Capítulo 10. Recuerdos

161 7 1
                                    

Todo lo nuestro empezó una mañana cualquiera del 2004, yo iba caminando con mi familia por el bosque, recuerdo que íbamos a buscar miel, de repente vimos una sombra entre los árboles, mi familia creía que se trataba de algún monstruo, pero yo me acerqué, vi que era una persona, de hecho, no de un tamaño muy grande, y que parecía que llevaba días sin comer o cambiarse de ropa.

Yo fui el primero en hablar, le pregunté si tenía familia, o si se había perdido, él solo asintió con la cabeza, parecía bastante tímido. Mi familia le dijo que podía quedarse con nosotros, nos dijo que sí y que muchas gracias, él ayudaría en casa y encontraría trabajos que hacer, ahí fue la primera vez que lo oía hablar, por su acento no parecía que fuera de los alrededores, nadie se atrevió nunca a preguntarle que le había pasado o por qué lo encontramos en medio del bosque.
Pasaron los años, y él y yo nos hicimos mejores amigos, pasábamos todo el día juntos, reíamos con cualquier tontería, llorábamos por cualquier otra, éramos inseparables. Al menos, hasta que llegó Willy, mi amigo de la escuela.

He de admitir que sentía celos de Willy, pero eso me dio mucho de pensar, es decir, ¿por qué iba a sentir celos de que Vegetta hiciera más amigos, si fui yo el que se lo presenté? Ese día me di cuenta de que quería a Vegetta como algo más que como un amigo, como alguien con quien compartir el resto de mi vida.

No sabía que hacer y como no, fui a preguntarle a Alexby, como cada vez que tenía una duda y Veg no podía resolverla.

—¡Alexby! ¿estás en casa?—Alex seguía viviendo con sus padres, al igual que todos nosotros— ¿Alexby?

—Rubius, Alex no está en casa, se a ido con Fargan hace un rato, si quieres quédate a esperarlo, ya tiene que estar de vuelta— me dijo su madre.

—No, no se preocupe voy a mi casa y lo veo otro dí- —Alexby entró por la puerta.

—¡Adiós Fargan!, ¡mamá ya estoy en casa!—el chico aún no había visto a Rubius.

Alex fue en busca de algo para picar a la cocina, todavía no había pasado por el salón, dónde se encontraban su madre y Rubius.

—¡Alejandro! ¡Te tengo dicho que nada de picar entre horas!—le gritó su madre—ven al salón, tienes visita.

—¿visita? ¡Ah Rubius!, ¿qué te trae por aquí?— dijo Alexby.

—¿Acaso estás ciego Alejandro, no ves que el chico está enamorado?—su madre nos sorprendió a ambos— Y bien, ¿quién es el afortunado?

—¡Mamá!—

—¿Qué pasa? ¿Ya no puedo ni hablar en mi casa?—dijo muy ofendida su madre.

—Rubius anda, vamos a otro sitio más tranquilo— Alex me empezó a tirar del brazo.

Una vez llegamos a un parque, le conté lo que tanto tiempo llevaba pensando, me dijo que él no podía decidir por mi , y obviamente nuestras opiniones podían ser diferentes, pero él pensaba que sería mejor que se lo dijese cuando fuéramos un poco más mayores, así que decidí seguir su consejo.

Pasaron 9 años desde que empecé a sentir aquello por Vegetta, las cosas habían cambiado, aunque para bien, supongo.

Conocimos a más chicos que pertenecían a familias de piratas, todos pasamos a estar en la misma clase en la escuela y allí nos hicimos amigos, Veg empezó a destacar por sus buenas notas y buen comportamiento, cosa que lo beneficiaría dentro de unos años ascendiéndolo a ser uno de los piratas más respetados, Fargan no era muy bueno en clase y de no ser por la ayuda de Alexby, habría repetido un par de veces, Willly y yo ese año nos hicimos más cercanos, y a finales de curso le conté lo que sentía por Vegetta, me dijo que no me preocupara por él, porque solo lo veía como un amigo.

Cuando cumplimos los 18, nos trasladaron a todos a una isla separada de nuestras familias para que nos formáramos como piratas, a cada familia se le ofrecía una casa, por lo que Vegetta y yo, al haber vivido juntos casi toda la vida, sólo nos correspondía una casa.

Pensé durante varios días, incluso semanas, que hacer o decir sobre aquel tema que no me dejaba dormir, y acabé decidiendo que lo mejor era no ocultarle más mis sentimientos, y un día, como cualquier otro, me levanté de mi cama y salí hacia el jardín, tal y como pensaba, allí estaba él, plantando flores.

—Toma, una flor para otra flor—le dije ofreciéndole una flor que aún no había plantado.

—Gracias—respondió sonriente—¿me podrías pasar aquella maceta de ahí?

—Claro—le pasé lo que me había pedido—oye, Vege, te tengo que decir algo.

—¿Acaso nos pusieron una mina? ¿una plaga de ratas? ¿has parti- —Rubius lo interrumpió.

—No tiene nada que ver con eso Vegetta—Rubius se estaba poniendo rojo.

—¿Te has hecho daño? déjame ver, no parece que tengas fiebre—Vegetta le tomó la temperatura y revisó que no tuviera heridas.

—Tampoco eso—

—¿Acaso has matado a alguien? Siempre nos queda esconderlo en el sótano...—

—Nada que ver—

—¿Entonces?—Veg ya no sabía que más podía pasarle.

—Vegetta...Yo...Yo...Te quiero Vegetta...Sólo era eso...—El chico miraba al suelo para evitar que el otro viera que estaba como un tomate.

—Serás tontito, Doblas— En la cara de triple 7 se podía ver una sonrisa muy agradable en la que se reflejaba su actitud tranquila.

El oso tenía cara de no haber entendido nada de lo que el segundo había dicho.

—¿Entonces...?—

—Yo también te quiero, Osito—dijo el pelinegro antes de lanzarse a darle un beso.

Y así empezó nuestra historia, qué, aunque ahora no esté pasando por sus mejores momentos, siempre será un bonito recuerdo en el que pensar cuando las cosas van mal.

El Beso (Aroxby)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora