Capítulo: 1.

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Lo primero que sintió cuando bajó de aquel avión fue el viento golpear su rostro, de manera tan fuerte que sus rizos color chocolate se despeinaron y un poco de polvo cayó en ellos y también a sus ojos, esos ojos color verde intenso, tan verdes como hojas de un árbol recién florecido en primavera. Los hermosos ojos verdes de Harry Styles.

Harry Styles, un sexy adolescente de dieciséis años recién cumplidos, ese tipo de chico al que cualquiera ve en la calle y se enamora de inmediato. Es ese tipo de chicos con una meta, un objetivo, una misión, un estilo de vida y un carácter aterrador, o de esa manera trata de que sea.

El típico chico antisocial que no necesita de amigos para estar completo, o así es ahora. Antes su vida dependía de tener amigos a los que impresionar. Hace alrededor de dos años y medio, antes de que descubriera que sólo los tenía por sus padres y su dinero. Desde ese momento han sido él y su carácter de mierda contra el mundo.

Peinó su cabello hacía atrás con una de sus manos, mientras que con la otra tomó sus lentes de sol oscuros que estaban en la parte redondeta del cuello de su holgada camisa gris clara, y se los puso, ya que sus ojos se habían tornado de un color rojizo en la parte esclerótica gracias al polvo que entró en estos. Tampoco era como si le agradaba tanto el sol como para andar recibiendo sus rayos todo el tiempo, todo los días.

También sacó su beanie gris del bolsillo trasero de su skinny jean negro y se lo puso cuando terminó de peinar delicadamente sus rizos, para así impedir que el molesto viento volviera a despeinar su cabello.

El aroma del café inundó violentamente sus fosas nasales, volteó para ver de qué se trataba y cuando lo hizo se dió cuenta de que el olor provenía de un pequeño puesto de comida cerca, ahí, en el parqueadero de aviones. En éste estaba una linda señora atendiendo a algunas personas que estaban comprando los pequeños vasos de café, lo cual le resultó extraño. Pues de donde él venía no podía haber nadie aparte de los pasajeros y el personal en el estacionamiento.

Se limitó a pensar que el estado lo permitía para aquellas personas que se agotaban después de un largo viaje de avión o simplemente para las personas que les apetecía tomar café porque sí o, tal vez, para su opinión, porque era un maldito país corrompido en el que hacían lo que se les venía en gana.

Volviendo al tema, le pareció horriblemente desagradable aquel olor, él odiaba el café más que a nada en el mundo. Nunca en su vida se atrevería a probarlo ni porque le pagaran millones de dólares.

Llevaba tanto tiempo observando aquel lugar que no se dió cuenta de que la mujer que atendía el puesto lo estaba mirando. Se sintió muy incómodo de repente y volteó la vista, pero no pudo evitar voltear a mirarla de nuevo al sentir todavía su mirada encima.

Harry levantó una ceja, la mujer le guiñó un ojo. Frunció el ceño y miró a otro lado.

No tenía cabeza para nada.

No podía soportar más ese olor, tenía el presentimiento de que si seguía oliendo aquello se iría en vomito en cualquier momento. Quería irse y terminar con la razón del por qué estaba ahí para después devolverse a Londres. No había pasado ni una hora desde que pisó tierra firme cuando ya extrañaba el ambiente de su casa, en especial su habitación y el resto de sus pertenencias. Empezaba a desesperarse.

Miró la hora en el reloj de su muñeca; 1:49 p.m. Se suponía qué el auto debía de haber estado ahí desde hace cuatro minutos.

Definitivamente iba a decirle a su padre que despidiera a ese chófer, el cual no recordaba su nombre ya que no le interesaba aprenderse el nombre de alguien que no le importaba ni tan sólo un poco.

Exchange Student • L.SHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora