—¿Y si es mentira? —cuestionó Alex algo preocupado.
—No, no lo es. ¡Mi nana jamás me mentiría! —no podía controlar las lágrimas, simplemente salían sin permiso y era horrible no poder controlarlo.
—Esta bien. Llora todo lo que quieras, yo estaré aquí para ti —se acerca y me da un abrazo.
Era lo más doloroso que pude haber vivido en mi vida, después de la muerte de mis padres adoptivos, claro. Estuve toda la noche llorando sin parar y Alex estuvo aquí toda la noche. Necesitaba llorar, que me abrazaran y me dijeran que todo iba a estar bien, aunque supiera que no iba a ser así. Ahora venía lo peor de todo. Enfrentar a Jackson. No podía dejar de preguntarme qué era lo que él no me había dicho. Sabía que no era nada bueno. Se me venían millones de ideas a la cabeza, pero las descartaba al instante.
Pude dormir una hora y media solamente, ya que las pesadillas volvieron. Me sentía horrible, volver a vivir esas pesadillas. Estaba muy nerviosa, había llamado a Jackson y le dije que necesitábamos hablar urgente. Sentía mis manos sudar, tenía ojeras debido al insomnio de anoche, los ojos hinchados y algo rojos.
Lo que más necesitaba en este instante era un abrazo y besos de Jackson, pero no podía. Primero tengo que saber que es lo que no me ha dicho aún.
Escuché que golpeaban la puerta y rápidamente fui a abrirla. Le dije a Alex que se quedara en la habitación, él asintió y se fue. Jackson entró depositando un pequeño beso en mis labios.
—Extrañaba a estar a tu lado —fingí una sonrisa y asentí. Noté como su rostro pasaba a de estar alegre a confundido por mi reacción. Se dio cuenta que estaba un poco distante—. ¿De qué quieres hablar?
—Victoria... —me interrumpe.
—Megan, ya hablamos de ese tema.
—¿Puedes escuchar antes? —dije seria. Él suspiró y asintió.
—Anoche recibí un mensaje de ella y me preguntó si tú no me has dicho la verdad. ¿De qué verdad habla, Jackson? —comenzaba a sentir la tensión en el aire. Su cuerpo se tensó, apretó la mandíbula y susurró "Demonios" a lo bajo, pero yo pude escucharlo claramente. Fruncí el ceño ante lo que había dicho. Victoria tenía razón, él tenía que decirme algo y me lo estaba ocultando—. ¿Quieres explicarme de que verdad habla? —grité alterada.
—Megan, tienes que escucharme, te lo explicaré todo. No reacciones mal, por favor —lo decía como si le costara demasiado contarme. Ahora me sentía enojada y triste a la vez con el nudo en la garganta y un presentimiento malo... y mucho.
—¡Habla de una maldita vez! —me estaba costando muchísimo decir todo esto.
—Tus padres... —hizo una pausa—, yo los maté.
Y ahí fue cuando mi mundo se cayó por completo.
Mi cara se puso algo roja de lo enojada que me sentía en ese momento. Millones de insultos se me toparon por la cabeza para decirle a él.
Tardé unos minutos en asimilar todo. Él mató a mis padres. La persona que comencé a querer con tal intensidad mató a mis padres...
—¡Vete de mi casa ahora mismo! ¡Asesino de mierda! —grité alterada.
—¡Megan, tienes que escucharme! —ahora el que gritaba era él.
— ¿Escucharte? —pregunté irónicamente—. ¡Vete de mi maldita casa! ¿Acaso no entiendes? ¡No te quiero ver más en mi puta vida! —me dio una última mirada y se fue.
Caí rendida en el suelo y lloré como nunca. ¡Estaba enojada con el maldito mundo! ¿Qué tenía en contra mío? Me paré y comencé a tirar todo, me importaba una mierda todo. Sentí unos brazos agarrarme por atrás.
—¡Megan, calma por favor! —susurró Alex en mi oído tratando de que me tranquilice. Yo sólo pataleaba y lloraba.
