Melody:
Dolor.
Eso es lo que sentía, una opresión en el pecho que no me dejaba respirar. Me faltaba aire debido al ataque que estaba sintiendo. Quería gritar, necesitaba ayuda, pero nadie estaba pera mi rescate.
Ahora que los necesitaba, ¿Donde estaban? Demonios, los necesitaba y nadie se encontraba presente. Una vez alguien me dijo que un día no iban a estar para mí y tenía que hacer lo que fuera para salvarme, por qué o ellos no llegarían o lo harían demasiado tarde.
Tratando de controlar mi respiración me senté en el sillón que se portaba a un lado mío, estaba en el mismo lugar donde mi madre me había dicho mi castigo, donde aunque tal vez no era su intención culpo a Ryan de mi regaño. Puesto, aunque no quiera creer lo hizo, hizo lo mismo que yo. Culpar a los demás de mis desgracias.
Mis ojos se aguadaron queriendo salir algunas lágrimas de mi, me sentía tan frustrada e inútil a la vez.
En mi mente paso hablarle a mi madre, pero no lo haría. Me acordé de aquellas palabras, las cuales hirieron mis sentimientos y eran los culpables de mi actual estado.
Algo que me reprochaba es que era muy débil, para situaciones asi yo era una persona incapaz de ayudarse asi misma pero si ayudaba a las demás, ¿Por qué tenía que ser tan estúpida?
Me golpee mi frente con las palmas de mis manos, hasta para algo tan simple era tremendamente torpe.
Mi vista se estaba tornando negra, ya sentía desmayarme y es que no había entrado ni una pizca de aire a mis pulmones ya que empezaba a marearme y sentir como en unos minutos podía desmayarme.
—Mamá—dije en un susurro que apenas pude escuchar yo.
“Es momento de que puedas hacerlo sola, y para eso tienes que superar lo ocurrido” recordé sus palabras de un solo golpe, no aún, no estaba lista para hacerlo sola, los necesitaba.
Me acerqué a mi teléfono gateando debido a mi estado, cerrando los ojos cada cinco segundos para enderezar mi vista pude reconocer uno de los nombres de mis amigos. Pulse el botón de “marcar”.
Un pitido, no contesto. Segundo, me mandaba a buzón de voz, tercer intento, nada. Cuarto, quinto, sexto y un par de llamadas más y nada, no había respuesta. El no contestaba, tenía algo importante que hacer, seguro que era eso.
Salí del contacto de Royer y fui directamente al de Sam, primera llamada y tampoco obtuve ninguna respuesta, seguí intentando hasta el quinto esfuerzo, me rendí, no estaban, ellos no estaban.
Me tiré al piso, mamá necesitaba a mi mamá, pero de ella no obtendría ayuda o al menos eso creía. Papá, mi papá, no estaba se fue a trabajar y el no vuelve hasta tarde. Cada minuto que pasaba me sentía peor, ya no aguantaría. No quería morir, no ahora, aún no cumplía ni la mitad de cosas que me había propuesto a cumplir.
¿Falle?
Aún estaba viva, pero no podía sola. Estaba pérdida, nadie estaba aquí a mi lado ¿Por qué? Y lo supe, no es que no quisieran estar aquí o que no quisieran darme su apoyo, era que ellos tenían una vida y aunque me duela admitirlo no siempre estarían a mi lado, no siempre iba a tener las personas que quisiera ellos tenían una vida fuera de la amistad, del cariño y no siempre iban a poder cumplir sus promesas.
Dejé el celular aún lado de mi, no se exactamente dónde solo se que yo estaba tirada en el piso, con mi vista borrosa, con un gran cansancio, con lágrimas en mis mejillas y a punto de desmayarme. De quizás, empezar un nuevo y lindo sueño.
A punto de perder el conocimiento, me acordé de el, de aquel chico de melena negra, más ciego con un topo, un chico de ojos misteriosos y sin duda unos lindos labios rosados y delgados. Me acordé de la primera vez que nos conocimos, estaba demasiado irritante, me acordé del desastre en el supermercado. y como no olvidar cuando me tropecé enfrente de su casa cuando quería entregarle su sudadera.
Pero lo admito, no solo fui por qué creo que era o correcto, por qué sin duda la sudadera no era de mi propiedad, pero aparte de eso fui por qué quería volverlo a ver, aunque fuera la primera vez que nos conocíamos, quería volver a sentir su presencia por qué fue mi mejor compañía en todo el tiempo.
