10. cena desastrosa

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Al día siguiente Riley nos pidió que nos juntaríamos en la entrada de la cafetería.

—¿Qué pasa? —pregunté cuando llegué junto a Banksie.

—Vamos a felicitar a tus amigos y a invitarlos a algo, solo cállate y escucha...por favor —Empezó a caminar hasta la mesa de mis amigos.

Cuando llegó, apoyó las manos en las sillas de Charlie y Dwayne.

—Felicidades por el juego contra Blake —dijo con una sonrisa, extraña.

--Si, claro. Empatamos —dijo Charlie poniendo los ojos blancos y moviendo la cabeza en forma de negación, me acerqué y le froté el hombro derecho.

—Chicos, un punto es un punto. Ahora todos somos Guerreros. Probaron que tienen agallas. ¿Listos para la cena del viernes? —dijo Riley.

¿De que cena estaba hablando? Adam se veía igual de confundido que yo, movia su muñeca con ansiedad, yo mi tobillo.
(Referencia a algo que pasó en el anterior libro)

—¿Cena? —cuestionó Russ.

—Es una tradición. Los del equipo titular llevan a cenar a los del equipo juvenil —Algunos como Julie, Guy, Goldberg, Connie y entre los demás asintieron con la cabeza pareciendo una buena idea—. Reúnanse todos y nos vemos a las seis en el Club-Minnesota en el centro. Si necesitan transportación, podemos llevarlos. ¿Les gustan la carne y los mariscos?

—Si, claro —afirmó Charlie con el ceño un poco fruncido pero convencido.

Riley se alejó con una sonrisa y Cole se acercó;
—No me caen bien, babosos. Pero es una tradición. En Eden Hall, aprendí a respetar la tradición —sSe alejó dejándome a mi con Adam, nos dio un gesto con la cabeza para irnos, pero la verdad me iba a quedar ahí.

—Esta bien —dijo Adam.

—Muy bien viniendo de parte de ellos —dije.

—Esta bien —dijo simplemente Russ.

—Pues, entonces, vamos —dijeron todos en un murmullo.

El lugar quedó en silencio solo por unos segundos, se escuchaba que jugaban con la comida para que no haya silencio absoluto. Adam se fue y yo me quedé. Julie y Connie se me acercaron y me abrazaron. Les devolví el abrazo y les sonreí.

—Nunca me van a dejar de hablar de nuevo —dije de broma, ellas asintieron y se volvieron a sentar.

Me quedé ahí unos minutos más ya que todavía no terminaban de comer y no tenía nada que hacer aparte de ir a la cena. Hable mucho más con todos y la conexión iba mejor que antes.

—Los chicos no te hacen daño, ¿cierto? -preguntó Charlie sobreprotector.

Negué con la cabeza.
—No, porque si me dicen algo les pateare dónde más les duele.

𝙴𝙳𝙴𝙽 𝙷𝙰𝙻𝙻|𝐶𝐻𝐴𝑅𝐿𝐼𝐸 𝐶𝑂𝑁𝑊𝐴𝑌Donde viven las historias. Descúbrelo ahora