Capítulo 18

2.8K 228 15
                                        

—No voy a preguntar, porque me doy una idea, pero deberían al menos haber avisado que tardarían.

Cole, de nuevo había sido el encargado de llevarlos a casa. Frederick no había dicho nada más, sino que la había hecho sentir tan bien. Tan segura entre sus brazos y después cuando habían tomado una ducha rápida en el pequeño espacio del jet, la había tratado con tanta delicadeza que a ella le entraron de nuevo las ganas de llorar. Él le había ayudado a vestirse. Un suave conjunto de pants color blanco para que ella estuviese más cómoda y como ella no había querido ser la única en llevar semejante atuendo, él la había complacido con portar uno similar en color negro.

—No tenía idea de que iba a tardar.

Por la sonrisa de su marido, Valentina pudo deducir que no se arrepentía ni se sentía avergonzado frente a su hermano pequeño.

—Demonios, Frederick, es un jet, ¡por el amor de Dios!

—¿Tenía que ser eso un impedimento?

—Eres un desvergonzado. —Cole negó rendido y Frederick rió entre dientes.

—Seguro que puedo ir en el asiento por mi cuenta—le susurró ella al oído a su marido.

—Por supuesto, pero eso no quiere decir que yo quiera o lo permita. —Le contestó, haciendo su abrazo a ella más firme. Valentina negó y se recostó en el pecho de él. Cerró los ojos y le escuchó dirigirse a su hermano: —Iremos al apartamento de Aline, tenemos algunas cosas que discutir.

—Olvídalo, Aline ha estado fuera del país y acaba de regresar ayer, sabes cómo se pone cuando no la dejan descansar después de un viaje.

—¿A dónde ha ido? —El ceño fruncido de Frederick le hizo darse cuenta de que Aline no había mencionado nada.

—Nadie lo sabe, esa mujer puede sonsacarte lo que sea, pero dejar que le sonsaquen algo, ¡imposible!

—Aún así, llévanos, estoy seguro que le alegrará vernos para lo que vamos a decir.

—No digas que no te lo advertí, hermano mayor.

—¿Cómo está Anala? —preguntó Valentina después de unos momentos en silencio. Recordaba la última vez que había convivido con la novia de su cuñado. Fue en una de esas veces que la madre de Frederick había organizado una comida y Anala no parecía muy entusiasta a estar ahí, al punto de vista de Valentina, se había mostrado apática con todo el mundo, y mucho más con Cole. Ciertamente, ella no opinaría nada, esos eran asuntos de su cuñado, pero aquella chica no le había caído en muy buena estima.

—No tengo idea. Ha decidido que no quiere verme esta semana y no contesta ninguna de mis llamadas ni mensajes.

—¿Sigue molesta?

—Siempre, Frederick. A veces me pregunto cómo es que sigo ahí, si no fuera por esos ojos tan bellos que tiene... —su cuñado dio un largo suspiro.

—Tal vez debes de hablar con ella—animó Valentina—recordar ambos las razones por las que se enamoraron del otro.

—No fue una historia romántica, Valentina, me encapriché de ella porque me enamoré nada más verla, pero fue hasta después de mucho rogarle el que ella aceptó salir conmigo. Es hermosa, como ya sabes, pero no sé, a veces siento que no congeniamos en nada, pareciera como si todo lo que hago le molesta.

—¿Sigues sintiéndote como el primer día?

—La verdad es que no lo sé, siempre que tiene esta actitud, me digo que será la última vez, que no soportaré más ese trato y que realmente no hay nada que nos una en común, pero es volver a verla y siento como caigo de nuevo a sus pies. Creo que ha lanzado un hechizo sobre mí. ¿No sabrás tú algo de eso? —le preguntó mirándola por el retrovisor, bromeando. —Dicen que las latinas son muy buenas con la brujería.

Valentina®️Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora