Capítulo 15

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Amada mía, escrita por Yuleni Paredes. Actuaciones estelares de Candy y Albert (el verdadero príncipe de la colina) personajes protagónicos de la novela: Candy Candy, la historia definitiva de Keiko Nagita. Con la participación especial de Neal Lagan.

Capítulo 15

─Necesito hablar contigo. Por favor, te ruego que me acompañes a una zona más tranquila.

─Está bien, vayamos.

Albert le ofreció su brazo a Candy para que caminase junto a él, sin riesgo a caerse por la rocosidad del piso.

Llegaron hasta un lago, que la sorprendió debido al espectáculo visual que se apreciaba ante sus ojos.

─Candy, ve este lugar ─dijo él, soltándola sutilmente para caminar hasta la orilla del lago ─es hermoso─ ella lo escuchaba sin quitar su mirada de aquel maravilloso paisaje nocturno que se lucía ante ella─. La luna resplandece más que nunca.

─Sí ─afirmó embelesada.

─Oh, Candy ─musitó, acercándose a ella, alzándole delicadamente la quijada, la miró a los ojos con ternura para decirle─: creerías que la luna tiene luz propia; pero en realidad brilla gracias al sol, pues el sol se refleja en ella. Nosotros brillamos gracias a nuestro Dios que se refleja en nuestras acciones. No podemos poner a nadie por encima de Él...; aunque quisiera, nunca podría. Él es nuestro guía, es nuestro todo... Quisiera decirte que...; pero... es difícil... Hoy no será...Candy, quisiera que... Ven, te quiero mostrar otro lugar...

Tomados de la mano, se trasladaron a una parte más alejada. Desde allí, se visualizó mejor la luna rodeada de múltiples estrellas: grandes y chicas. A simple vista, parecían que estaban cerca, fácil de tocar con la punta del dedo índice. Tales luceros se proyectaban en el agua pura y cristalina del lago. Estaban en una especie de colina. Candy, con un leve presentimiento, sin importarle nada, le pidió un único deseo:

─Señor William, quisiera que me abrazara ─él cedió a su petición; pero antes se quitó el saco para colocarlo en el piso, para que ella se sentara; aunque fuese por unos breves minutos.

Acurrucados sobre la hierba, se miraron por unos breves segundos a los ojos y se abrazaron tiernamente sin un mínimo de separación entre ellos. Cada uno percibía la fragancia del otro. Ella se aferró a la calidez de su pecho y él la envolvió entre sus brazos. Se quedaron dormidos. Él quería estar así por el resto de su vida y ella, también; pero tristemente, debían regresar a la realidad. Él un hombre de Dios y ella una mujer que debía velar por la seguridad de sus hermanas.

El suave ruido producido por las olas, aunado a la delicada brisa que chocaba contra el agua, despertó poco a poco dos corazones entrelazados por el destino. Las aves hicieron su aparición ante el rey dorado. Ahora, el paisaje de una hermosa noche fue suplantada por el cielo azul claro despejado, que bien se podría confundir con los ojos de ese represéntate de Dios en la iglesia; mientras, el color del suave pasto se confundía con los ojos de la dulce damisela que yacía junto a él. Lentamente, se separaron.

─Ama-neció ─comentó con voz baja, a la vez, que se estrujaba sutilmente los ojos para despertar. Luego, ayudó a Candy a pararse. Le quitó algunas hojas que se le habían adherido al vestido. Sus miradas, nuevamente, se cruzaron por unos breves segundos. Sintieron la necesidad de sentir los labios del otro. El móvil de Albert sonó─: atenderé ─indicó él, al tiempo que Candy asentía con la mirada─. Buenos días...

─Señor, buenos días, le llamamos para confirmar su viaje con destino a Italia.

─Llegaré en una hora.

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⏰ Última actualización: Jan 06, 2022 ⏰

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