PRIMERA PARTE:
Uno de los principios de la mafia italiana es "nunca traicionar a tu esposa". Si eres capaz de traicionar a quien confía en cerrar los ojos y dormir a tu lado, no eres digno de la confianza de nadie.
Valente Montagna era considerado u...
Salvio Caruso era uno de los soldados más condecorados del ejército italiano. Solo necesitaba una medalla más para ser ascendido a generale di divisione y estaba seguro de que la conseguiría con su siguiente gran golpe.
Salvio nunca fue amante el ejército. Su madre, Elettra Pedrotti, había sido una importante generale mientras que su padre, Leandro Caruso, pertenecía a la policía nacional, la vida de la milicia corría por sus venas por ambos lados y aun así él prefería no seguir el camino de sus padres.
Hasta que el peso de la desgracia se posicionó sobre sus hombros. Salvio recordaba diariamente el día en que su hermana Mariana desapareció, la niña apenas tenía doce años y nunca más se supo de ella.
—Hoy se cumplen diez años de la desaparición de la hija menor de la generale Elettra Pedrotti y el comisario Leandro Caruso. La pequeña Mariana, que tenía doce años en el momento de su desaparición, fue vista por última vez saliendo de la escuela junto a dos amigas y nunca más se la volvió a ver—la reportera de las noticias habló—, La policía habla de un posible ajuste de cuentas entre la mafia italiana, liderada en este momento por el Clan Montagna, y la generale, quien dio su mayor golpe al matar en una redada al padre del ahora líder Valente, Fulgenzio Montagna.
Apagó el noticiero. Diez años y ni siquiera el cuerpo de su hermana se había encontrado. Apenas le quedaban esperanzas de volver a verla con vida, lo único que quería era su cuerpo para poder velarla como merecía.
Se echó hacia atrás en el sillón, las últimas noticias de su operativo no eran buenas. El Clan sabía de sus planes y estaban movilizando la mercancía fuera del continente, lo que haría más difícil rastrear a cualquier chica que pudiera darle una mínima pista sobre Mariana.
—Tienes que hacerlo rápido—Alexander le dijo al teléfono—. Una vez las chicas se suban al avión, será imposible volver a localizarlas.
Tenía una pista, una no muy segura, sobre una muchacha de idénticos rasgos a los suyos que Alexander vio una de las veces en que acompañó a Valente a recibir a las chicas recién secuestradas desde Apulia, la provincia de la que los Caruso eran originarios.
—Es posible que sea ella, quizás los Montagna no la movieron inmediatamente después de secuestrarla y ahora la trajeron junto a otras.
—Quizás... A fin de cuentas, la esperanza es lo último que se pierde...
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Salvio estaba esperando en la cola del estanco, necesitaba nicotina después de un día sin avances en la agencia y no tenía cigarrillos suficientes para mantenerse durante la noche. La luna se veía difuminada a pesar de que aún quedaban un par de horas para el crepúsculo.
—Perdón—una pequeña joven chocó contra él.
—No te preocupes—Salvio quiso sonreír, pero es su lugar salió una mueca.