Capítulo nueve: Castigo.

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Era normal tener miedo.

« Era normal.»

Shion trataba de aferrarse a la idea de que ese miedo le daba fuerza, porque si no era de otra manera no sabría cómo lidiar con ello. En su mente una voz le decía con cautela lo que tenía que hacer y cuales eran las actitudes que debía de tener con el alfa, le ayudaba a sobrellevar toda la situación.

Sin embargo, cuando supo cuál era el verdadero motivo por el cual estaba ahí... supo que prefería morir.


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Capítulo nueve: Castigo.


No te alejaras de mi, no hablaras si no se te permite y mires lo que mires deberás acatar mis órdenes...

Deidara miró de frente a Itachi, no comprendía las palabras; pero su instinto le guió a comprender la situación. Estaban al límite de la barrera; el mayor le sujetaba de la cintura posesivamente y su mirada se mostraba cautelosa. Iban a salir de la cúpula y trataba de advertirle que no escapara.

¿Debería intentarlo? Definitivamente, sin embargo, también la curiosidad estaba ahí, ¿por qué motivo Itachi se arriesgaría a perderlo?, ¿por qué tentar a su poca fidelidad?, ¿es que quería comprobar su lealtad? Rio por dentro, se había comportado mejor de lo que toda su vida lo había hecho.

La única manera de encontrar una abertura era hacer caer las barreras del mayor. A pesar de todo lo que había pasado en el lapso de su secuestro; Deidara había aprendido a bloquear los malos recuerdos, eran como imágenes que llegaban de vez en vez pero nada solido, solo el ruido estático de la televisión de unos segundos. No lo olvidaba, pero trataba de verlo en tercera persona, como si aquel débil adolescente no fuera él...

Solo unas semanas atrás había decidido salvaguardar su estabilidad emocional ocultándolo en una caja muy lejos de su mente. Itachi en la mayoría de los casos mantenía su distancia, le daba el espacio necesario para que se "adaptara" a su nueva vida.

Sonrió de medio lado, una fingida estabilidad que su verdugo parecía disfrutar. Y dejó que su instinto dejara salir ese peculiar olor que tranquilizaba al alfa; poco a poco había aprendido como manejar la situación. Tres malditos meses ahí debían de servir de algo.

Itachi tomó su mano y le instó a caminar a su lado, poco a poco como si fuera un gran anhelo sintió como una pequeña descarga eléctrica le recorría el cuerpo al cruzar la cúpula, al adentrarse al mundo detrás de la barrera, de su jaula.

Dejó que el deseo de escapar se reflejara en felicidad. Seguía siendo el mismo paisaje, el mismo aire e incluso la misma esencia, pero sentía que poco a poco su libertad se iba despejando, sin embargo, la cadena que representaba el alfa se extendió en todo su ser cuando sintió una pulsación en su cuello.

La mordida.

Sus orejas se agacharon y calló la voz en su cabeza, sólo había soltado advertencias, pero en ese punto sabía que nada le importaba más que lograr escapar de ahí.

Itachi le dirigió una rápida mirada, estaba al tanto de los cambios del menor, de sus intentos de mantener el control, de no dejarse llevar por sus emociones. Estaba consciente del gran cambio de adaptación que tenía, sin embargo, en contra de todo pronóstico lo que pasaría a continuación podía hacerlo retroceder.

Deidara jamás lograría escapar de todo lo que el destino les deparaba a ambos. Estaban unidos por algo más que la eternidad, por sus Dioses, o cualquier otra filosofía. Los creadores de vida no sabían todo lo que significaba una mordida en su cuello y era probable que murieran sin saberlo.

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