Amada mía, escrita por Yuleni Paredes. Actuaciones estelares de Candy y Albert (el verdadero príncipe de la colina) personajes protagónicos de la novela: Candy Candy, la historia definitiva de Keiko Nagita. Con la participación especial de Neal Lagan.
Capítulo 8
─Lo siento, fue sin intención ─se había disculpado Candy.
─Descuida, ¿es la primera vez qué viajas en avión?
─Sí ─contestó sonrojada.
─Avisaré a una de las azafatas para que te dé un tranquilizante.
─Mil gracias, no se preocupe. Creo que podré soportar el viaje.
─¿Segura?
─Claro... ¡¿Por qué se tambaleó?! ─expresó angustiada, tras sentir el despegar del avión.
Él le tomó de la mano y le dijo:
─Relájate. Es normal sentir un vacío en el estómago. Mejor te busco el tranquilizante ─habló con una dulce sonrisa.
─Está bien ─aceptó desviando la mirada y frotándose las manos.
Como efecto secundario del ansiolítico, Candy se durmió encima del pecho de Albert. Él le contempló el rostro; mientras, pensó: "qué mujer tan bella", seguidamente le besó la frente.
Luego de llegar a suelo escocés, él la encargó en brazos.
─¿Y ella es tu asistente? ─le preguntó Georges divertido por la situación, quien tenía días de haberse instalado en el hotel para hacer los preparativos necesarios en la subasta más importante de los últimos tiempos.
─Sí, la llevaré a su habitación.
Cinco horas después, ella despertaba.
─Ay, dormí demasiado ¿En dónde estoy? ¿Y este sitio tan elegante? "Castillo Escocia Imperial" ─había leído un folleto que estaba justo en la mesita del lado de la cama; seguidamente, se levantó y caminó hacia el balcón, donde observó un paisaje inimaginable.
Alrededor, un inmenso río con embarcaciones estacionadas a la orilla del muelle. Candy no podía con tanta alegría; además, visualizó un inmenso rosedal multicolor, apreciando un cielo despejado que invitaba a perderse en su belleza.
─¡Oh, esto es maravilloso! ¿Será que fallecí y estoy en el paraíso?
─Señorita, White.
─¡¿Ah?!
─Soy la mucama, le hemos traído por orden de la señora Elroy: vestidos, zapatillas, joyas y perfumes.
─¡¿Me lo descontarán?! No puedo darme el lujo de mal gastar el dinero.
─Señorita, usted es la asistente del presidente de la empresa, por tanto debe estar acorde a la situación ─le explicó con cierto fastidio, pues tenía todo el día limpiando y trapeando las habitaciones del hotel─. Por favor, entre a la tina. Tiene menos de una hora para estar lista, hoy será la apertura de la fiesta étnica ─Candy, sin más, obedeció.
En el cubículo del hotel, Albert vestía su típico traje negro, conversaba en gaélico con el señor McGregor.
─Hablé con tu asistente, ella está al tanto de la empresa encargada del transporte de los Whiskys ─ anticipándose a lo que el joven patriarca iba a decir, preguntó─: ¿Desconfías de mí? Por el contrario, yo debería de ser el desconfiado. Te recuerdo que tú no eres como los otros Ardlay que sí recibieron asesoría directa de su predecesor.
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Amada mía
DragosteÉl solo quería servir a Dios; Elroy solo quería asegurar la continuidad de su familia y Candy, la chica perfecta para lograrlo.
