Iris
Habían pasado algo más de varias semanas. Me estuve adaptando a mi nueva vida como campesina junto a mi ''familia'', que dudó al principio si darme refugio era la mejor opción. Consideraron mi mentira. A la vez que mis labios se abrieron para hablar, fui hilando una historia; venía del sur de Poniente, de la desdicha, no tenía hermanos o dije simplemente que murieron por culpa de la hambruna que estábamos pasando ahí abajo. Mi cabeza imaginaba aquellas familia de Canmarl que se habían quedado sin sus hogares y ahora se encontraban en la vía pasando por el frío otoñal, sin fuego, comida o toda necesidad que fueran vitales para sus vidas. No lloré más en mis diecisiete años de vida, ni cuando por fin llegué a este mundo me lamentaba como lo hice aquella noche junto al fuego mientras, abrigada por mi propio cuerpo, Sean, me escuchaba atentamente:
-Mi padre murió antes de que yo decidiera partir hacia aquí. No pude despedirme de él. Los ojos de aquel campesino me miraban con tristeza.-Era una enfermedad muy contagiosa. Le aclaré.-No sé si mi madre habrá sobrevivido... me escapé por la noche, de madrugada, cuando dormía. Intenté contener las lágrimas pero salieron disparadas.-Me arrepiento de haberla abandonado como lo hice. Sollocé.-Tendría que haberme quedado allí.
-Lo hiciste por tu bien. Lo dejé hablar, apenas me salían las palabras.-Huir de un sitio donde no estás bien, no es de cobardía, al contrario Diana, lo hiciste para asegurar tu vida. Querías vivir.
Agaché la cabeza cabizbaja.
-Estoy seguro de que tú madre estará esperando a que regreses y estará en tu hogar con los brazos abiertos. No sabes la sensación que da ver a tus hijos sanos y salvo. Se encontraba a varios metros de mi, pero fueron suficiente. Alargó la mano y me pellizcó en la rodilla.-Ahora, te quedarás con nosotros una temporada, no nos estorbas, hasta que estés preparada. Podrás irte cuando quieras, nos has venido como anillo al dedo.
-Gracias. Se lo recompensaré, se lo prometo.
Sean sonrió.
-Será mejor que nos vayamos a dormir, pronto amanecerá y tenemos que estar bien despiertos para los que haceres.
-Me quedaré un poco más junto al fuego si no le molesta señor.
-Claro. Se levantó de su asiento y recogió algunas cosas. Antes de marcharse a su estancia se volvió y me miró con sentimiento.-Diana.
Lo miré.
-Eres una buena chica, buenas noches.
Sus palabras me emocionaron y me llegaron a lo mas profundo de mi ser. Alcancé una pequeña manta que andaba por ahí tirada. Me la coloqué por los hombros y me encogí junto al fuego. Me preocupaba todo lo que pudiera estar pasando ahí fuera ahora mismo. Llevo aquí varias semanas, no se había oído nada sobre Payton y mi cacería. Quizás me querrían viva o muerta, con un dedo, con varios o sin cabeza. A lo que voy, aquí aún corría el riesgo de ser encontrada y más aún ponía en peligro la vida de esta familia con la que me sentía muy afortunada de estar. Tenía el presentimiento de que pronto le tendría que decir adiós.
Payton
Me gustaba ver amanecer, eso me apaciguaba, sentía que estaba vivo por un día más. Que Dios me había dado la fuerza para seguir en Canmarl. Sin embargo, debía partir hacia mi pueblo y seguir con mis haceres allí. La ceremonia de mi coronación apenas se había celebrado, estaba orgulloso y fausto de que todo estuviera a mi favor. ¿Pero por cuánto tiempo?. Todavía seguía ahí fuera una niña que no me dejaba pegar ojos algunas noches, la mayoría, por eso necesitaba ver resplandecer el sol y pensar en un nuevo día. Tenía que conseguir información suya, no puede ser que nadie supiera donde está. Estoy seguro de que está custodiada, sana y salva. Priscilla, mi hechicera no deja de verla, siente como aún late su corazón y eso me asusta, no quiero que reúna la fuerza suficiente para acabar conmigo.
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Your Majesty (Volumen I)
RandomIris de la casa Canmarl y futura heredera al trono, lucha por la superviviencia contra varios enemigos, el principal, su tío Payton A. de Canmarl, que hará todo lo posible por robarle la corona y convertirse en el rey de todo el lejano Poniente.
