Capítulo 4

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Amada mía, escrita por Yuleni Paredes. Actuaciones estelares de Candy y Albert (el verdadero príncipe de la colina) personajes protagónicos de la novela: Candy Candy, la historia definitiva de Keiko Nagita. Con la participación especial de Neal Lagan.

Capítulo 4

Annie y Luisa entraron a hurtadillas a la habitación de Candy.

—¡Rayos!, la laptop pide clave ¿Qué hacemos?

—Hmmm... Intenta con Paty y Annie.

—No, no es. Ya sé, déjame buscar un destornillador y le quitamos una piecita, así no prenderá; se verá obligada a pedir ayuda.

—¡Date prisa, no tardan en llegar!

Al transcurrir dos horas, Candy regresó. Luego de cenar, se sentó en la cama con su laptop, eran las 8 p.m., se angustió al ver que no prendía, sintió una opresión en el pecho. Faltaba tan solo un par de horas para enviar las carpetas administrativas a los accionistas más importantes del consorcio Ardlay. Por otra parte, Eliza se encontraba en compañía de su novio, quien le presentó a su amigo y socio Neal.

—No coman delante de los pobres —bromeó el invitado.

—Lo sentimos, Neal. Te teníamos una buena compañía, pero no pudo asistir...

—Quizás venga, señor Neal. Es mi hermana y es muy hermosa, tiene que verla. Tengo una mejor idea: venga a mi casa y se la presento.

Michael le hizo señas a su amigo para que aceptase la invitación.

—De acuerdo, vayamos.

—Es por acá, es un lugar humilde; pero bonito.

—Ya veo.

Ambos entraron a la residencia.

—Hermana, sal. Te presentaré a un amigo.

—¡Ahora no, Annie, estoy en serios problemas!

Neal se quedó sorprendido por la belleza de Candy, a su parecer, solo comparable con la diosa Afrodita. Se aclaró la garganta para recuperar el aliento.

—Señorita, diga ¿Cuál es su problema? De pronto, podría solucionarlo...

—Eh, ¡rayos! Mi computadora no funciona. Debo enviar a las 10 p.m. unos archivos, de caso contrario me despedirán.

—Puedo revisarla, soy ingeniero en sistemas computacionales.

—Candy, hazle caso, él sabe lo que hace —intervino Annie.

Sin más que acotar, Candy se sentó en el sofá a orar para que, en efecto, la computadora funcionara.

—Revisaré en mi auto si tengo una pieza que le pueda servir para arreglarla.

—¿Una pieza? Pero, ¿cómo se pudo haber dañado?

—Es frecuente que el flex del disco duro se dañe inesperadamente.

Al cabo de unos minutos, Neal regresó.

—Malas noticias: no encontré ningún flex, lo siento.

—¿Cómo? ¡Estoy acabada! —Candy se llevó las manos a la cabeza. En ese momento, Kelly le repicó el celular.

—Candy, estoy fuera de la ciudad; sin embargo, te llamo para recordarte lo que debes hacer a las 10 de la noche. Todos estarán atentos. ¿Entendido?

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