Cápitulo 9

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¿Alguna vez han sentido cómo si todo a su alrededor fuera más denso?.

No se cuanto ha pasado, o siquiera sí algo esta pasando; No quiero creer lo que acaba de decir ese animal, no puedo creer que mis padres fueron capaces de venderme a él, no quiero hacerlo pero algo muy en el fondo de mi me dice que es verdad.

Sigo tirada donde mismo, mis manos, rodillas y cara arden a más no poder, quiero pararme, salir corriendo y alejarme todo lo posible de este lugar pero no puedo, mi cuerpo no responde del todo.

Mi cabeza está comenzando a punsar, aun con la mirada en el piso logro ver un par de zapatos negros o tacones bajos mejor dicho, posarse justo delante mio, con dificultad levanto la cabeza encontrandome con la mirada seria de la señora de hace rato, ahora que la veo mejor es un poco rellenita, su cabello es blanco y tiene unos ojos espectacularmente azules.

-Cammina e non parlare (Camina y no hables)- me jaló del brazo y me obligó a levantarme, sigo sin entender nada pero a este punto ese es el menor de mis problemas.

Llegamos a unas escaleras distintas a las pasadas, estas son en forma de espiral, al llegar hasta arriba cruzamos por un pasillo, las 5 puertas que habían eran de madera blanca, nos detenemos al final del pasillo en lo que la señora abre la puerta.

-Se mi capisci, non urlare, non litigare e non contraddirlo (Si me entiendes, no grites, no pelees y no lo contradigas)- me empujó a la recamara y antes de cerrar la puerta me apunto y habló -è per il tuo bene (es por tu bien).

Miro toda la habitación, está al contrario de la anterior no tiene ventanas, aquí sí hay dos puertas, una la abrí  comprobando que es un baño y la otra al parecer tiene seguro, al centro del cuarto hay una gran cama de cobijas rosas con un pequeño sillón al lado, en las 4 esquinas de la cama sobresalen unos barrotes con aros, camino hacia el buro que hay al lado de la cama, al abrir el primer cajon me encuentro con sogas y cadenas, cierro rápidamente el cajon y abro el de abajo, en este hay esposas y lo que parecian ser pequeñas correas con una bola al centro.

Camino al tocadro de enfrente para revisar eso también, en el primer cajón hay mucha lencería, en el segundo hay frascos, botes y jeringas, esto no me da buena espina, debo salir de aqui a la de ya.

Al intentar abrir la puerta por la que entre se me resbalo la mano y me tropece, caí de lado esperando el golpe de mi cabeza con la pared, si llegó pero no como yo esperaba, confundida me levanto y al tocar la pared me doy cuenta de que tiene doble fondo, con cuidado quitó la primer capa dejando al descubierto una especie de esponja con protuberancias triangulares.

Iba a seguir revisando hasta que escuche la llave de la puerta, rápido volví a acomodar el pedazo de carton en su lugar y me encerre en el baño, intente ponerle seguro a la puerta pero no tiene así que me recargue de espaldas en está y comencé a empujar.

-Alessandra...- cuando escuche mi nombre logre reconocer la voz como la del animal que dice haberme comprado -¿dónde estas pequeña?- comencé a escuchar pasos cada vez más cerca -sal amor, no quieres que me enoje- lo ultimo se escuchó justo del otro lado de la puerta.

Ese tipo me da miedo para que mentir, lentamente abrí la puerta con la mirada gacha, solo podía ver de su cintura para abajo, veo como una de sus manos se levanta hasta tomar mi menton y hacerme verlo a la cara.

-Tranquila, si te portas bien yo me porto bien- me hizo caminar con él hacia el espejo del baño -¿no es tan complicado verdad?.

Se coloco a espaldas mia, con un brazo me rodeo la cintura, con la otra mano me empezó a acariciar la mejilla en la que me golpeo hace rato, que por cierto está esta tomando un color rojo intenso.

Volviendo A CasaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora