└➤ADVERTENCIA: CONTENIDO MATURE/SMUT
(ꜱᴍᴜᴛꜰɪᴄ)
ᴘʀᴏꜰᴇꜱᴏʀ ʀɪᴅᴅʟᴇ x ᴏᴄ
Elennor Tempest, alumna bajo el resguardo de la casa de Salazar Slytherin, inicia su último año en Hogwarts, año en que su nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras llega a...
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Él no sabía si podía llegar a sentir algo por ella. Realmente se imaginaba solo atracción; algo que había reprimido durante tanto tiempo, y normalmente él hubiera sentido insania.
Ella no se merecía esto, ella podía amar, y lo que menos quería escuchar de Elennor era que se había enamorado de él. Un frenesí de emociones se arraigó en su sistema, su mano llegó hasta el vaso de whisky y lo ingirió de un solo trago.
Suspiró frustrado dejando caer su pluma en el pergamino, manchó un poco con tinta el mismo, después de su última confesión a Elennor, ella había salido de ahí sin decir nada.
¿Qué esperas Riddle?.—se repetía, una y otra vez. Descuidando a su clase, se llevó el rollo a sus labios, dándole una calada.
Su mente nublada.
Y por primera vez, dudó de él mismo. No tenía algo elaborado ni mucho menos para decirle algo a Elennor, en algún momento debió reprenderse por fijarse en ella. Así que evitó a toda costa la simple palabra amor, y prosiguió con su clase.
El reloj marcaba dos minutos antes de las diez cuarenta. Soltó un nuevo suspiro, mientras esperaba ansiosamente a que la campanilla tintineara para poder tener un módulo libre.
Soltó la tiza en su escritorio, mientras reacomodaba algunos pergaminos en los cajoncillos. El timbre cantureó, musitó algo como es todo, señal de que el alumnado podía irse de la estancia.
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Estaba leyendo en el lago negro, un poco de Hamlet, el libro que había hurtado de la habitación de Tom. Le gustaba pasar tiempo a solas, con ella misma o simplemente perderse entre las acciones y movimientos de la gente de su alrededor.
—¡Por Merlín!.—chilló, al darse cuenta de que el almuerzo había iniciado. Salió como alma que lleva el diablo hacia el gran comedor. Desde ahí vio a la rubia junto a su novio, y al resto de su grupo.
A la par en que su vista caía en el rostro del azabache. Él ocultó su sonrisa con un chiste que le había contado el profesor de pociones. Tomó asiento a un lado de sus amigos.
El rostro de Barty irradió en vergüenza cuándo la vio, quizá si saltaba desde la torre de Astronomía se le quitaría su sonrojo.—Pero sí que ustedes se la pasaron bien, eh. Que hasta desaparecieron.—chilló Corie.
Su rostro estaba enrojecido.—De hecho yo me fui primero de ahí, Cor.—aclaró la castaña, dedicándole una mirada al castaño de yo me encargo de esto.
Barty le agradeció en silencio, ladeando su rostro.—Entonces ustedes dos, ¿no…?.—inquirió Corie, buscando que entendiesen la referencia.
—Merlín, no.—está vez respondió Crouch.
Bajo la situación ahora quién era el más avergonzado de aquello era Barty, ya que, tuvo que hacer su laborioso trabajo para aliviarse. Y aunque aquello no lo supiera nadie, él se sentía…extraño.