—¿Estas segura que no quieres que vaya contigo?
—No, Alex, estaré bien.
Alex estuvo insistiendo todo el día en ir conmigo a la casa de la mujer —la cual no sabía su nombre aún—. Y con respecto a Jev, sigue sin aparecer. Es como si la tierra se lo hubiera tragado. Llamé y llamé a su número pero no respondía a ninguna de mis llamadas y eso me preocupaba aún más.
Estaba terminando de prepararme para ir a la casa de la mujer. Estaba sin ganas de salir y mucho menos sin saber nada de Jev, pero tendría que hacerlo de todas formas.
—Toma —dijo Alex tendiéndome las flechas. Rodeé los ojos.
—Alex, no es necesario —suspiré.
—No confío en ésa mujer y estaré más tranquilo si las llevas contigo.
—Está bien, si eso es lo que quieres —tomé las flechas y las guardé en mi morral. Saludé a Alex y salí del Hotel.
Al llegar toqué el timbre y esperé a que abriera. Estaba nerviosa ya que jamás he venido a la casa de alguien sin conocerla un poco y eso por parte me aterraba. Era un casa sencilla de color azul cielo, pero era grande.
La puerta se abrió y apareció la mujer sonriente. Se notaba que estaba teniendo un buen día. Ella me indicó a que entrara y así lo hice.
—Siéntate —asentí y lo hice. Ella caminó hacia la que supongo que era la cocina y trajó una bandeja con dos tazas de café y un plato con bizcochos. Se veían deliciosos.
—Y bien... ¿Qué te trajo a Londres? —cuestionó mientras le daba un sorbo a su café.
—Vine a buscar a mi hermano —dije sería. Ella asintió y sonrió. ¿Por qué sonríe tanto?—. Por cierto mi nombre es Maria —hace una pausa—. ¿Lo encontraste? —cuestiona refiriéndose al tema de mi hermano.
—Sí, por suerte sí .
—¿No tomarás tu café?
Negué. —Aún no.
—¡Vamos! ¡Pruébalo! —suelta una pequeña risita. Un poco confundida tomé la taza con el café y le di un pequeño sorbo. Me estaba sintiendo muy incómoda al estar con ella, sentía en mi pecho como un mal presentimiento. Ella me miraba y sonreía mientras yo tomaba lentamente el café.
—¿Y tus padres? —cuestiona. Ahora se la veía mucho más feliz. Que mujer tan rara.
—Prefiero no hablar de eso —de repente comencé a ver algo borroso. La imagen de ella ya no eran tan clara. ¿Qué carajos me pasa? Intenté levantarme pero cada vez era más borroso.
—¿Te encuentras bien? —escuché la voz de Marie de fondo. Al intentar caminar me caí y mis ojos lentamente se iban cerrando mientras lo último que visualicé era a Marie subiendo las escaleras.
**
—¿Qué haremos con ella? Hay que matarla —¿Ése era Jev? ¿A quién tenía que matar? ¿Y con quién habla? Estaba en un... ¿sótano? Sí, se veía como un sótano. Parecía que había dormido durando dos días seguidos y sin contar que mi cabeza dolía como el infierno. La pregunta era: ¿Qué hago yo aquí? Las imágenes de lo sucedido en la casa de Marie me invadieron. ¿Dónde está ella?
Escuché unos tacones bajando la escalera. Levanté la vista hacia la escalera y estaba Victoria.
Muy bien ahora no estoy entendiendo nada. ¿Qué diablos hace ella aquí?
—Vaya, vaya... la niña ya despertó. Caminó alrededor mío examinándome con la mirada. Otros pasos en la escalera. Dejé de mirar a Victoria y apareció Jev.
¿Por qué están ellos aquí? No entiendo nada.
Piensa Megan, piensa.
Estaba algo aturdida. No podría ser que Marie le haya echado algo a él café para dormirme.
Oh no.
Por eso insistía en que lo tomará.¡Que estúpida! ¿Cómo no me di cuenta? Agh.
—¿Qué hacen ustedes aquí? —pregunté mirando a ambos—. ¿Y tú por qué no respondes a las llamadas? —él y Victoria comenzaron a reírse. Yo estaba ahí parada sin entender nada.
—¿En verdad creíste que tú me gustabas? —dijo entre risas mientras de tocaba la panza—. Todo fue un plan, estúpida —me empuja contra la pared. Yo prácticamente estaba como una estatua, sin pestañar, ni mover algún músculo. ¿Qué mierda hice? ¡Le entregué mi virginidad a este idiota! ¿Cómo nunca me había dado cuenta?
—¿Qué plan? —fue lo único que logré decir.
—Venganza —se relamé los labios. Victoria se encontraba parada con una sonrisa triunfante. ¿Venganza? ¡Pero si yo no le he echo nada a éste! Él se aleja de mí y se dirige hacia donde se encontraba una clase de cortina. La corre y en una silla se encontraba un hombre amarrado y bastante mayor, con una barba que parecía que no se afeitaba hace meses. Estaba lastimado y mucho. De pronto el recuerdo de Caroline amarrada como él aparecen en mi cabeza.
—¿Recuerdas a este hombre, Megan? —comienza a caminar alrededor de la silla. El hombre se encontraba despierto pero con la cabeza hacia abajo mirando el suelo. Se lo notaba débil. Negué con la cabeza mientras miraba a Jev esperando que dijera quien era.
—¿Acaso no recuerdas los cuentos que te contaba de pequeña? ¿No recuerdas al hombre que te regalaba muñecas de vez en cuando? ¿No recuerdas al idiota que te daba más cariño que tu madre?
¿Mi padre? ¡Oh, dios mío, no! ¡No puede ser! ¡Él estaba muerto!
Las lágrimas salían sin permiso de mis ojos. Rápidamente me acerqué a él y levanté su cabeza para poder mirarlo. Tenía la mirada cansada y había ojeras debajo de sus ojos color miel. Estaba mucho más mayor. Él intentó sonreír pero pareció una mueca que una sonrisa.
—Que grande estás, hija.
—Papá... —intenté sonreír entre lágrimas mientras acunaba su rostro con mis manos.
No podía creerlo que después de tantos años pensando que estaba muerto, él estuviera aquí, frente a mí. Lo abracé, lo abracé muy fuerte. ¿Por qué mi nana me dijo que habían muerto?
—Ya... mucho amor empalaga —dijo Jev haciendo una mueca de asco hacia nosotros. Siento como Victoria me coge del pelo y me aleja de él. Antes de que pudiera quejarme del dolor que estaba sintiendo al jalar de mi pelo, Marie aparece en la vista de todos con una sonrisa de suficiencia.
—¿Y a mí? —la miro sin entender a qué se refiere con su pregunta—. ¿Tampoco recuerdas a tu madre?
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