Por qué el no sabía de la realidad, de mi realidad.
Y ahí lo supe, lo necesitaba, necesitaba oir su voz, esa voz tan ronca y tranquilizadora a la vez, aquella estúpida sonrisa arrogante que dejaba hacerme sentir lo que el sentía, si estaba preocupado o alegre.
Sin duda, lo necesitaba. Como pude me levanté sintiendo mi cuerpo temblar, dejando aún lado la voz mental de mi madre que me reprochaba y me repetía sus palabras anteriores salí de casa, sin hacer el mayor ruido posible.
Empeze a andar hacia su hogar, mi cuerpo temblaba como si hiciera frío, como pude empeze a trotar para llegar mas rápido, ya me sentía desvanecer. Un poco más y ya había llegado a su puerta, toque la puerta varias veces y con una gran fuerza desconocida en mi. Esperaba no meterlo en problemas eso definitivamente era lo que menos quería.
Tras tocar unas cuantas veces más y con una fuerza extraordinaria el abrió la puerta con su ceño ligeramente arrugado, su pelo se alboroto un poco más cuando el aire lo azotó de golpe.
No dije nada, solo hice lo que mi instinto pedía, me acerqué a él y lo rodee con mis brazos, el se tenso un poco ante mi acto, no sabía si me reconocía o no, sin embargo no dije nada solo me recargue en su pecho cubriendo totalmente mi cara con el. Sabía que el no podía verme, pero aún así sentía vergüenza de mi estado.
—Yo... no me siento bien Ryan—hable como pude, mi voz se quebró al instante en que pronuncie una palabra.
En el momento en que pronuncie aquello el se relajo y me envolvió en un abrazo, dándome tranquilidad y calor. Con su tacto trate de tranquilizarme, esto ayudaba en mucho, su abrazo era tan cálido que ya había podido recuperar mi respiración, el borroso color negro de mi visión se fue poco a poco.
Me sentía bien, mejor que antes aún me sentía un poco mareada pero en verdad me ayudó mucho, este es el mejor abrazo que he tenido desde el accidente, este sin duda es el mejor de todos.
—¿Estas bien?—preguntó bajo y lento sobre mi oído, hice una pequeña sonrisa al sentir su aliento sobre mi oreja.
Sus palabras lentas y con un volumen bastante bajo me hicieron sentirme más segura, el trataba de que me sintiera cómoda en sus brazos sin que me llegará a hostigar, el quería que me sintiera apoyada sin presiones.
¿Como lo supe? Intuición, la misma por la cual me encontraba aquí, me había encariñado con el, me sentía feliz y una extraña energía se apoderaba de mi cuando estaba a su lado, sin duda mi lugar seguro.
—Ahora lo estoy—respondi en un susurro, en un habla que solo el y yo escucharamos volví a repetir—. Ahora lo estoy.
Nota de la autora:
¡AHH! Gritemos juntxs, OMG, díganme qué no fui la única que sintió esa emoción cuando fue por el, sin duda este será uno más de mis capítulos favoritos de estos dos.
¿Ustedes por qué creen que Melody se ponga así? Me sentí mal por ella cuando tuvo su ataque. Es un tema demasiado delicado como para ella, para mí y como por seguro a algunos de la audencia.
Este capítulo es para ustedes, en especial por el gran día de hoy. Como muchos saben este es uno de los días más importantes para México.
Este capítulo es especialmente para este día ¡VIVA MÉXICO!, por cierto se que este día normalmente es cuando truenan cuhetes, pero por favor aparte de tener cuidado compren los que son un poco bajos.
Como muchos saben, a los perritos les asusta escucharlos y aveces hay casos un poco extremos, aparte de cuidar el medioambiente.
Cada quien tiene derecho a elegir, sin embargo traten de comprar los que sepan que no asistirán a los perritos, hay que cuidarlos.
Para no hacer el cuento largo, les deseo un feliz día y ¡A CELEBRAR! (aunque sea en casita).
Gracias por leerme ❤️.
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Vida A Ciegas [EN PROGRESO].
RomanceEl ve un mundo diferente al nuestro uno donde no existen los colores, uno donde cada estrella es inexistente para el. El es ciego. Ella era solo una niña cuando tuvo un accidente que la dejo marcada de por vida, solo quería una mariposa. Ella es so...
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