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3: Edward

Al mediodía del día siguiente, ambos jóvenes despertaron de su sueño.

- ¿Te quedarás a comer? - preguntó Harry bostezando.

- No lo sé, tengo que ver a que hora puede venir a buscarme mi vieja, la llamaré. - admitió Zayn y agarró su celular para después marcar a su madre.

- Yo iré preparando el desayuno, baja cuando termines. - le avisó Harry, el mayor asintió.

Mientras tanto, Louis se había despertado hace buen rato por sus dos hermanas gemelas, Daisy y Phoebe.

- Debes levantarte, dormilón. - le susurró Phoebe sentada en la cama.

- ¡Louis, despierta! Eres un perezoso, ya es muy tarde. - gritó su hermana Daisy.

Louis ante aquellos gritos, abrió los ojos encontrándose con Phoebe sentada a su lado mirándolo expectante.

Sus hermanas podían ser físicamente iguales, pero la personalidad de ambas era increíblemente diferente. Phoebe era dulce y delicidada, mientras que Daisy era ruidosa y alocada. Aún con estas notorias diferencias, las amaba a las dos sin importar qué.

- No volverán a despertarme más. - le advirtió a sus hermanas, y en un rápido movimiento, agarró a Phoebe y a Daisy y las tiró en su cama, para después empezar a hacerles cosquillas.

- Basta Lou. - se carcajeó Phoebe riendo a más no poder.

- Déjame enano, déjame. - gritaba Daisy tratando de escaparse pero se retorcía bajo las cosquillas de su hermano mayor.

- ¿Cómo me has dicho? - Louis detuvo sus manos, logrando que Phoebe escapará.

- ¡Soy libre! - chilló feliz y corrió hacía abajo.

- Tú no te escaparás, repite como me has llamado. - amenazó Louis jugando.

- Enano. - dijo Daisy entre risas.

Y era algo levemente cierto. Louis era de baja estatura para su edad, algo que lo hacía ver más chico, delicado y tierno.

- ¿Cómo? - le preguntó mientras que le hacía cosquillas.

- ¡Enano! - gritó la pequeña, haciendo incrementar las cosquillas.

- Repite lo que has dicho una vez más. - sonrió Louis divertido.

- ¡ENA...! - no pudo continuar con la palabra ya que Louis aumentó las cosquillas. - ¡Ba-basta, L-Lou! - se quejó mientras que lágrimas de risa rodaban por sus mejillas. - ¡No eres ningún enano, eres grande, MUY GRANDE! - chilló la niña, por lo cual Louis se detuvo.

- Muy bien enanita, ya terminó la sesión de cosquillas por hoy. - le dijo burlón, Daisy no se movió porque estaba exhausta.

- Te odio... - susurró apenas audible tratando de recuperar el oxígeno perdido.

- Yo sé que me amas. - le dio un beso en la frente y Daisy se pasó la palma de la mano borrando el rastro de saliva que dejó en su frente. - Vamos enana, tienes que levantarte. - se burló Louis tendiéndole una mano.

Daisy la agarró y se paró con su ayuda. Bajaron la escalera, para luego sentarse en la mesa a comer el desayuno, ambos con una enorme sonrisa en el rostro.

Era muy común que ellos comieran temprano, eran las 10:06 a.m y ellos estaban desayunando, mientras que en otras casas siguen durmiendo.

- ¿Qué eran todos esos gritos? - se quejó Mark malhumorado.

- Daisy tuvo una sesión de cosquillas, eso pasó. - sonrió inocentemente Louis, su madre negó divertida.

- Ya es hora de que madures y dejes de molestar a tus hermanas, ¿no crees? - le preguntó Mark a su hijo, se notaba que estaba enfadado.

Between Melodies《Larry Stylinson》Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora