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Capítulo 8

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Recomendación musical para este capítulo: Akina Nakamori - AL-MAUJ (un personaje canta esta canción en una parte):

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Capítulo 8

Al amanecer Mu estaba sentado en la cama de su discípulo que aún dormía. Verlo respirar en un ritmo sereno le ayudaba a calmar los nervios. Le acarició suavemente el pelo; todavía era igual de sedoso a como lo tenía de bebé. Kiki balbuceó y abrazó más fuerte al señor Tanpoppo superhéroe.

Un escalofrío le bajó a Mu por la columna, hasta el estómago. Giró hacia la puerta y se encontró con la sonrisa de Shaka iluminada por los escasos rayos de sol que entraban por la ventana. Como si estuviera bajo el poder de un hechizo, Mu se levantó de la cama; sentía el cuerpo ligero, a cada paso creía que saldría volando y se reprochaba a sí mismo por ceder tan fácil.

—Shaka, buen día.

—Buen día, Mu. Te despertaste temprano.

—No tenía sueño... Además, ya casi es hora de que salga el equipo de la misión.

—Es verdad. Mejor empezá a prepararte.

—¿Para qué?

—¿Cómo para qué? ¿Acaso pensás despedir a Saga así nada más? Es una misión complicada, no sabemos qué pueda pasar. Al menos deberías despedirlo con una buena imagen.

Sin entender por completo las ideas de su amigo, Mu se dejó guiar por Shaka hasta su cuarto donde lo obligó a sentarse frente al espejo. El santo de Virgo revisó el armario, buscó accesorios y todo lo necesario para peinar a su compañero. Aunque quisiera quejarse, Mu lo disfrutaba. Sentía las caricias de Shaka en el pelo lo llevaban a los días felices de la infancia junto a su madre. La delicadeza de Shaka le recordaba mucho a ella, pero a la vez era muy distinta; en lugar de relajarlo al punto de quedarse dormido, las caricias lo obligaban a concentrarse para no sucumbir ante los sentimientos que debía olvidar. Sin embargo, el roce de los dedos en su nuca eran una unión muy íntima, algo melancólico mezclado con dulzura; le subían la temperatura y aumentaban el deseo de girarse y abrazarlo con fuerza.

Shaka terminó de trenzarle el pelo para luego ponerle la bufanda roja que le había dado en su cumpleaños. Le acomodó los mechones de los costados detrás de las orejas, los fijó con un par de invisibles. Luego llevó la trenza hacia adelante, con el accesorio que Mayura le había entregado el día anterior y dio un paso al costado para verlo mejor.

—¿Qué te parece?

—¿No es... demasiado?

—Ay, Mu. Ni que te hubiera maquillado. Solamente es un peinado distinto.

—Es que... —Se cubrió la boca con la bufanda— No estoy acostumbrado a verme así.

—¿Ah? —Shaka inclinó la cabeza.

—¿No me veo raro?

Los cachetes rojos y los ojos brillantes de Mu colmaron al santo de Virgo de ternura. Parecía un muñeco. Con una risita dijo:

—No entiendo de qué hablás. Para mí te ves bien. En serio.

—So-solamente lo decís para hacerme sentir bien.

—¿Desde cuándo Mu de Aries es tan inseguro? Si no fuera porque Aphrodite ya se adueñó del título al santo más hermoso, creo que ese serías vos.

Corazón de HerreroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora