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20: Entradas para el concierto

Llegó la hora del almuerzo para ambos chicos y mientras que Louis hacía la fila en la cafetería para comprar algo, Edward se encontraba sentado en una mesa, reservándola para tener un lugar donde ambos pudieran disfrutar de su comida.

No fue hasta que vio como varios chicos se le acercaban a Louis que reaccionó y se dirigió rápidamente a la escena.

- Así que ahora tienes una niñera, maricón. - mencionó Kian riéndose de él.

- ¿Cuánto le has pagado? - preguntó uno de sus secuaces, Aaron.

- Oh vamos Lou, ¿ahora te has vuelto mudo? ¿Algún putito te mordió la lengua y no puedes hablar por ello? - se burló James.

Louis quería realmente llorar ante lo que estaban diciendo, él no era como ellos decían. Le daba rabia que nadie en aquella fila lo ayudara, ¿dónde estaba Edward?

- Has estado faltando al colegio últimamente, hace mucho que no disfrutaba golpearte, creo que hoy merezco hacerlo, ¿no lo crees? - rió divertido Kian y Louis realmente quería escapar de ahí pero sabía que no lograría nada con sus muletas.

- Oye estúpido, ¿por qué no dejas a Louis en paz? - preguntó Ed acercándose peligrosamente.

- Miren, ha llegado la niñera. - se burló Kian, mientras que James y Aaron no parecían estar tan seguros de seguir molestando al chico como antes ahora que había aparecido Edward.

- ¿Quieres que la niñera te deje sin dientes? - gruñó Edward, logrando que Kian retroceda algunos pasos.

- Qué inútil de tu parte que tenga que venir a defenderte otro, Louis. - se burló por última vez Kian para luego dirigirse con sus amigos a alguna mesa.

- ¿Estás bien? - preguntó Edward preocupado, Louis no contestó y solamente esperó a su turno, el muchacho de ojos grises decidió no insistir más en el tema y se quedó a su lado en silencio.

Cuando Louis finalmente obtuvo su comida, Edward la agarró y siguió al más bajo, sin embargo, este no se dirigió a una mesa sino que salió de la cafetería.

- ¿A dónde vas? - preguntó confundido el más alto.

Louis siguió sin responder y se adentró al baño, seguido por Edward. El muchacho de orbes grisáceas no se vio venir la reacción del ojiazul, que estalló en lágrimas y se derrumbó con cuidado contra la pared.

- Hey, no, no llores, oye... - Edward suspiró, no sabiendo cómo afrontar la delicada situación. - ¿Qué sucede? No te golpearán más Louis, ¿por qué lloras? - preguntó.

- No hay nada más doloroso que el maltrato verbal. Hiere, ¿sabes? Que te acusen por hechos que no has vivido, ¡yo no soy lo que ellos dicen! No vendo mi maldito cuerpo a ningún hombre... Soy un chico, que a pesar de que le gustan los hombres, tiene sentimientos. - murmuró herido entre sollozos.

- Por supuesto que no eres nada de lo que ellos dicen, no dejes que te consuman la cabeza, no debe importarte lo que ellos digan de ti porque no saben nada. - explicó arrodillándose a su lado.

- Sin embargo me importa, me importa lo que los demás dicen de mí... - admitió triste, secándose las lágrimas.

- Me recuerdas a un primo mío que piensa igual... Lou, no permitas que ellos te hagan esto, porque es exactamente lo que ellos quieren, verte débil, y tú debes demostrarles que eres muy fuerte, ¿sabías que lo eres, cierto? - respondió, dejó la bolsa con la comida en el suelo para abrazarlo suavemente.

- Gracias. - susurró levemente avergonzado por la escena.

- No es nada, y que sepas que es el primer abrazo que doy por mi cuenta, deberías estar orgulloso de mí. - rió, contagiando a Louis.

Between Melodies《Larry Stylinson》Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora