Capítulo 4

32.1K 1.9K 247
                                        

Bien, primer día de clases. Tranquila, Megan, es sólo un Instituto nuevo, con nuevas personas.  

Me encontraba examinándome el cabello en el espejo. Me armé unas ondas en las puntas del cabello y me dirigí hacia la entrada. Tomé mi mochila con algunos de los libros que necesitaré. Creí haber tenido las llaves en el bolsillo del jeans, pero no. Las busqué en el llavero y nada. Intenté abrir la puerta y para mi suerte estaba abierta y con las llaves metidas por fuera de la cerradura. Me pareció realmente extraño, pero le reste importancia. Tal vez fui yo quien las dejó ahí.

Salí del departamento y llamé a un taxi desde mi móvil. Al llegar comencé a mirar por la ventanilla el camino hacia el instituto. Tendría que aprendérmelo si o si, ya que no quiero ir en taxi por siempre. En el trayecto hacia el instituto pensaba en muchas cosas que no entendía hasta ahora. ¿Por qué Susan me dijo que no confiara en nadie? Sí no quiere que confíe en nadie de éste lugar no entiendo por qué me mandó aquí. Nada tiene sentido. Y la pregunta que me hacía siempre era: ¿Quiénes mataron a mis padres?

All llegar, como obviamente imaginé, todas las miradas se posaron en mí. Algunos que otros me miraban y murmuraban cosas.

Me encanta lo disimulados que son, me encanta. 

Ya tenía mis horarios en mano, me fije en ellos y mi primera clase era Química en el salón B-365.

¿Y dónde se supone que está el salón B-365?

Caminé por el pasillo mirando cada salón, pero ninguno de ellos era el mío. El Instituto es bastante grande, tiene pasillos por donde mires al igual que escalera, un instituto de dos pisos. Obviamente alguien que es nuevo aquí no tendrá ni la más mínima idea de dónde se encuentra su salón.

El timbre ya había soñado y y yo seguía buscando como tonta. Cuando asomaba mi cabeza por salones para ver si era el mío, gritaban cosas o simplemente tiraban aviones de papel.

-¿Estás perdida?- escuché una voz detrás de mí. Dí un pequeño saltito del susto-. Disculpa, no quise asustarte.

Era un chico alto, de piel blanca, cabello castaño, ojos verdes, y una perfecta sonrisa. Era un adonis. Las cosas que podría hacer con éste chico.
Sacudí mi cabeza para alejar esos pensamientos. El chico seguía mirándome esperando una respuesta de mi parte. 

-Lo siento. Sí, soy nueva aquí y practicamente estoy perdida buscando mi salón.

-¿Qué clase tienes?

-Química. -contesté tímida.

-¡Perfecto! -exclamó-. También tengo esa clase, sólo que me quedé dormido y estoy llegando tarde, al igual que tú y creo que deberíamos ir. -Sonríe.

-Claro, vamos. 

Mientras caminamos sólo doblamos en el pasillo a la derecha.

-¿Quieres sentarte conmigo?

-Eh, sí, por qué no.

Al abrir la puerta del salón todas las miradas se pasaron en nosotros.

-Disculpe el retraso, profesor.

-Última vez Señor McDowell. ¿Usted es la señorita Sandford, no?- dirigió su mirada hacia mí. Asentí-. Siéntese, por favor. 

Miré atentamente en busca de dos asientos libres, pero no había ninguno. Sólo había dos pero al lado tenían acompañante. Uno de ellos estaba ocupado por una chica rubia que miraba sonriente al chico el cual me acompañó. Quizá es su novia. Dirigí mi mirada hacia el asiento libre de al fondo el cual tenía como acompañante a un chico. Me quedé un instante examinándolo con la mirada... tantos tatuajes.

¡Mierda! ¡No puede ser!

Él chico el cual me había "salvado" por así decirlo, estaba allí sentado mirándome fijamente.

-¿Y bien? ¿Piensan sentarse o estarán ahí parados toda la clase?- Cuestionó el profesor.

-La rubia de allí es mi hermana, lo siento. Te ganó el lugar. -Susurra en mi oído. Asentí y le di una leve sonrisa.

Caminé tímidamente hacía el lugar libre y me senté. Sinceramente estaba incomoda, demasiado.

Mientras pasaban los minutos y trataba de escuchar lo que explicaba el profesor, no paraba de removerme en el asiento. Miré de reojo a mi compañero y noté que me estaba mirando pero al instante corrió la mirada mirando al frente.

Tranquila, Megan. No te dejes intimidar, es sólo un chico. Que tal vez te mira con ganas de asesinarte, pero sólo eso, nada más. 

**

-Desde que te hablé no te he dicho mi nombre. Me llamo Elliot y ella es mi hermana Caroline. -Dijo mientras abría su Sprite.

Ella era como su hermano, ojos verdes, cabello rubio y piel blanca.

-¿Tú cómo te llamas?- Pregunta Caroline.

-Megan.

-Muy bien, Megan. ¡Te aseguro que seremos muy buenas amigas!

Lo bueno de todo esto, es que ya hice dos amigos, no estaría tan sola después de todo. Mientras comí mi hamburguesa noté que mi compañero de asiento me miraba nuevamente.  ¡Que se le van a ir los ojos de tanto mirar!

-¿Qué hay con aquel chico?- Me removí un poco en mi asiento y lo miré. Ambos siguieron mi mirada y lo vieron.

-¿Él? Te recomiendo que no te acerques a él- fruncí mi ceño sin entender por qué no debería acercarme-. Es que ese chico trata mal a mitad de los que están aquí. Es demasiado anti-social y misterioso. -Mientras Caroline hablaba, su hermano asentía. 

-Algunos piensan que es un asesino- dice Elliot-. Hace un mes, antes de que vinieras, él se inscribió aquí. Luego de dos semanas una chica de éste instituto desapareció justamente el día en el que él no asistió a clases en toda la tarde. Después de una semana apareció muerta y él volvío a clases.

Él mismo fue quien no permitió que aquellos dos chicos me hicieran algo, ¿cómo podría matar a alguien?

-Todas las sospechas cayeron en él, pero no habían pruebas en su contra. -Dice Caroline.

Escuchar eso fue un alivio y no sé por qué.

-Cambiemos de tema- dice Caroline-. El Instituto hará una fiesta, es como una tradición. Cada vez que pasa un mes hacen la fiesta y tú has llegado a tiempo. -Levanta sus cejas como si estuviera insinuando algo.

-Iré si tu hermana deja de mover las cejas de esa forma. -Me reí.

-Tienes muy linda sonrisa. -Dice Elliot mirándome directamente a los ojos. Me sonrojé más de lo que debería. No estaba acostumbrada a éste tipo de elogios.

-Uh oh, comenzó a decir cosas cursis. -Dice su hermana poniendo los ojos en blanco.

**

Elliot y Caroline se ofrecieron a llevarme, por supuesto acepté. Ya estábamos cerca de casa.

-Tienes que tener más cuidado Megan. Has dejado tu puerta abierta, alguien podría entrar y robar todo. -Fruncí el ceño ante lo que había dicho Caroline y miré hacia la entrada de mi departamento. 

Eso me tomó por sorpresa, yo había cerrado la puerta al salir. Bajé del auto un poco confundida y salí.

No podía creer lo que estaba viendo.

Todo estaba todo desordenado, y  cuando digo todo es todo. Cerré la puerta detrás de mí y miré todo examinando. Habían platos rotos, sillas tiradas, los sillones fuera de su lugar y alguna comida del refrigerador tirada en el suelo. Fui hasta mi habitación y mi ropa junto con mis sábanas estaba esparcida por el suelo, ¡hasta mi ropa interior!

Volví al comedor y mi pote de helado estaba derretido. ¡Oh no!

Nadie se mete con mi helado.

Great Care [Editando]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora