Capitulo 4

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Melody:

Mi boca se abría y cerraba conforme a lo que decía o más bien a lo que cantaba.

Daba brincos cada tres segundos mientras hacia uno de mis bailes más ridículos de la historia.

La canción era tan motivadora.

Y cuando algo me motivava lo hacía con más ganas. Mi madre me había regañado por el regadero que tenía en mi habitación y no era para más, si que era un desastre.

Podía pasar mi mano por uno de mis muebles y seguro estaría llena de polvo.

Tuve que aguantar un discurso de media hora sobre la limpieza y valla que si me había aburrido. Lo único que pude decir para que saliera fue «recogeré».

Y ahora, aquí estába yo recogiendo mientras brincaba y gritaba al ritmo de la canción. Siempre eh dicho "mientras más ritmo tenga la canción más será tu gusto en recoger" y mira que si tenía la razón.

—¡Melody!—di un brinco al escuchar un gritó.

Madre mía, casi se me sale el corazón del susto. Voltee a ver la causante de mi—casi—muerte.

—¿Qué pasa?, ¿Por qué gritas?—mire a mi mamá quien estaba recargada en el umbral con una mano en su cintura.

Eso significa peligro, corre.

—No, por qué gritas tu—su mirada era fulminante y que no se hable de su voz.

—Yo no estaba gritando, me has dicho que recoja mi cuarto ¿Recuerdas?

—Claro que si, se lo que dije—replicó—pero no recuerdo decir que gritaras como loca. Parecías un perro ahuyando.

—¿Cómo que ahuyando?—hice énfasis en lo último—. Estaba cantando, y no ahuyaba decía "uhh".

—Ya me lo explico.

Se adentro un poco a mi habitación para echarle un vistazo. Mi madre esbozo una sonrisa al ver todo en orden.

—Hice un gran trabajo ¿No crees?—pregunté con una gran sonrisa en mi rostro.

—Porsupuesto, pero quiero que le eches agua a....—se callo cuando sus ojos dieron con algo—¿La regresaras?

—¿Qué cosa?

—La sudadera—se acercó a la prenda y la cargo en sus manos.

—Oh, la verdad no me acordaba que aún la tenía—hice una mueca—¿Crees que sea necesario?

—Es suya—respondió—. Aunque es tu decisión, es una oportunidad para volverlo a ver.

—No empieces—reclamé, lo pensé por un momento—, creo que la guardaré.

No sabía si eso era lo que quería pero fue la cosa más sensata que pude pensar.

O eso creo.

—Piénsalo—fue lo último que dijo antes de salir del cuarto.

Mire la prenda duditativa. ¿En verdad era buena idea regresarla? Al final de cuentas es solo una sudadera, no creo que la necesite ¿o si?

Suspire frustrada, cerré los ojos en un intento de pensar.

Rápidamente me encamine a mi clóset donde se encontraban mis tenis, me los coloque torpemente.
Tomé una sudadera de los ganchos, está era negra y me llegaba hasta los muslos. Me la coloque con total libertad.

Hice una coleta desordenada con mi cabello. Agarre la sudadera con fuerza y salí de mi cuarto cerrando la puerta tras mío.

Baje las escaleras, con mis pensamientos hechos un lío. No vi rastro de nadie en la sala. Mi padre trabajaba casi diario y no se le veía mucho por aquí si no hasta las tardes; y mi madre, bueno ella cuando terminaba de hacer sus cosas, se iba al despacho de papá y leía cualquier libro que viera a primera vista.

Vida A Ciegas [EN PROGRESO].Donde viven las historias. Descúbrelo ahora