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El tiempo pasaba y las cosas seguían igual, con una monotonía que empezaba a sentirse pesada. Sin embargo, mi relación con Gojo se fortalecía. Cada vez pasábamos más tiempo juntos y, sorprendentemente, él resultaba ser una compañía realmente agradable.
El otro día fuimos a un recital y me divertí muchísimo. La música nos envolvió, y mientras bailábamos y reíamos, me di cuenta de lo fácil que era disfrutar de su compañía.
A pesar de todo esto, no podía evitar sentir un leve peso en mi pecho. Nanami me había mencionado que estaba molesto. Dijo que ya no pasábamos tanto tiempo juntos, algo que nunca me había dicho antes. Era raro que compartiera sus sentimientos conmigo; no estaba acostumbrada a verlo vulnerable. Pero, por otro lado, siempre había estado tan ocupado.
"Qué complicado eres, Nanami," pensé. A veces deseaba que pudiera abrirse más, que me dejara entrar en su mundo, pero cada vez que intentaba acercarme, parecía alejarse un poco más, él se ponía a la defensiva. Su silencio y su carga emocional eran difíciles de navegar, y yo, atrapada en este tira y afloja, no sabía cómo actuar.
Mientras tanto, Gojo seguía haciendo que todo pareciera simple. Era refrescante. Pero en el fondo, cada risa y cada momento compartido con él era un recordatorio de lo que había perdido, de lo que aún me mantenía unida a Nanami. ¿Era posible disfrutar de la compañía de uno sin sentir la culpa por el otro? La respuesta era un eco constante en mi cabeza, un sentimiento que no podía ignorar.