Amada mía, escrita por Yuleni Paredes. Actuaciones estelares de Candy y Albert (el verdadero príncipe de la colina) personajes protagónicos de la novela: Candy Candy, la historia definitiva de Keiko Nagita. Con la participación especial de Neal Lagan.
Capítulo 6
Personajes de Mizuki e Igarashi.
Albert entró a la sala de juntas, se iba a sentar en la silla que le corresponde como accionista mayoritario cuando se percató de que faltaba el asiento de su asistente. De inmediato, uno de los socios le cedió su lugar a Candy al leer en los ojos de él su inconformidad derivada a la desatención que tuvieron con ella. Neal, por su parte, se embelesó debido a la compañía femenina del joven patriarca.
—Buenos días, estamos reunidos para finiquitar lo concerniente a la celebración de la semana del Whisky. Fiesta escocesa que se ha llevado a cabo por más de dos siglos, ocasión que permitirá subastar la botella de Whisky más antigua. ¿Qué planes de rentabilidad plantean? —inquirió Albert.
Raymond Lagan carraspeó para tomar la palabra.
—Louis Moinet tiene una idea exótica para confeccionar uno de sus relojes que saldrá a la venta en verano de este año.
—Es una magnífica noticia, teniendo en consideración que se ha asociado a Soluciones Patrimoniales, una empresa polaca fabricante de colecciones de lujo —intervino Arturo.
—Querrán apoderarse del whisky como dé lugar. Mis informantes me han dicho que venderán veinte relojes valorizados cada uno en cuarenta millones de dólares—Candy al oír ese monto casi se le desorbitaron los ojos, disimuló su impresión—. El reloj será de oro, contendrá una gota de este valioso líquido... Iniciaremos la subasta en 25 millones de dolores —explicaba Raymond Legan con naturalidad, como si la cantidad monetaria establecida fuese el normalmente usado para comprar chicles baratos en la tienda.
Mientras, la rubia de ojos verdes permanecía perdida en su asombro; pues no podía creer que un simple líquido tuviera tanto valor y pensar que con ese dinero podría mantener toda una comunidad durante siglos y ellos en cambio ahí absortos en sus negociaciones como si se tratara de cualquier cifra con la que se paga el transporte público, por lo que Candy pensó: "Tiene razón Albert, tienen cara de Póker". Una risilla de sus labios se le escapó, lo cual llamó la atención de Raymond: un hombre frío y calculador, quien trató de disimular su indignación ante el atrevimiento de la chiquilla como de seguro le hubiese llamado de no ser porque es la acompañante del jefe del clan Ardlay.
Candy buscó la forma de ocultar su imprudencia; sin embargo, los asociados seguían conversando como si nada. Repentinamente, sin explicación alguna, uno de los accionistas se reveló contra Albert: nada más y nada menos que un octogenario.
—Es increíble que tengamos que rendirle cuentas a un muchachito. No deberías de ocupar ese lugar, te queda muy grande. Estás ahí solo porque eres hijo... el heredero de quien fue en vida el hombre más poderoso de Escocia.
—Abuelo, no es momento para discutir, ha demostrado ser eficiente —dijo Arturo.
—¡Cállate! En otra época, se tomaba en cuenta la experiencia. Díganme, ¡qué experiencia tiene ese muchachito? Los conocimientos que tiene se derivan de los libros y del poder de su apellido...
—¡Abuelo, basta!
—Soy el único que tiene los pantalones para decirle a ese muchachito la verdad; si no fuera por tu apellido: ¡serías nadie!
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Amada mía
RomanceÉl solo quería servir a Dios; Elroy solo quería asegurar la continuidad de su familia y Candy, la chica perfecta para lograrlo.
