Las manos y miradas de mi amado

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 Sus manos,

aquellas que de cicatrices se encontraban repletas,

me acariciaban amablemente,

sin importarle las miradas ajenas.

 Le sonreí, y tomé su mano,

un extraño sonido salió del fondo de su garganta,

algo profundo, algo inhumano.

 Lo observé fijamente,

temeroso de su estado,

no quería que aquel otro ente

surgiera arrebatándolo de mi nuevamente.

 Me balancee aterrorizado;

su sonrisa se había desencajado,

su mirada de amor

se había formado en una de rencor.

 Susurré su nombre desesperado,

 "no, por favor no a él...

no a la única persona que he amado".

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