Capítulo 5

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Amada mía, escrita por Yuleni Paredes. Actuaciones estelares de Candy y Albert (el verdadero príncipe de la colina) personajes protagónicos de la novela: Candy Candy, la historia definitiva de Keiko Nagita. Con la participación especial de Neal Lagan.

Capítulo 5

Personajes de Mizuki e Igarashi.

—Soy Candy.

Albert al escuchar esa voz angelical acompañada del sutil roce de manos, sintió repentinamente un escalofrío que le recorrió la columna, tuvo que hacer aplomo de sus sensaciones para mantener el equilibrio, pues era una sensación extraña que jamás había sentido. Aclarándose la garganta volteó.

No obstante, a Candy le agradó el suave aroma a menta fresca que emanaba aquel hombre rubio de ojos azul cielo. Sonrojada, disimuló la reacción que tuvo al verle el rostro.

La tía Elroy, por el rabillo del ojo, contempló la escena.

Mientras, Georges optó por preguntar:

—¿Dónde está Kelly?

Albert dejó de sostener a su tía para agarrar con ambas manos el vaso con agua que le ofrecía Candy.

—¡Auch! — expresó Elroy al golpearse la cabeza con el reposabrazos.

—¡Tía, perdón, no quise soltarla!

—¿Madame Elroy, ha recuperado la consciencia (nuevamente)?

Ella levantándose con ayuda de su sobrino dijo:

—Sí, de seguro debió ser el perfume de la señorita que me hizo volver en sí. Por cierto, es muy linda ¿verdad, William?

—Sí, claro, es muy linda.

A Candy le agradó la respuesta del patriarca de los Ardlay.

—Me extraña la ausencia de Kelly, ¿usted es...? —inquirió Georges.

—Soy Candy White, la nueva asistente de presidencia. Ella tuvo que ir personalmente a buscar unos documentos.

—Pensé que ese cargo sería de Kelly, se requiere de ex...

—Deja de acosarla, Georges. Más bien pongámonos a trabajar. Haremos el lanzamiento del whisky más antiguo dentro de tres semanas. Tiene 400 años, fue descubierto en una de las villas de Escocia. Este hallazgo aumentará el número de inversores. Quieren probar el sutil aroma del agua de la vida. Con ese dinero, William, podrás auspiciar más orfanatos.

La noticia dibujó en el rostro de Albert una gran sonrisa, Candy se contagió con la felicidad de aquel chico.

—Señores, disculpen que interrumpa. Necesito a la señorita White —dijo Kelly, la cual entró sin tocar.

Candy, educadamente, pidió permiso para retirarse a continuar con sus funciones de asistente de presidencia.

—¿Y bien? —expresó la tía Elroy cuando se quedaron a solas.

—¿Y bien qué? —replicó Albert.

—Tu asistente. ¿Qué te parece?

—A simple vista es una chica dulce, amable e inteligente; pero, pensé que sería Kelly mi asistente: lleva tiempo laborando con nosotros y conoce mejor que nadie el manejo de nuestros archivos.

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