Jennette.
El aroma y la fragancia de ingredientes pigmentaba el alrededor.
Se sentía bien ir a su lado, se sentía bien por un segundo dejar de preocuparte por lo que los demás dijeran y hicieran e ir por allí vagando sin saber a dónde ir.
- Es agradable este sitio- dije. A pesar de vivir en la ciudad ya no creía que en la existencia de esos lugares donde hubiera tranquilidad y paz.
Las aves flotaban libres en el cielo, los pajarillos gorgoreaban entre la arboleda y nosotros llevábamos tres minutos caminando desde que aparcamos la bicicleta.
- Lo sé, por eso es aquí donde vengo cada receso- admitió.
Al fin se lo dijo, él si aprovechaba esos minutos fuera del instituto, no como todos los demás.
-Bueno en sí, aquí - recalco señalando una rústica cafetería que sin haberme dado cuenta ya estábamos a dos metros de la puerta.
- Entonces aquí es ¿dónde vamos a desayunar verdad?- señale, para que cumpliera con mi futuro desayuno.
- Claro que si- dijo mientras se dirigía a la puerta y la abría -. Después de ti.
Al entrar vi un lugar sencillo pero hermoso, algunas cosas son mejores así cuando lo hermoso se esconde a través de lo sencillo.
- Gracias- le agradecí una vez que entramos.
La mesa que escogimos estaba situada donde se encontraban pinturas elaboradas con técnicas originales.
- Voy a pedir, ¿tú qué vas a querer?- se levantó de la mesa esperando mi respuesta.
-¿Qué me recomiendas?-le pregunte con aire pensativo.
- Está bien, permíteme sorprenderte- Y se fue.
La tarde se evaporó en cuestión de minutos.
Disfrutar de un atardecer con aquella persona con quien piensas que es diferente al resto y que el destino lo puso en tu camino para probarte que la felicidad existe. Aunque solo sean unos segundos los que esta resplandece en nosotros, tan efímera como nosotros mismos.
-¿Qué te parece si hacemos un juego?- dijo Thomas inesperadamente.
-¿Cual juego?-conteste sorprendida ante su proposición.
-Bueno, consiste en que contarnos un secreto hasta que no quede ninguno entre nosotros- dijo y por primera vez veía ese brillo en su mirada, que me decía que ese segundo de emoción resplandecía en él.
- No lo sé, es muy arriesgado-. Seria genial conocer sus secretos pero sentía que mis secretos multiplicaban a los suyos.
-Bueno para que aceptes inicio yo-. Se puso pensativo unos segundos y dijo -. Cuando era pequeño yo tenía una obsesión con las ranas que fue tan alta aquella adicción que salía todas las noches a buscarlas y atraparlas para ponerlas en mis frascos y luego verlas fijamente. Aunque nunca se lo conté a nadie, ese era un secreto entre las ranas y yo.
-Demasiado raro- dije sin poder evitar reírme, imaginaba a aquel pequeño, en esas noches de obsesión por las ranas.
-Es tu turno, prometo no reírme como tú lo hiciste- señalo Thomas. Iniciaría con simples cosas tal como él lo había hecho.
-Bueno yo también cuando era más joven tenía una obsesión por irme a vivir a Japón, mi sueño era ese y escribir historias para hacerlas manga.- ¿Es tonto verdad?
-Creo que es genial, ¿por qué abandonaste ese sueño?- pregunto desconcertado.
Respuesta complicada, todo eso implicaba mi antigua yo y no a la que era actualmente.
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Primera Impresión ©
RomanceTodos en algún punto crucial de nuestras vidas nos hemos cansado de ser quienes somos. Exactamente eso fue lo que le sucedió a esta chica; inteligente, pero no demasiado para darse cuenta de la grandeza en ella y valiente, pero no tanto como para en...