Amada mía, escrita por Yuleni Paredes. Actuaciones estelares de Candy y Albert (el verdadero príncipe de la colina) personajes protagónicos de la novela: Candy Candy, la historia definitiva de Keiko Nagita. Con la participación especial de Neal Lagan.
Capítulo 14
Albert marcaba al clérigo, cuando sus pensamientos viajaron a aquel instante en que sus manos recorrieron la suave y dulce piel de su amada Candy. Soltó de inmediato el teléfono, necesitaba sincerar sus emociones.
"Esto no me puede estar pasando, debo irme de aquí enseguida. El mal me tentó y cedí de la manera más cobarde. Jamás volverá a pasar. Mi amor por Dios debe estar por encima de cualquiera". Pensó, apretando los puños con fuerza, a la vez, que golpeó fuertemente el escritorio de su dormitorio, para ahogar su frustración.
Decidido a marcharse, marcó al número telefónico de Georges:
─¿William?
─Georges, debo irme pronto. Por favor, habla con la señorita White. Quiero que investigues sus necesidades económicas, de salud, las que tenga. Es importante de que nos aseguremos de su bienestar. Aspiro que sea una mujer de provecho, quiero que sea feliz ante todo.
─¿A qué viene ese repentino interés?
─Es una chica amable.
─Muy bien, enseguida me pongo al corriente de la hoja de vida de la señorita White.
─Gracias.
Luego de colgar la llamada, salió al balcón. Se restregó la cara y enfocó su mirada en el cielo como buscando la solución a su situación terrenal.
Por otro lado, Candy recordaba el momento en que su cuerpo sintió los labios y las manos de un hombre. Nunca olvidaría a Albert.
─Está exquisito el ponche, pruébalo... es gratis ja, ja, ja ─le dijo Neal.
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─Claro, es delicioso. Tengo entendido que lleva Wiski. Prefiero abstenerme, podría dejar mal a la corporación Ardlay.
─Descuida, mi tío es el dueño. Jamás permitiría que mi futura esposa sea despedida.
─¿Ah?
─Es broma ─dijo guiñándole un ojo─, soñar no cuesta nada. Sabes, dicen que si sueñas más de una vez lo mismo: se te hará realidad ─tal comentario incomodó un poco a su interlocutora─. Por cierto, falta poco para el cumpleaños de tu hermana, sé que la otra vez te enojaste porque la malcríe...
─Ella tiene que aprender a vivir con lo que tengamos. ¿Qué haré el día que se me dificulte cumplir sus caprichos? Se pondrá peor, será más malcriada. Trato de entenderla, es la que menos disfrutó de la compañía de mis padres, apenas si tendría tres años cuando mi papá falleció.
─Es triste perder un ser querido. Tuve un primo, se llamaba Anthony. Tendría 15 años en aquel entonces, cuando él al caer de su caballo, murió. Todos quedamos devastados, aunque acepto que de cierto modo le tenía celos; incluso, después de su muerte ─agachando la cabeza, añadió─: me vestí con su ropa. Me comporté de forma indebida. Me arrepiento de mi comportamiento inescrupuloso. Quiero ser mejor persona, quiero contribuir con el bienestar de los demás. Lo más hermoso que puede hacer un ser humano... es perder la vida salvando a otros. Sólo así justificaríamos nuestro existir, dejar a un lado las envidias, la codicia. Yo las viví, y, es vergonzoso experimentar esa clase de sentimientos que únicamente te generan en sí: empobrecimiento espiritual. Tuve una novia: Daysi, una hermosa chica, en su momento desvaloré su amor y heme aquí, solo. Un hombre necesita compañía, tener con quien hablar, compartir, estabilidad emocional. Tú eres tan... dulce e inteligente, sobre todo, luchadora.
─No sé qué decirte...
─¿Podemos ir a la fuente de agua? Están a punto de lanzar los fuegos artificiales.
─Muy bien, vamos.
─Sentémonos, espero no haberte aburrido con mi pequeño monólogo.
─No, para nada. Me parece bien que hayas aceptado tus errores. Estoy segura de que Dios verá tu arrepentimiento.
─¿Alguna vez has sentido que Dios te ha abandonado, qué te ha quitado algo que por derecho te pertenece?
─Cuando mi madre falleció, por un momento le reproché. Luego me di cuenta de
que la muerte es parte de la vida. Estoy segura que tu primo te perdonó.
─Gracias, Candy. Tus palabras me reconfortan ─ambos se abrazaron, a lo lejos, Albert miró la escena.
─Señor, ya todo está listo ¿Nos vamos? ─le preguntó el chofer.
─Espere, iré con mi sobrino un momento.
Candy y Neal se separaron:
─Ya parezco un niño llorón ─rieron por unos segundos.
─¿Interrumpo?
─Indudablemente, que no. Qué bueno que estés presente, así de una vez nos casas. Te imaginas: Candy con su traje de novia, con su bello y encantador vestido de blanco pureza, y yo vestido con mi smoking, esperándola, lleno de júbilo en el altar y tú ahí parado, en medio de nosotros, oficiando la misa nupcial, ja, ja, ja. Es broma. ¿Por qué ponen esas caras? Siempre me he preguntado: ¿por qué las damas visten de blanco; mientras que nosotros, los hombres de negro, como si fuéramos a un funeral? ¿Tú qué dices tío: cuántos matrimonios oficiaste?
─Hijo, te he estado buscando por todas partes ¡¿Ya andas de Don JuanTenerio con la asistente de William!? Vámonos, ya tendrás tiempo para estar junto a ella.
─De acuerdo. Me voy preciosa; pero volveré ─se despidió de Candy, dándole un beso en los nudillos que la hizo sonrojar─. Espero verte mañana para irnos juntos, muero por celebrar los quince años de tu hermana y celebrar también tu cumpleaños, que es el mismo día. Te encantará lo que te he comprado, espero me lo aceptes.
Albert, después de que Neal se marchó, se acercó a Candy con firmeza, mirándola directo a los ojos, sin titubeo le habló:
─Candy, sé que he sido el único que ha tocado tu piel ─dijo acariciándole la mejilla con el dorso de su mano. Ella sintió mariposas en el estómago, debido a ese sutil contacto─. Eres una dama gentil y honorable. Nunca cambies. Sigue siendo la dulce chica que respeto y admiro. Es mejor que te alejes de los hombres, que se puedan aprovechar de tu bondad. Quizá, sea el menos indicado para decirte esto; pero, quiero que te hagas respetar ─alejándose un poco de ella con cierta vergüenza, agregó─: me voy a ir está noche. Georges te apoyará en todo los aspectos económicos, para que lleves una vida sin problemas. Me haré responsable de lo que te hice. Siempre contarás con mi apoyo.
─Neal es un amigo ─expresó con hilo de voz.
─Lo sé, pero tiene otras intenciones contigo. Elige bien. Candy, vamos a otro lugar. Necesito...
Continuará.
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