Capítulo 10

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—Elliot, por favor...

—Megan, no lo entiendes. Para mí será difícil estar a tu lado sin ser nada. No quiero ser tu amigo, quiero ser mucho más que eso, pero entiendo que tú no quieres nada y no te obligaré. Sé que te gusta Jackson, aunque no lo niegues —hace una pausa—. Lo mejor será que nos alejemos por un tiempo —dicho eso se fue, dejándome sola en el estacionamiento.

Le había tomado un cierto cariño a Elliot y, que se fuera así sin más... dolía. No siquiera mencionó de seguir siendo amigos. En tan sólo días de estar aquí mi vida dio un giro de 180 grados.

Hombres persiguiéndome para matarme, mensajes anónimos, Jackson es un vampiro, Elliot quiere alejarse de mí por un tiempo, ¿qué más podría pasarme? 

Todo este tiempo que pasó no me ocupé de buscar un trabajo, necesito uno urgente, ya que el dinero que tengo se está acabando y de ésa forma no podré sobrevivir.

Mientras caminaba pensaba en qué podría trabajar. Tal vez podría ser mesera o vendedora de un lugar de ropa. Sin darme cuenta me choqué con un chico, provocando que me cayera.

—Lo siento, no te había visto, iba mirando el celular —dice él.

—Dime algo que no sepa —dije de manera tajante. Está bien, tal vez estoy siendo algo injusta—. De todas formas también fue culpa mía, iba distraída. Lo siento también.

—Bueno, ¿cómo te llamas?

—Me enseñaron que no debo hablar con extraños.

—Si me dejas conocerte ya no seré un extraño —sonríe, al igual que yo.

—Me llamo Megan, ¿y tú?

—Alex. Un placer, Megan —dice estrechándome la mano.

—Eso ha sido muy formal, Alex —digo, mientras caminamos en la misma dirección.

Me quedé examinándolo con la mirada. Es un chico muy lindo.

Se ríe. —Está bien. ¿A dónde ibas? Si es que se puede saber.

—Me dirigía a buscar un trabajo, necesito uno urgente —suspiro.

—En el resto-bar en el cual trabajo están necesitando una mesera, podrías ir allí. Mi jefe es un hombre muy bueno, seguramente te dé el trabajo.

— ¿Estás de broma, verdad? —sonrió. Impulsivamente le doy un abrazo—. No sabes cuánto me ayudas con esto. ¡Mil gracias, Alex!

—Bueno, no perdamos más tiempo y vamos.

El resto-bar no era tan grande, pero tampoco muy chiquito. Mientras Alex fue a buscar a su jefe, yo me quedé esperando sentada en una de las mesas. Luego de unos minutos Alex apareció y junto con él venía Un hombre muy mayor, el cual seguramente era su jefe.

Era un hombre de estatura mediana, su cabello estaba casi cubierto por cañas. Se veía de unos cincuenta y picos de años.

—Hola, ¿tú eres Megan?

—Exacto —sonreí.

—Alex me ha dicho que estás buscando trabajo y yo necesito una mesera, él ya no puede solo, y la chica a la cual habíamos contratado anteriormente era pésima siendo una mesera. Te pondré a prueba mañana, y sí veo que eres buena en esto, estarás contratada —asentí.

—¿Y cuáles serían los días en los que tendré que trabajar? En el caso de que me contrate, obviamente.

—Trabajarías los lunes, miércoles y viernes, de 6:00 p.m hasta las 8:00 p.m. Son los días en los que más clientes tengo.

—Está bien.

Estaba contenta y muy segura de que lo obtendría. Miré a Alex y él me sonreía como cuando a un niño le dan una caja de dulces. Estaba segura de que con el tiempo seríamos buenos amigos.

—Por fin una compañera, ¿preparada para lo que se viene?

Y sí, lo estaba, para lo que fuera.

**

—Gracias por acompañarme, Alex, no sé cómo agradecerte lo que has hecho por mí.

—No hay de qué, Megan —sonríe. De pronto se queda mirando la casa abandonada de al lado con el entrecejo fruncido—. ¿Conoces al chico que está allí?

Me giro a ver quién era la persona que estaba allí, pero estaba de noche, y sólo se veía su silueta. Estaba fumando un cigarro.

—No. Además no tengo idea de quién es —dije seriamente. Aunque tengo que admitir que estaba un poco asustada.

—¿Estarás aquí sola? Si quieres me quedo contigo —su voz sonaba preocupada —. Aquel chico que está allí no me inspira confianza.

—Estaré bien, no te preocupes. Nos vemos mañana —asintió y depositó un beso en mi mejilla.

Esperé unos minutos a que Alex se alejará y entré, pero antes miré hacia la casa de al lado y la persona que se encontraba allí anteriormente ya no estaba. Confundida abrí la puerta del apartamento y entré, cerrándola con seguro. Al girar para ir a ducharme, choqué con alguien, el cual era Jackson.

—¡Maldita sea! ¿Qué demonios haces aquí y cómo entraste? —él no respondió, simplemente me miraba. Su expresión seria en su rostro y el mantener la mandíbula apretada, indicaba que estaba enojado.

—¿Quién era él?

—¿Por qué quieres saber? Eso a ti no te incumbe —respondí de la misma manera tajante en la que él respondía. Caminé hacia el living y me senté en el sofá, mientras cambiaba de canal en la televisión. No es como sí me interesara ver algo en estos momentos, pero de alguna forma tenía que ignorarlo.

—Las preguntas las hago yo, no tú.

Me giré y lo encaré. —Vaya, pues da la casualidad de que estás en mi apartamento, no en el tuyo.

—¿Quién era él? —vuelve a repetir, pero está vez me acorrala contra la muralla.

—Mi novio —mentí.

Él no respondió, sólo miró mis labios y luego se acercó a mí oído. —Eres mía, muñequita. Y lo sabes —dice antes de que se produjera un apagón en todo el apartamento, luego se escuchó un disparo y un grito desgarrador por parte de Jackson.

Great Care [Editando]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora