Capítulo 8 "La mordida"

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Con la misma dificultad, me subí a Smile a la espalda, tomé sus bolsos y entré a la casa, agradecía haber llevado dinero encima joder, nunca hay que salir sin dinero, eso me decía mi madre

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Con la misma dificultad, me subí a Smile a la espalda, tomé sus bolsos y entré a la casa, agradecía haber llevado dinero encima joder, nunca hay que salir sin dinero, eso me decía mi madre.

Patee la reja para entrar y luego golpee con el pie la puerta, Tyler se sorprendió al verme llegar, vestía únicamente unos shorts, tenía el cabello húmedo, al parecer, recién tomó una ducha.

— ¿Me ayudas o te quedas ahí parado?

Completamente agotada.

— ¿Qué le pasó?

— Su madre es una hija de puta.

— Esa maldita bruja otra vez...

Quitándolo de mi espalda, cargándolo como princesa hasta el segundo piso, abrí la puerta de mi cuarto y mi cama, dejando que lo recostara ahí.

— ¿Han tenido problemas con su madre?

— Esa mujer es manipuladora y Smile demasiado bueno, no sabe decir que no, por eso siempre lo estafan o le pasa lo de hoy. Por esto no llegó a la reunión.

Observando las magulladuras de sus muñecas y cuello... que eran las más visibles.

— Lo cuidaré esta noche, tiene algo de fiebre — tocando su frente— ¿Puede quedarse?

— ¿Me preguntas si puede quedarse cuando ya está instalado en tu cama? — suspiró medio sonriente— Creo que necesita un lugar seguro por un tiempo, mientras tú te hagas cargo de él, por mí no hay problema.

— Me haré cargo de sus gastos también, no molestará.

— Hablando de gastos ¿Tus diamantes los tienes bien guardados? Yo no sé de los hábitos de Smile, muchos de mis chicos roban porque no tienen otra alternativa.

— Smile no me robaría — mirándolo mal— y sí, los tengo bien escondidos ya que el barrio es tan seguro que no puedo abrir las ventanas para ventilar el cuarto.

— Se nota que llegó a vivir una chica aquí, la casa completa apesta a perfume.

Moviendo su mano frente a su rostro, como si el aroma le desagradara.

— Es mejor que el olor a pizza rancia, calzoncillos y cerveza.

Contraatacando.

— Vivía solo, no tenía que preocuparme mucho por la limpie... ¿Qué estás haciendo?

Viendo cómo me quitaba la camiseta y los shorts.

— Me iré a bañar, apesto a sudor ajeno y estoy seguro de que tengo hijos de dudosa procedencia en el cabello.

Sintiéndolo pegajoso y lleno de nudos.

— Puedes hacer eso en el baño ¿Sabías?

— Podría, es cierto — tomando unas bragas limpias— Pero tú ni siquiera te percatas de mi presencia, así que no importa.

A dos pasos de tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora