Capítulo 12

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"Era tan sólo un ángel, perdido en un infierno.

                                              -Camila Pando."

LEER LA NOTA IMPORTANTÍSIMA AL FINAL.

Capítulo 12

                Sabía que había amanecido, pero me sentía tan cansada que no deseaba levantarme. Escuché una puerta abrirse y vi a Drew saliendo de la habitación, haciendo el menor ruido posible.

                Me revolví entre las sábanas hasta que terminé envuelta en ellas como un gusano de seda. Resoplé y me senté, aún cubierta. El cuarto no era el mío, era el de Drew. La noche anterior habíamos terminado conversando en el suyo hasta que me recosté y al parecer, por el olor de la almohada, también él.

                De repente, la realidad me golpeó de frente. Ya era de día, ¿y Frederik?

                Me levanté de un salto y corrí descalza. Atravesé el pasillo hasta encontrarme con el primero, donde se encontraban los dos demonios. El de pelo blanco y el de negro. Ambos tenían cara de no haber dormido así que supuse que ellos montaron guardia.

-¿Nada? –Cuestioné.

-No hemos tenido ninguna señal de Frederik. –Respondió uno de ellos.

                Como invocado, unos pasos se escucharon por la entrada. Ellos levantaron las armas, pero el que entró fue Frederik. Respiraba demasiado agitado y una vez entró, cayó al suelo. Sus alas aún estaban desplegadas.

                Me acerqué a él hasta quedar arrodillada a su lado. Tenía sudor por todo el rostro y algunas heridas.

-Frederik, ¿qué pasó?

                Su mirada se trabó con la mía y aguanté la respiración al ver sus ojos. Parecía que su iris se había expandido por toda su retina, sin dejar espacio a la parte blanca. De repente comenzó a temblar y tuve que sostenerlo de los hombros.

-Devi, lo siento. Logré escapar, ellos… estaba Jonah, planean un ataque contra nosotros. Aún no saben dónde estamos pero no tardarán en descubrirlo. Uno de ellos me encontró e intentó matarme pero… sólo logró usar algo de magia negra.

-Ya, silencio. Para de hablar.

                Coloqué mis manos en sus mejillas y repetí el proceso. Sentí cómo su respiración se normalizaba y de repente, me sentí demasiado cansada.

                Me dejé caer contra la pared, en la misma posición de Frederik. Apoyé la cabeza contra la roca y cerré los ojos. Mi boca estaba seca y fue demasiado obvio que había utilizada prácticamente todo el maná que me quedaba. Con la transformación a la habitación y esto… Estaba exhausta.

-¿Qué pasa? –Escuché a Daniel acercarse.

-Él tenía algo en los ojos… -Comentó uno de los guardias. –Devi lo curó.

-Si no me equivoco, has estado usando maná en todo, ¿cierto? –Reprochó y encogí los hombros.

                Pronto vi pasar al rubio del día anterior. Se sorprendió al verme en el suelo y miró a los demás dudando. En ese momento lo reconocí.

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