Esto iba a doler mucho más de lo que imagine.
**
Dos malditos días. Sólo dos. Todavía no podía creer lo que dijo Jackson, fue como un disparo justo en el corazón. Agradecía tener a Alex conmigo o si no ya hubiera estado en depresión. Fue como una ola de verdades que vinieron hacia mí. Soy adoptada, tengo un hermano y Jackson mató a mis padres. Esa es la razón por la que a él no le gustaba hablar de su vida. Traté de asimilar todo, pensé que todo era una pesadilla y que cuando despertara todo iba a seguir como estaba, pero no, esto era la maldita realidad y por mucho que me doliera tenía que aceptarlo.
Jackson me traicionó. Me mintió.
Alex insistía en que lo llamara y que habláramos sanamente, pero no podía. Él mató a mis padres. A mi padre, el único hombre al que amaba tanto en mi vida. No podía hablar con él. Es más, ¿qué se le dice a la persona que te rompió el corazón?
Las lágrimas caían lentamente por mi mejilla, no estaba alterada ni nada, pero si seguía llorando. Estaba muy dolida.
¡A la mierda con el amor!
Sólo sirve para lo que sirve el cigarro... para quitar el hambre, para quitar el sueño y para matarnos despacito.
—Él fue como una novela barata, mucho drama y poco contenido —dice Alex haciendo una pausa—. A ver cómo te explico... algo así como un cuento sin moraleja y escrito con mala ortografía —dice algo divertido para sacarme una sonrisa, supongo. Una pequeña risa salió de mis labios—. ¡Así me gusta que estés! ¡Sonriendo! —se tira encima mío.
—¡Alex, me aplastas! —dije fingiendo que no podía respirar. Él se alejó y se volvió a sentar en el sofá como antes. En todos estos días no paré de comer Helado, como ahora mismo, estábamos ambos con un pote de helado mientras mirábamos la película Perdona si te llamo amor.
Estaba haciendo un gran esfuerzo por no llorar de nuevo y ponerme mal. No quiero que Alex me siga viendo así, suficiente tuvo con aguantar mis llantos estos días.
—Y... ¿Buscarás a tu hermano? —cuestiona Alex, rompiendo el silencio que se había formado—. Yo te ayudaré, viajaremos por todo el mundo si es posible, solamente cuando te gradúes este año —iba a responder pero los nudillos de alguien golpeando la puerta llamaron mi atención.
—¿Esperabas a alguien? —negué con la cabeza.
Me levanté del sofá algo confundida. Al abrir la puerta me encontré con un chico de ojos color café, su cabello algo alborotado y tez blanca. Jamás lo había visto en mi vida.
—Soy el mejor amigo de Jackson —escuchar su nombre fue como una punzada—. Vengo a decirte que él se fue del pueblo y no volverá más.
Intenté decir algo pero las palabras no salían. Tiene que ser mentira, ¡él no se pudo haber ido!
—Y no preguntes las típicas preguntas estúpidas de siempre.¿Por qué se fue? ¿Por qué no se despidió de mí? ¿Adónde fue? —imita la voz de una chica—. ¿Piensas que es fácil esto para él? De todas formas él no se iba a despedir de ti. ¿Cómo miras a la chica que quieres y le dices que es hora de partir? Si alguien se despide es porque quieren que lo detengan y te aseguro que él no quiere eso —da media vuelta para irse pero se detiene en seco—. Te recuerdo que fuiste tú la que le rompiste el corazón a él y lo echaste de tu vida, no él a ti —dicho eso se va.
Prácticamente estaba en shock con todo lo que había dicho. Ni si quiera pude decir algo. Cerré la puerta y miré a Alex, ambos estábamos sorprendidos ante lo que dijo aquél chico. Alex escuchó todo, obviamente.
Sentí que lo traté como la mierda, pero... ¿Qué se fuera?
—Es hora de olvidarte de él y comenzar a buscar a tu hermano —hace una pausa—. Así es la vida, Megan. A veces eres el cuchillo y otras la herida.
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