Especial: Wake Up!

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Al darse cuenta de que cierto chico con rulos estaba sentado junto a él, en un extremo casi fuera de la cama, tomó una de las almohadas que estaban debajo de su cabeza y tapó su rostro rápidamente antes de que éste tuviera la oportunidad de verlo a los ojos. —¡Tú! ¿Qué mierda haces aquí? —Exclamó exaltado, para él era muy vergonzosa la idea de que el menor siquiera pudiera verlo recién despierto, pues creía que su rostro por la mañana lucía cómo lo más desagradable que alguien pudiera ver alguna vez.

Por otro lado, le molestó el hecho de que él, personalmente, estaba seguro de que le había dejado en claro que no quería hablar más con él y mucho menos verlo. Y ahora él estaba ahí, haciendo exactamente ambas cosas.

También sintió coraje, porque la última persona que quería ver en esos momentos, fue la primera persona a la que vió al despertar esa mañana.

Que ironía. Pensó.

El de ojos verdes suspiró exhausto y rodó los ojos en respuesta, incluso sabiendo que Louis no podía verlo, ya que tenía la cara oculta en aquella almohada. —Pues, ¿qué crees? —Inquirió finalmente en un tono de voz elevado, con sarcasmo.

Louis, aún en su escondite, no se inmutó.

Al no obtener respuesta, Harry alzó una mano con lentitud y timidez, la acercó a la almohada que no le permitía ver bien la adormecida cara del chico con poca estatura y bonitos ojos azules y la retiró con delicadeza.

Cuando la quitó completamente, la dejó acomodada sobre sus piernas. La almohada tocaba un poco la zona de la parte baja de su torso, el cual estaba al descubierto.

Dirigió la vista al muchacho en frente de él, quién dejó a un lado sus pensamientos de negarse a que Harry lo viera así y le copió el gesto, permitiendo así que se miraran por algunos segundos. Ambos con el entrecejo fruncido intentando descifrar qué era aquello que ocultaban, analizandose mutuamente y memorizando cada rasgo y expresión del contrario.

Acercándose más al otro sin darse cuenta, casi como un acto involuntario del que estás de acuerdo pero que te niegas a aceptar. Como un acto que haces sin pensar en cuáles serían las consecuencias.

Dándose cuenta de que si juntaran los colores de sus ojos, el resultado sería un hermoso color cian aditivo.

El rizado, al cabo de unos segundos rodó los ojos nuevamente, acabando con el contacto visual, aunque no quisiera, y se alejó lo más que pudo de Louis, dándole su espacio personal.

Suspiró y volvió a hablar serio, pero con el mismo sarcasmo de la primera vez. —Te diré para qué vine. Pero tienes que prometerme qué no le dirás nada a nadie. —Susurró bajito, cada vez acercándose más al rostro de Louis, de nuevo.

—Esto es pura mierda. —Bufó, apartándose de Harry y volviendo a acostarse sobre su propia espalda. —Te dije que no te quería cerca. ¿Puedes irte, por favor? —Pidió con los ojos cerrados con fuerza, aguantando las inmensas ganas de dejar ir un par de lágrimas

—Tú me dijiste que me fuera, pero nunca que te dejara de hablar. Y no me iré porque tu madre me dejó a cargo de ti, otra vez. Entonces puedo estar aquí si se me da la puta gana.

—Sí, pero no aquí exactamente. Estás en mi habitación, en mí espacio personal. Vete.

—¿Qué parte de que tu madre te dejó en mis manos no entiendes? Louis, tengo derecho de estar aquí, contigo o sin ti.

—Pero estás invadiendo mi privacidad.

—Claro que no, sólo te despierto para que te des un baño, desayunes y vayamos a estudiar.

Exchange Student • L.SHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora