se abrían a su paso, pero ninguna le interesó.

Debía dar con el exterior.

Pronto supo que estaba en el segundo piso de esa extraña mansión. Llegó al vestíbulo y bajó las escaleras de dos en dos sin detenerse a pensar nada más, siquiera el frío que se colaba entre el recinto o sus pies descalzos. Corrió a esa gran puerta deslizante, deprisa la atravesó y dejó que el viento lo golpeara directamente en el rostro. Una brisa le hizo pensar en sus prendas; se vió vestido en una túnica blanca, elegante como la seda.

Con rapidez avanzó por el exterior. Era un camino hecho de un metal negro que no conocía, a su alrededor solo había flora, extrañas plantas de colores verdes y azules rodeaban el perímetro. Siguió sin quererlo digerir, no quería pensar, detenerse ¡No podía hacerlo! Se lanzó al camino y sintió el frío en sus pies desnudos.

Ni siquiera se dio cuenta que estaba corriendo más rápido de lo normal. Tenía tanto miedo que los sollozos no se hicieron esperar mientras llegaba más lejos. El camino no tenía una salida próxima sólo se extendía un camino hacia adelante; sin embargo, antes de lo que lo viera venir se estampó.

El golpe había sido directo, doloroso y lo había traído a la realidad de nuevo. Calmó los sollozos y palmeó el suelo, estaba sentado tratando de controlarse, de verse a sí mismo en esa realidad, temeroso de esos monstruos ¿por que había despertado solo? Dejó que las lágrimas pararan y se acercó hacia adelante. A pesar de que no la miraba tocó esa pared invisible que estaba delante de sí, ¡Una cúpula!

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