Capitulo 6.

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Melody:

Solo respira.

Solté una bocanada de aire liberando un poco la tensión de mi cuerpo y ayudándome con un poco de comentarios positivos.

Decida empezé a caminar hacia la entrada de la casa del chico, tenía la bolsa de la sudadera en una mano. Acercándome forme mi mano en un puño para hacer acto de mi presencia, sin embargo en ese mismo momento la puerta se abrió dejándome ver al chico por el que me encontraba aquí.

—Hola—salude un poco bajo.

—¿Melody? No creí escucharte tan pronto.

—Ni yo—susurre, al ver cómo su ceño se fruncía por la confusión continúe—. Solo he venido a disculparme, ya sabes quiero decir la actitud que tuve está mañana no fue para nada buena, no debi tratarte de ese modo.

—En realidad no me molesto de hecho fue algo divertido.

—¿A no?—el pelinegro negó con la cabeza y plasmando una sonrisa—Bueno igual he venido a traerte un regalo.

—¿Así?—extendí la bolsa depositandola en su mano.

Ingreso la mano a la bolsa y con lentitud empezó a sacar la prenda, juro que en ese momento me puse más nerviosa, no sabía que me iba a decir al respecto y eso asustaba. Una sonrisa se plasmó en sus finos labios, un poco de mi tensión se había esfumado.

—Me encantó, gracias.

—Bueno yo ya tengo que irme.

Me di media vuelta, está vez teniendo la vista en mis pies digamos que para evitar cualquier accidente. Mis pasos eran lentos pero firmes, estaba a mitad de su jardín cuando su voz ronca me detuvo.

—¿Tienes planes para hoy?

Lo pensé por un momento no tenía planes solo ir a casa y sentarme a ver lo que sea que estuviera en la televisión, algo aburrido.

—No, ¿acaso quieres invitarme a salir?—bromee, el movió la cabeza divertido aún así me siguió el juego.

—Si invitarte a salir es que me acompañes al súper entonces si—solté una risa cuando termino de decirlo.

Vi como su mano se levantaba en dirección a mi, su palma se extendió seguro esperando una señal de aceptación. Su acción fue como cuando vaz a un baile y te invitan a una pieza.

En ese mismo momento una imagen vino a mi cabeza, el se parecía a uno de los príncipes de Disney con su pelo negro en desorden, su piel clara que marcaba demasiado sus mejillas rojas, era un poco más alto que yo sin embargo no se notaba mucho la diferencia de tamaño.

Su mano seguía extendida, estaba desconectada y mi cuerpo no funcionaba al cien, vi como su sonrisa desaparecía y empezaba a bajar su mano.

Corrí hacia el y le tome la mano algo que llegó inesperado para el, su sonrisa se volvió a formar provocando que copiara su acción.

—Vamonos.

—Un momento—tomo la bolsa donde volvió a meter la sudadera y se adentro a su casa un par de segundos después ya se encontraba saliendo de está y sin la bolsa.

Esta vez no nos fuimos enganchados si no con las manos cruzadas y tomadas, me pareció lindo el acto.

Caminamos un rato hasta llegar a la salida de la colonia, un hombre alto y curpulento se nos acercó.

Vida A Ciegas [EN PROGRESO].Donde viven las historias. Descúbrelo ahora