Disculpa

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Primero que nada, quisiera disculparme por todos estos meses en que han estado esperando una actualización que nunca llegó. Que sepan que tuve un tiempo realmente duro mentalmente y del que aún no salgo como me gustaría debido a los meses que ha durado. Estoy en este momento tratando de descansar mentalmente y enfocarme en mí para poder hacer las cosas que me gustan, y entre ellas está el escribir, no creo que me alcancen las palabras para agradecerles el apoyo y cariño que le tienen a Valentina y a Frederick y quiero que sepan que aunque no conteste todos sus comentarios, mensajes y publicaciones en mi perfil, siempre los leo. Incluso pudiera decirse que la razón por la que de nuevo esté por aquí (después de haber desinstalado Wattpad y estado a punto de eliminar Valentina, Francés y Lo$t y, con ello, mi perfil) es por todas las notificaciones de correo con sus comentarios. No prometo actualizar cada semana, pero trataré de escribir lo más que pueda en el tiempo que tenga libre de mí. Dicho esto, disfruten el capítulo 16, es corto, lo sé, pero está hecho con todo lo que puedo dar de mi en este momento. 

Deenha xx.

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Capítulo 16.


Valentina se encontraba terminando el postre helado que le había llevado Vermika al jardín lateral. Le gustaba estar rodeada de todas esas plantas conocidas y las que apenas había descubierto. Había comido sola, negándose a comer en el amplio comedor y, asegurándole a Grakov que se sentiría más cómoda comiendo en la cocina, con Vermika hablando animadamente y Grakov traduciendo unas cuantas oraciones para Valentina y viceversa. Ella había inspeccionado al hombre alto que estaba sentado al otro lado del taburete en la barra de la cocina. Era alto y de tez bronceada, diferente a la de Alik, tenía que admitir que era la primera persona rusa que había visto tuviese la piel de ese tono. A Valentina le gustaba su tono de piel, bronceada y, de alguna manera, opaca, como si su piel necesitara de más sol para poder resaltar. Sus ojos grises y su cabello rubio platino hacían que fuese interesante mirarlo. Además de su atractivo, solo un poco arruinado por la nariz torcida a causa de una pelea, Valentina supuso, aunque no se animó a preguntar.

—¿Vas a verme por mucho más tiempo con esos intensos ojos tuyos? —había preguntado sin despegar su mirada de la ventana, viendo hacia el jardín lateral.

Valentina se había sonrojado al verse descubierta. —No era mi intención ponerte incómodo.

—Si no supiera que estás felizmente casada, supondría que estás tratando de coquetearme.

Su sonrojo aumentó aún más. —Claro que soy felizmente casada, solo me estaba preguntando por tu color de piel. —balbuceó. No era que Grakov la pusiese nerviosa, sino que de alguna forma la intimidaba, su mirada grisácea no era precisamente invitadora a acercarte y conversar con él.

—¿No crees que es un poco racista preguntarle a alguien el porqué de su color de piel?

—No lo hago con esa intención, yo no soy lo que se dice blanca—se encogió de hombros. No era tan morena como lo era su papá, pero tampoco era blanca como lo había sido su madre. —Es solo que me extraña y me da curiosidad saber del porqué a pesar de que tu tez es bronceada, pareciera opaca.

Grakov soltó una carcajada seca, aunque ella no pudo distinguir si era sarcástica o despectiva. —Mi madre era hindú y mi padre ruso. —Valentina asintió tomando otro bocado de ternera, comprendiendo en parte. —Adelante, pregunta.

—¿Cómo se ve cuando tomas mucho sol?

—Es una pregunta extraña, ¿no crees? —él arqueó una ceja, mirándola con diversión en los ojos—Y la verdad es que nunca he tenido la oportunidad de saberlo.

—¿Cómo? Dices que tu madre era hindú, debiste haber estado alguna vez en la India —preguntó antes de poder detenerse. —Lo lamento, no tienes qué contestar

La risa que soltó en ese momento ya no era defensiva, como la carcajada anterior, era genuina. —Realmente eres divertida, veo porqué Frederick se casó contigo

Valentina sonrió tímidamente antes de meter la pata de nuevo. No había perdido que Grakov había decidido no contestar, lanzándole ese comentario. Ni que tampoco no haya mencionado el hecho de que Frederick la hubiese comprado. Realmente le agradaba aquel hombre, toda la seriedad que lo había acompañado cuando lo había visto entrar por la puerta de la habitación, había desaparecido al sonreír y relajar su postura.

—Espero que estés pensando en algo agradable—la voz de Frederick la sacó de sus memorias del día. Ella se giró un poco en el asiento de piedra y le sonrió, dejando el postre a su lado para estirar la mano hacia él.

—No fue nada importante—le sonrió ella. Frederick tomó su mano, sentándose junto a ella en el asiento, del lado contrario al postre. Valentina no sabía si Frederick permitiría que ella se sentase sobre su regazo, por lo que decidió ir a la segura: —Yo quería pedirte una disculpa, Frederick. Sé que no debí haberme inmiscuido en tus asuntos con tus amigos, pero realmente estaba preocupada por ti. No quería que sufrieras. —Susurró finalmente.

Él se quedó en silencio unos segundos, mirándola fijamente a los ojos. Valentina podía sentir cómo comenzaban a aguársele los ojos, presagiando lágrimas al verle no decir nada, pero Frederick simplemente la abrazó. Valentina correspondió el abrazo con todas sus fuerzas, tras reponerse de su asombro inicial, no diría nada hasta que su marido no lo hiciera, no iba a arruinar el momento forzándolo a que hablara si no quería hacerlo.

—Agradezco tu ayuda, aunque hasta ayer antes de nuestra discusión no me había puesto a pensar en ello. —la voz de Frederick era suave y Valentina ya no pudo contener las lágrimas, notando nuevamente que por todo lloraba últimamente. —Ha sido difícil para mí, pero también lo ha sido para ti. Tal vez si no me hubiera cerrado tanto a lo que sentía en ese momento, no me hubiera ahogado hasta el punto de no saber cómo enfrentar la situación. Estaba molesto, herido y me sentí tan traicionado por ti que no me di cuenta que solo intentabas ayudarme. He estado dejando que mi orgullo me lleve por un camino donde estaba cerrándome emocionalmente a ti, mi esposa, la mujer que amo y por la que haría de nuevo lo impensable.

Ahora sí Valentina se había sentado en su regazo, tomando su rostro entre sus manos y poniendo intensa atención a cada detalle de su rostro, si mirabas atentamente, podías ver que la arruga del entrecejo de Frederick era ligeramente un poco más marcada, delatando lo muy a menudo que fruncía el ceño por la preocupación. Valentina depositó un suave beso en este, sintiendo como Frederick suspiraba suavemente. —Con todo esto, Frederick, me di cuenta que no puedo dejar que te culpes a ti mismo ni que cargues con toda la responsabilidad.

—No fuiste tú a la que imputaron—susurró él, entrecortadamente.

—Tal vez no, pero, Frederick... —ella le sonrió, viendo sus bonitos ojos azules un poco rojos—Somos un equipo. Si tú estás mal, yo estoy mal. Si hay algo que te preocupa y no te deja continuar, yo estaré estancada en el mismo lugar hasta que encontremos una solución. Ya no tienes que cargar con las consecuencias solo nunca más. —Le dio un suave y corto beso en los labios—Tampoco necesitas cerrarte a mí para asimilar lo que está pasando en nuestra nueva vida. — Él rompió el contacto visual y la abrazó con fuerza. —No mientras yo respire.

Valentina®️Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora