GIANNY 17
---Sí que estoy gorda.- Masculló Candy mientras se llevaba el jugo de naranja a la boca y bebía un sorbo. Una brillante sandalia negra colgaba de los dedos de su pie derecho mientras la balanceaba. Por encima del borde del vaso observó el auto que pasaba lentamente por delante de ella traqueteando y expulsando un montón de humo negro, algunas arrugas se formaron en su frente y se preguntó si no habría sido un error sentarse ahí.
Desde esa mesita tenía una vista muy clara de cualquiera que se dirigiera hacia la barra del antiguo bar de jazz. La música del saxofón se deslizaba a través de las puertas abiertas y llenaba el elegante local. Alrededor de ella, las parejas hablaban de lo mismo que la mayoría de los habitantes: lluvia, café y calentamiento Global. Volvió a poner la bebida en la mesa y echó un vistazo al reloj.
---¡Terry!...¿Dónde estás?.- Se dijo a sí misma mientras se calzaba con brusquedad la sandalia. Era viernes por la noche. Y, para variar, no había tenido el estómago suficientemente estable para ir trabajar, pero si la fuerza necesaria para poder arreglarse, pintarse los labios y los ojos, incluso se había puesto un vestido. Un bonito vestido negro sin absolutamente nada debajo, lo que provocaba que ahora sintiera el trasero congelado.
Molesta volvió a mirar su reloj, cogiendo su bolso se dispuso a retirarse y recordó que normalmente no llevaba bolso, Terry se encargaba de cogerle las cosas y guardarlas por ella, pero esa noche no tenía dónde llevar el dinero; ni las llaves, ni siquiera tenía ropa interior donde guardarlas . Cogió un billete de diez y lo dejó sobre la mesa. No iba a esperarlo más. No estaba tan desesperada.
Bueno... si lo estaba pero no se lo iba a hacer saber.
—Hola, ¿qué hace una chica como tú en un sitio como éste?
Candy levantó la mirada y abrió la boca para decirle al indeseable que se esfumara. Pero en vez de eso frunció el ceño y soltó.
—Gracioso...¿es hora de venir ? ...llevo horas esperando.
Terry se rió y se dirigió a los hombres que iban con él.
---Bueno chicos mi esposa está furiosa.- Dijo cogiendo una silla de la mesa de Candy.- Fue un gusto haberlos visto y nos vemos luego.
Candy se despidió de ellos con un gesto más que forzado y observó cómo Terry rodeaba la mesa y agarró su bolso.
----Ya me iba.
----¿Por qué si yo recién llego?.- Pregunto travieso .- Vamos muñeca no me hagas sentir culpable y tómate una copa.- Candy lo miro en silencio.- Bueno un vaso de jugo.
----No.
----¿Por qué no?
«Porque me estoy congelando», pensó.
----¿Por qué iba a querer hacerlo? Llegaste tarde, cumpliste tu horario de espera y esta cenicienta se retira, nos vemos en casa.
----Se me hizo tarde Candy.- Dijo en tono de culpa.- Iba de salida y llegaba otro y otro y no dejaban de llegar y viniendo para acá me encontré con los chicos y bueno...para que más te sigo hablando si ya lo viste.
---Tu excusa es que otros llamaron más tu atención, no es cierto.- Dijo mientras se volvía a sentar y cruzaba los brazos.
-----No dije eso, dije que el destino quiso que hoy fueras tú la que esperara por mi cariño.
Candy lo miro y sintió esos deseos de sentarse sobre sus faldas y mostrarle como lo había estado esperando durante todo ese tiempo, sin bragas y ahora congelada de frio, pero justo en ese momento una camarera pelirroja se acercó a la mesa y comenzó a coquetear con su esposo.
ESTÁS LEYENDO
¿QUIERES JUGAR?
FanfictionTe invito a ser parte de este juego, la única regla es no enamorarse.
