—¡Eso es Megan! ¡Por fin! —gritó Alex.
—Apuesto a que no me saldrá otra vez.
—Intenta volver hacerlo.
Otra vez estaba practicando con Alex, pero esta vez en su casa. Le advertí que fuera la última vez que hiciera esa clase de comentarios frente a Jackson. Sé que Jackson hizo un gran esfuerzo por no matarlo en ese mismo instante. Le conté sobre lo que sucedió con Caroline y comenzó a pensar con quién podría estar hablando Caroline.
Era demasiado obvio que Caroline no quiere la carta para ella, si no para alguien más. Seguramente fuera esa persona con la cual hablaba por celular. En el Instituto trató de hablarme y explicarme, pero me negué. Ya no confiaba en ella, por mucho que tratara. Hablé con Elliot y me preguntó qué ue sucedió con su hermana, ya que vio que no estábamos juntas. Estaba algo preocupado debido a que es un licántropo y se enoja muy rápido o sus ojos se ponen de color amarillo.
Trate de concentrarme de nuevo en apuntar hacía el corazón, o mejor dicho el intento de corazón que dibujo Alex, por que eso no se parecía en nada a un corazón. Mi puntería era cada vez mejor. Ya me sentía Oliver Queen, el chico de la serie Arrow.
Solté la flecha de madera y dio justo en el corazón.
—¡Genial! En dos días más ya no hará falta seguir practicando.
—Bien, creo que es mucho por hoy. Sin contar que ya es de noche— dejé el arco en el suelo —. ¿Cuál es la sorpresa que me tenías? —me crucé de brazos.
—Ven conmigo —me tomó de la mano y me guió hasta la salida de la casa.
Al salir se quedó parado en la acera, mirando los autos que estaban estacionados. Lo miré esperando a que me dijera algo.
—Ahí esta tu sorpresa —señaló un auto azul.
—No te lo aceptaré —me negué rápidamente.
¿Un auto? No podría aceptar algo así. Seguramente le habrá costado mucho dinero, cosa que no voy a terminar de pagar ni en diez años.
—La sorpresa no es de mi parte, Megan. Tendrás que aceptarlo, no puedes ir en taxi de aquí para allá —buscó en los bolsillos de su pantalón y sacó las llaves. Le sonreí y las tomé.
Estaba agradecida de haber tomado clases de conducir. Me adentré en el auto y solté una gran bocanada de aire. Si el auto no lo había comprado Alex, ¿quién fue?
Oh no, no podía ser Jackson. Pensé en todas las cosas que habían en mi vida hasta ahora. Ni si quiera desde que me enteré que Jackson es un vampiro tuve tiempo de preguntarle las dudas que tenía. ¿Cómo fue que se convirtió en vampiro?
Esa era la pregunta que más rondaba en mi cabeza, descartando la pregunta de: ¿Por qué me protegía? ¿Por qué hacía todo esto por mí?
Mientras manejaba pensaba en las preguntas sin respuestas que eran una lista interminable.
De pronto mi auto comenzó a pararse. Genial, seguramente se quedó sin nafta. Saqué mi celular para llamar a Alex pero estaba sin batería. ¿Qué más me puede pasar?
Todo estaba en silencio, cosa que me relajaba un poco. Miré hacia la derecha del auto y había un perro. Lo miré unos segundos y vi que sus ojos eran amarillos, como los que tenía Elliot. Rápidamente intenté de que el auto arrancara, pero no dio resultado. Mis manos estaban temblando del miedo. Volví a mirar a mi costado y lo que supuse que era un licántropo, venía corriendo hacía el auto. Se subió al techo del auto y pude notar que iba a romper el vidrio delantero, pero alguien lo tiró al suelo ya que vi otro cuerpo subirse al techo.
Luego de unos segundos no sé escuchó nada. Quise salir del auto pero no me animaba, algo me decía que no lo hiciera. Volví a mirar a la derecha y estaba Jackson a punto de abrir la puerta del auto.
—¿Qué demonios sucede? —grité.
—Un licántropo y no es Elliot. Conduce y no hagas preguntas —estaba enojado y se le notaba. Hacía un gran esfuerzo por no mandarme a la mierda, creo.
Durante todo el camino no dijo ni una palabra y había un silencio bastante incómodo. No sabía si llevarlo a su casa o a mi departamento, pero decidí no preguntar y lo llevé a mi departamento, de paso le pregunto por qué me besó aquella vez y qué era lo que sentía por mi.
Entré y dejé las llaves sobre la mesa, estaba agotada. Jackson entró y solo se quedó ahí parado en el medio de la sala. Decidí preguntarle, es ahora o nunca.
—¿Qué es lo que sientes por mí y por qué me besaste aquella vez? —vi como su cuerpo se tensó y me miró fijamente. Creo que no esperaba esa pregunta.
—Megan, no te hagas ilusiones conmigo —dijo completamente serio y tajante.
—¿Por qué?
—Te besé por lastima, no siento nada por ti. No me atraes, y tampoco quiero estar contigo. Todo lo que hice fue por obligación —no espere ni un segundo y mi palma impactó sobre su mejilla —. Me lo merecía.
—¡Vete de mi casa ahora mismo! —estaba evitando no llorar frente a él.
No lo justifico, yo fui la que preguntó y él sólo respondió, pero era horrible que te digan que te besaron sólo por lastima. ¿Cuál es la necesidad de hacerlo? ¿Para qué ilusionar?
Estaba confirmado: Jackson no sentía nada por mí.
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